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Nº 794
30/6/2008

Ojo con Aznar, Sr. Rajoy

Escribió Justino Sinova en El Mundo, tras la victoria del PP en marzo de 1996, un bosquejo sobre Aznar muy positivo para el entonces líder de la derecha y presidente del Gobierno. Se titulaba así: "El difícil triunfo de un hombre corriente". No debe extrañar en absoluto semejante descripción. En aquella época, Pedro Arriola –que no es, por cierto, un invento de Mariano Rajoy, como algunos divulgan malignamente ahora– y otros gurús de la factoría de Génova 13 convinieron en proyectar a Aznar como un hombre de la calle, un ciudadano más, un hombre corriente, casi anónimo.

Sinova subrayaba que "el líder popular va de hombre corriente, es un hombre de la calle que todo se lo debe al esfuerzo. Es un hombre normal, clase media, que viste trajes de confección, calza zapatos de grandes almacenes, se hace acompañar por su esposa y tiene gustos comunes. Ni siquiera cuando fue presidente de Castilla y León le dio por la ostentación. Pasaba las vacaciones de verano en una casa alquilada de Quintanilla de Onésimo, un pueblo a pocos kilómetros de Valladolid". "Su pinta de hombre corriente esconde un político nada vulgar", sentenciaba Sinova.

Aquella pinta, a lo James Stewart –paradigma del hombre corriente en el imaginario colectivo de los aficionados al cine americano de la segunda mitad del siglo XX–, lo que sí escondía en Aznar es su posterior y frenética conversión a la opulencia y a la ostentación. En doce años ha pasado de Quintanilla de Onésimo al mundo de los yates, los magnates, los aviones privados, las bodas de Estado, las bodas romanas de tres días de vino y de rosas y las amistades peligrosas.

Digamos que este recurso de loar al de-nominado –de forma genérica– "hombre corriente" es un mensaje más o menos subliminal en clave derechista. Poco después de finalizada la II Guerra Mundial, el primer movimiento político/sociológico de carácter neofascista en Italia lo inspiró y auspició el escritor Giannini bajo la denominación de L'uomo qualunque; o sea, un hombre cualquiera, el hombre normal, el ciudadano de a pie. Precisemos además, en este orden de cosas, que el citado actor James Stewart fue un derechista persistente, que apoyó a McCarthy y respaldó a Nixon y a Reagan.

¿Puede hablarse de Aznar como una persona ajena ya a la política? Rajoy –que desde el Congreso de Valencia levita, después del susto de tres meses siendo la presa de los cazadores habituales– ironiza diciendo que "Aznar rima con no estar". No es verdad. Acabado el Congreso, Aznar convocó a reunión en la FAES a Rajoy y otros dirigentes, críticos o no, vinculados todos ellos a la Fundación aludida. Desde la FAES sigue oteando el horizonte. Sigue ejerciendo de vigía del PP.

Su prioridad son en la actualidad los suculentos negocios que su yerno le facilita, además de sus espléndidos empleos a escala mundial, con Rupert Murdoch de mascarón de proa. Gana dinero por un tubo y ha saltado de la clase media a la alta burguesía internacional. Para millones de seres humanos la guerra de Iraq fue una catástrofe y una fechoría sin paliativos. Sin embargo, para Aznar aquel miserable episodio lo ascendió a la élite que, en buena parte, controla el mundo. ¡Ojalá venza Obama! Pero la dinastía Bush continuará avalando a quienes continúan siendo sus amigos. Entre los cuales, Aznar. Yo no daría por clausurado su ciclo político. De aquí a 2012 han de pasar aún muchas cosas. Ojo con Aznar, Sr. Rajoy.•

 
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