Hemeroteca Lista Los dos lados de la trinchera
Nº792
16/6/2008

 

El congreso 'pepero'

Esta semana será, por fin, el congreso del PP. Será, sin duda, un congreso distinto a cualquiera de los anteriores. Igual en cuanto a apoteosis; distinto porque ya nada volverá a ser lo mismo. Cuando se convocó el congreso, hace dos meses, todo parecía apacible y tranquilo. La ponencia sobre los estatutos, irrelevante. Más de lo mismo. Estando así y en calma chicha las cosas, de repente, inesperadamente, con sorpresa, se destapa la caja de los truenos. Sólo porque Aguirre dijo que había que debatir ideas. Es decir, que acertó la adivinanza "de qué color es el caballo blanco de Santiago", o sea, que se limitó a decir lo obvio. Lo que representa que, por increíble que parezca, había o hay quien piensa que el congreso del Partido Popular era o es para aplaudir. Participando del sistema electoral de la monarquía visigótica.

A partir de entonces, las voces discrepantes no han cesado, se han organizado, se plantean alternativas. E, importante, siempre en el más correcto y educado de los tonos. Hasta el momento presente sólo una ocasión sucedió un planteamiento discrepante. Fue allá por el ¿85?, en que se disputó la presidencia entre Herrero y Hernández (a quienes, por cierto, no conocía casi nadie de los que les votaban). ¿Qué ha pasado entonces para que las aguas bajen turbulentas? ¿Es que acaso Aznar tenía carisma? La respuesta es muy sencilla. Antes no existían personas con experiencia de Gobierno ni de ganar elecciones; antes estaba enfrente Gonzá- lez, no se había ganado nunca. Todo ha cambiado. Hay muchos dirigentes políticos, avezados, conocidos, que han mandado, que mandan, capacitados. Enfrente ya no está ese fenómeno de la naturaleza, irrepetible. O sea, que se puede volver a ganar. Y, fundamental, acaban de perder unas elecciones, con un dato básico: sin las comunidades autónomas de Cataluña y Andalucía es imposible ganar. Sin acuerdos con los nacionalistas es imposible gobernar.

El debate en torno a la figura que encabece el cartel es absolutamente lógico. Y también es absolutamente lógico que nadie se preste a contender. Lo primero porque no se puede creer—y en política la confianza es esencial— que quien propició la crispación sea adalid del entendimiento. La situación actual no es parangonable ni con la figura de los toreros pidiendo nuevas oportunidades, porque las organizaciones políticas no son de nadie, ni con los casos pretéritos del PSOE y el PP, cuyos candidatos lograron la victoria a la tercera. En aquellos tiempos lo que pasaba es que no había otros posibles candidatos. Lo segundo, que no se presente nadie extraoficial, no es un problema de avales, sino de influencia territorial en la participación de los compromisarios o delegados, que proceden de unas estructuras locales fuertemente jerarquizadas. Lo que es lo mismo, el problema no es presentarse, que ya es complicado, sino ganar, que es imposible.

Lo realmente relevante en este congreso, no es este congreso, sino el siguiente. Algo que parecía insulso se va a convertir en el núcleo de la discusión. ¿Cómo se va a elegir al candidato? Parece, no ya claro sino evidente, que las reglas hay que cambiarlas. Pero de ahí a que cada afiliado tenga un voto igual hay un trecho, y largo. La implantación del PP en España es muy diversa, como lo es su peso electoral en cada sitio. Ignorarlo sería como renunciar de antemano al éxito. El punto de partida es ridículo. El peso de la participación de cada Comunidad Autónoma no se tiene en pie.

Pero claro, una cosa es lo que en un discurso elemental aparece, y otra bien distinta lo que acaba saliendo. Y en función de cómo acabe el panorama comenzará el día siguiente, con todos los candidatables a la disputa del voto del señor Cayo. Pero pueden suceder otras cosas. Imaginemos escenarios. Mariano Rajoy obtiene la situación más desfavorable, menos votos que avales. La peor para el partido, no cambia nada. Prefiero no pensarlo siquiera.

Queda el final. ¿Existe riesgo de que el Partido Popular se resquebraje? Sinceramente, creo que no. Hoy y debido al sistema electoral vigente es poco menos que imposible la fragmentación de un partido nacional.

En fin, veremos qué pasa. De lo que estoy absolutamente convencido es que todos cuantos hacemos y leemos esta revista, todos, deseamos, y de buena fe, que el resultado sea el mejor, y no precisamente para los intereses del que lo desea, sino para el Partido Popular. •

Fernando F. Trocóniz

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