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Zapatero puede hacer algo frente a la crisis: no introducir ‘peoras’ España, como los demás países de la zona euro, dispone de
limitados instrumentos autóctonos para enfrentarse a la crisis pero los tiene.
El Gobierno no puede valerse de políticas monetarias respecto a la cantidad de
dinero en circulación y al precio del mismo ni devaluar o revalorizar la
moneda, que son cosas del Banco Central Europeo que dirige, controvertidamente,
Jean-Claude Trichet. Son inconvenientes sobradamente compensados por la
bendición del euro, que nos permite financiar sin problemas el déficit
comercial, gran pesadilla secular. Sin embargo, los gobiernos pueden valerse de
la política presupuestaria y fiscal, estimular los sectores más dinámicos,
parchear los problemáticos, frenar excesos como los que se han producido en el
ladrillo y proteger a los más débiles.
La política más eficaz es no hacer demasiadas tonterías, para lo que siempre hay un amplio margen. Me refiero al regalo indiscriminado de los 400 euros, a la supresión para todos del Impuesto sobre el Patrimonio repartiendo antisocialmente el dinero que debería aplicarse a quienes más lo necesitan, así como fabricar organismos y altos cargos innecesarios. Son errores que ya no tienen arreglo, aunque siempre pueden introducirse peoras como la congelación de los sueldos de los altos gestores anunciada el pasado lunes. Más que empaquetar medidas que el propio Solbes reconoce de efecto meramente psicológico, el presidente debería aplicarse a conseguir la confianza pública. La calidad de la gestión y la credibilidad son más valiosas que la fecundidad legislativa. Y eso no ha sido así, sino todo lo contrario. Los españoles han suspendido a Zapatero, como detectan las últimas encuestas y lo han suspendido en economía. Los cien días transcurridos desde que ganara las elecciones son un buen periodo para examinar al Gobierno y eso es lo que han hecho los ciudadanos. Cuando le preguntaron en Radio Nacional, la primera reacción de Zapatero fue negacionista, como ha sido su posición ante la crisis. El presidente negaba la mayor, o sea, que hubieran transcurrido cien días. Ciertamente el gabinete no los ha cumplido pero ello pierde significado puesto que continuan en sus puestos el presidente y los vicepresidentes, uno de ellos responsable económico. Gente de Moncloa me dice que son injustas las críticas de inmovilismo. El propio Zapatero parece algo sorprendido: al parecer, cuando recibió a los sindicatos y patronales en Moncloa para iniciar el diálogo social les dijo: “¿Creéis de verdad que podía haber hecho algo más?”, pregunta que se pretendía retórica pero que provocó un “sí, presidente” en dos de los convocados y un silencio expresivo en los restantes. De hecho, hubo un notable retraso en la convocatoria. Cándido Méndez, secretario general de UGT, amigo del presidente y entusiasta de su política económica, estaba nervioso porque le resultaba difícil aplacar a su gente, y José María Fidalgo, secretario general de Comisiones Obreras, cuyo entusiasmo por Zapatero es perfectamente descriptible, no ocultaba su reticencia. Tuvieron que combinarse los esfuerzos de Méndez y del ministro de Trabajo, Celestino Corbacho, para que el presidente convocara de una vez la reunión que en estos tiempos de crisis debió ser prioritaria. En la aludida entrevista en Radio Nacional el presidente justificó el déficit de explicaciones a la opinión por el trabajo discreto en que estaba empeñado para preparar la mesa social. No encontraba tiempo en su agenda. Finalmente se presentó con un papel al que “le faltaba un hervor”, según me comentó un dirigente sindical. Las encuestas pueden ser injustas, pero es lo mejor que se ha inventado para calibrar los estados de opinión y de ánimo. Zapatero, que toma sus decisiones en razón de la venta de las mismas, un político cuya ideología es demoscópica, debería tener muy en cuenta el bajón de popularidad que está sufriendo. El año pasado, a pesar de los pesares, España siguió pisando fuerte y el PIB alcanzó el 107% de la media de la Unión Europea ampliando la distancia con Italia, que se quedó en el 101%. Este 2008 está siendo duro –Zapatero ha pronosticado un crecimiento por debajo del 2% casi la mitad del obtenido el año pasado– y los expertos auguran que 2009 será peor con previsiones que van desde el 1,5 al “crecimiento negativo”. Lo de menos es la crisis inmobiliaria, a pesar del descenso en un 60 por ciento de las viviendas iniciadas; lo peor es la falta de liquidez que afecta al sistema financiero, que es como la circulación de la sangre para el cuerpo humano. Sin embargo, coincido con el presidente en que esta crisis nos encuentra en mejores condiciones que las anteriores aunque aún no sabemos si va a ser más severa que aquéllas. Confiemos en el tesón de los españoles. El próximo miércoles comparece Zapatero en el Parlamento arrastrado por todos los partidos que el suyo no ha podido frenar. Será una ocasión para recuperar la confianza como lo será para el líder refundado de la oposición de ofrecer alternativas no demagógicas. José García Abad |
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