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Nº 794 - 30 de junio de 2008

Semana agitada en Estrasburgo y Bruselas

La semana pasada fue trepidante para la política europea. Empezó con la sesión plenaria del Parlamento Europeo en Estrasburgo, aprobando el acuerdo del Consejo sobre la directiva de retorno de los inmigrantes ilegales, rechazando un acuerdo análogo sobre la gestión independiente de las redes de electricidad y de gas y debatiendo sobre cómo hacer frente al aumento del precio del petróleo.

Siguió con la ratificación del Tratado de Lisboa en el Reino Unido con el voto de la Cámara de los Lores, un verdadero acontecimiento histórico. Y ha acabado con el Consejo Europeo de Bruselas con dos grandes temas en su agenda: el "No" irlandés y el precio del petróleo. En ambos aspectos el Consejo ha manifestado una doble impotencia, decidiendo remitir ambas cuestiones a su próxima reunión de octubre.

Era evidente que no podía haber una respuesta inmediata al "No" irlandés y que el objetivo era ganar tiempo para mantener vivo el proceso de ratificación mientras el propio gobierno irlandés proponía soluciones.

Pero el problema ya no es sólo Irlanda, sino la Republica Checa que ha conseguido que se incluyan en las resoluciones del Consejo una referencia a la necesidad de conocer la opinión de su Tribunal Constitucional antes de proceder a la ratificación. Y el Reino Unido que ha tenido que demorar su entrega en Bruselas hasta que un juez decida sobre la demanda de ratificarlo por referéndum, tal como el partido laborista había prometido en su programa electoral.

Suponiendo que estos problemasse resuelvan y que ningún otro país se sume al rechazo irlandés, la mayoría espera que sea posible un nuevo referéndum en Irlanda, pero no soy especialmente optimista.

Estos días hemos asistido a un interesante debate sobre lo que significa la unanimidad y el respeto democrático al resultado del voto irlandés. Todos los que se lamentan de que un par de centenares de miles de votos de diferencia en un pequeños país de 4 millones de habitantes pueda detener un proceso que afecta a 450 millones de europeos, olvidan que eso y no otra cosa es lo que significa la regla de la unanimidad entre 27 países cualquiera que sea su talla. Esas son las reglas del juego que se aceptaron, aunque a la vista de lo que ocurre es evidente que hay que cambiarlas abandonando la exigencia de unanimidad.

¿El respeto a la decisión democrática de los irlandeses impide considerar la posibilidad de un nuevo referéndum? No, dependerá de lo que los propios irlandeses decidan. Pueden cambiar su opinión ante nuevas propuestas pero éstas no deberían incluir mejoras que premien los rechazos, como por ejemplo un Comisario permanente para Irlanda, si no queremos incentivar los votos negativos en primera vuelta.

Lo que está ocurriendo demuestra la falta de una verdadera voluntad política para superar los egoísmos nacionales y abordar colectivamente la solución de problemas comunes.

Las cosas ya no son lo que eran cuando el motor francoalemán lanzó un proceso de unión que se quería "cada vez más estrecho" como decía el Tratado de Roma. La reunificación alemana, la ampliación y laglobalización han cambiado las coordenadas geopolíticas y también las actitudes de los ciudadanos, tentados por un repliegue nacional ante un mundo cuya comprensión se les escapa y ante fenómenos que producen temor. Y la inmigración, absolutamente necesaria para cubrir el bache demográfico europeo, es el primero de ellos.

Europa necesita más democracia y más, mucha más, pedagogía. No sólo la democracia refrendaría ejercida de vez en cuando sobre documentos incomprensibles que se prestan a todas las demagogias y populismos, pero también a las imposiciones tecnocráticas como las del funesto Comisario irlandés Mc Creevy que reconocía no haber leído el Tratado de Lisboa y aconsejaba no intentar hacerlo.

El Parlamento Europeo (PE) puede hacer una contribución muy importante a esa doble necesidad, si le dejan ejercer sus funciones. Por eso lamento que un acuerdo político del Consejo, apoyado por una mayoría parlamentaria construida fundamentalmente desde el centro derecha haya impedido una segunda lectura de la "directiva retorno" como estaba previsto en las nuevas competencias del PE.

Ello hubiera permitido mejorarla, en aspectos en mi opinión muy sustantivos, y explicarla mejor. Tendremos que seguir hablando de ella, así como de la directiva sobre las redes eléctricas y de gas. Ésta ha tenido más suerte y, al rechazar el PE el acuerdo político del Consejo, habrá una segunda lectura de un texto de gran importancia sobre la arquitectura energética de Europa. •

José Borrell
*Presidente de la Comisión de Desarrollo del Parlamento Europeo

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