Nº 793 -23 de junio de 2008
 
Hemeroteca Esta semana Lista Curioso

De una ubicación tranquila y pacífica para el PP

 

Hay tantas ganas de que España tenga una derecha como Dios manda, naturalmente con permiso de monseñor Rouco Varela, quien manda más que el Altísimo, que se multiplican estos días las rogativas suplicando que Mariano Rajoy se consolide como número 1 del Partido Popular y pierdan su desafío los duros, los de la bronca y tente tieso, en su mayoría nostálgicos de Aznar y partidarios de Esperanza Aguirre. ¿Nostálgicos de Aznar? Según Gregorio Peces-Barba, uno de los padres de la Constitución, más bien son nostálgicos directamente del franquismo. El ex presidente del Congreso de los Diputados y antiguo Alto Comisionado para las Víctimas del Terrorismo lanzó el otro día severas acusaciones contra los sectores del PP denominados críticos con Rajoy. Los que ahora “no entienden” o atacan el proyecto de Rajoy, vino a decir Peces-Barba, forman un “grupo minoritario que no apoyó la Constitución y alentó la trama civil del golpe del 23-F”. Un buen regalo para Rajoy, ¿no?

Antonio Papell es un veterano y acreditado periodista ubicado en el centrismo con algunos acentos progresistas, autor de un libro esclarecedor, recientemente publicado, que narra la crispación durante la primera legislatura de José Luís Rodríguez Zapatero. Papell acude a la tertulia matinal de Telecinco y colabora habitualmente en El Periódico de Catalunya. El martes 17 de junio de 2008, escribió Papell en el diario que pronto dejará de ser del Grupo Zeta un artículo concienzudo, claramente favorable también a las tesis reformistas de Rajoy o que se le atribuyen a Rajoy. Dice cosas interesantes que reflejan un estado de opinión muy generalizado: “Por decirlo con más claridad, todo indica que la opinión pública, esa opinión difusa e interpartidaria que asoma por los intersticios del sistema mediático, espera que el PP encuentre una ubicación pacífica y tranquila, en la que, manteniendo enhiestos todos los  principios, haga gala de transigencia y flexibilidad, de forma que el debate político recupere un tono constructivo y moderado en el que quepa la ironía en lugar del dicterio y el fair play en vez del hostigamiento agrio y destructor. Si Rajoy consigue impulsar esta mudanza, no sólo se habrá afirmado personalmente, sino que habrá impreso al PP el marchamo de una modernidad que deje atrás los legajos polvorientos de algunos anacronismos ya insostenibles”.

Las buenas intenciones de Papell tendrán que confrontarse con la realidad. Habrá que ver cómo termina esta historia. Habrá que ver si es posible en este país una derecha templada. Lo fue la UCD y acabó como acabó, no lo olvidemos. Pero parece cierto que Rajoy lo está intentando: “El acierto de Rajoy, si es que se confirman realmente las tendencias que el líder popular ha sugerido hasta ahora, consiste en aceptar las recomendaciones de moderación que están explícitas en el discurso de Ruiz-Gallardón y que siempre han caracterizado al alcalde de Madrid, lo que le ha reportado un apoyo popular incontestable, no sólo entre sus propios correligionarios y votantes”.

Rajoy se está encontrando, a medida de que los medios que lo tutelaban, entre ovaciones y algunos pescozones, lo machacan mientras defienden a sus críticos, con muchos aliados mediáticos hasta ahora impensables. Papell se hace eco del alud de reproches dirigidos al líder del PP y a su nuevo equipo por organizar un Congreso “poco o nada democrático”. Sostiene el periodista que “esta arremetida mediática contra Rajoy resulta sencillamente pintoresca si se piensa que estos medios y estos periodistas que ahora reclaman a Rajoy raudales de democracia interna y un Congreso abierto en el que compitan varios candidatos son los mismos que aplaudieron clamorosamente a José María Aznar cuando, ungido por el hálito de la sabiduría suprema y después de un largo conciliábulo consigo mismo, señaló con el dedo a Rajoy para que fuese su epígono, ostentase la presidencia del partido y concurriese como candidato popular a las elecciones del 14-M, que dieron la victoria a José Luis Rodríguez Zapatero. Aquello sí debió de ser un intenso ejercicio de democracia interna, puesto que nadie, entre los ahora críticos, reprochó a Aznar el recurso al dedazo para promover la circulación de élites en el partido y descartar pretendientes tan caracterizados como Rato o Jaime Mayor Oreja, entre otros”.

Apunta Papell que hay “irritación” entre “unos actores mediáticos que están perdiendo a ojos vista el ascendiente que tuvieron sobre el PP (…) cuyo influjo perturbador fue una de las causas de que el partido siga en la oposición” ¿Se resignarán esos medios del “influjo perturbador” a pasar a un segundo o tercer plano y abandonar su papel de guías permanentes de la derecha española? Éste es uno de los enigmas de futuro más fascinantes. En todo caso, la condena en primera instancia de Federico Jiménez Losantos ha sido otro balón de oxígeno para Rajoy. Le ha llegado en el momento más oportuno. A él y, por supuesto, a Ruiz-Gallardón, que fue el que instó la acción de la justicia contra la verborrea insultante del locutor de la Iglesia católica.

Luis G. del Cañuelo

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