Hemeroteca Esta semana
 
Nº 792 -16/6/2008

Roma quiere relajar la tensión con el Gobierno


EL VATICANO PRESIONA A ROUCO CONTRA LA COPE



La Comisión Permanente de la Conferencia Episcopal debate esta semana sobre la orientación ideológica de su emisora emblemática, la COPE. Y no será un debate tranquilo. En el fondo subyacen las profundas discrepancias en torno a la figura de Federico Jiménez Losantos, y la clara deriva de la cadena radiofónica hacia posiciones de extrema derecha. A esto hay que sumar la reciente aproximación entre el Ejecutivo de José Luis Rodríguez Zapatero y la Santa Sede, que podría fructificar en algún tipo de acuerdo en torno a la asignatura de Educación para la Ciudadanía, con el prelado Cañizares como intermediario.

Por P. A. N.

La COPE es la cadena de radio eclesial en la que se insulta al embajador del Vaticano en España, se azuzan hasta el infinito los prejuicios anticatalanes, se denigra al líder de la oposición y se jalean manifestaciones de extrema derecha ante la sede central del Partido Popular". No son opiniones de los dirigentes de alguna organización en defensa del Estado laico, sino parte de las declaraciones efectuadas recientemente por el cardenal y arzobispo de Barcelona, Lluís Martínez Sistach, al diario La Vanguardia.

El prelado proseguía: "(La COPE) es un problema que viene de lejos y que ahora vuelve a manifestarse con intensidad –tras conocerse la renovación, por un año, de los contratos de Federico Jiménez Losantos y de CésarVidal–. Es misión del Comité Ejecutivo de la Conferencia Episcopal velar por la adecuación de la COPE al ideario aprobado en asamblea plenaria el año 1994, respetando el derecho de las personas de buena fama, respetando los valores constitucionales, respetando las instituciones, entre ellas, las autonómicas, y manteniendo la independencia política. (...) La libertad de expresión comporta el respeto de los derechos de las personas e instituciones". El cardenal acababaexpresándose con total rotundidad: "Digo no a la renovación de Jiménez Losantos".

El disgusto de la jerarquía eclesiástica catalana con los contenidos y la línea ideológica que se han impuesto en la emisora de la Conferencia Episcopal desde la llegada de los Vidal, Schlichting y Losantos es público y notorio desde hace mucho tiempo. Ya a finales del pasado mes de marzo, el influyente abad del Monasterio de Montserrat, Josep María Soler, había mantenido discretos contactos con el Vaticano para impulsar un cambio en la orientación y en los contenidos de la emisora que, a su criterio, "presentan imágenes de responsables de la Iglesia muy vinculados a un partido concreto". En esas fechas, desde otras diócesis catalanas igualmente se promovieron gestiones ante Roma en el mismo sentido.

Lo que no resultaba tan conocido es que ese malestar por la deriva de la COPE también alcanzaba a algunos de los elementos más ultraconservadores de la cúpula eclesiástica, como el cardenal de Toledo y Primado de España, Antonio Cañizares. El que ha sido uno de los azotes del Gobierno socialista durante toda la legislatura pasada, junto con el actual presidente de la Conferencia Episcopal, Antonio María Rouco Varela, está haciendo tambalear su alianza con el arzobispo de Madrid, a cuenta del asunto de la cadena de radio.

En el origen de este cambio de postura se puede encontrar la agresión de que fue objeto el nuncio del Vaticano en España, Manuel Monteiro de Castro, que tras reunirse en aquella célebre cena del "caldito" con José Luis Rodríguez Zapatero, fue calificado como "masón" por parte de Federico Jiménez Losantos, en su programa matinal.

A la anterior reunión del Comité Ejecutivo de la Conferencia Episcopal no pudo acudir Antonio Cañizares. Sabedor de que se dilucidaba la renovación de los polémicos conductores de los programas radiofónicos de la mañana y la noche (Losantos y César Vidal), el cardenal enviaba una misiva al resto de los integrantes del comité en la que les notificaba que estaba "claramente" a favor de un cambio en la política con respecto a la COPE. Con mayor claridad se había expresado Cañizares al respecto y, además, lo había hecho en un entorno muy significativo. El pasado 19 de mayo, durante una comida celebrada en la sede de la Embajada de España ante el Vaticano, llegaba la noticia de la renovación, por un año —aunque ambos habían solicitado tres— de los contratos de Jiménez Losantos y César Vidal. Entonces, sin tapujos, el cardenal de Toledo exclamó: "Me parece una muy mala noticia. Es una lamentable decisión".

Lo que va pareciendo cada vez más evidente es que las delicadas relaciones diplomáticas entre el Vaticano y el Gobierno socialista español comenzaron a reconstruirse, precisamente, a raíz de aquella cena entre el presidente del Ejecutivo español y el nuncio del Papa en nuestro país, tras la que ambos fueron insultados como "anticristo" y "masón", respectivamente, desde el dial de la emisora eclesiástica. El Gabinete de Zapatero ya llevaba tiempo realizando unapolítica de gestos —la renegociación al alza de la financiación de la Iglesia, el nombramiento como embajador ante la Santa Sede de un político católico militante y firme opositor al aborto, como el ex alcalde de A Coruña, Francisco Vázquez o la negativa a aprobar una iniciativa que eliminaba la presencia de símbolos católicos del protocolo en numerosos actos públicos—.

El pragmatismo diplomático va imponiendo sus criterios, más si se tiene en cuenta que el Partido Socialista acaba de triunfar en las elecciones legislativas, lo que supone una convivencia obligada, al menos, durante los próximos cuatro años.

El pasado 12 de junio se filtraba, a través de la revista católica "Vida Nueva" una supuesta reunión semiclandestina entre el presidente Zapatero y el secretario de Estado del Vaticano, el cardenal Tarsicio Bertone desmentida posteriormente por Moncloa. El jefe del Ejecutivo español habría aprovechado su presencia en la Cumbre de la FAO, celebrada en Roma, para asistir a este encuentro. Tras las tensas relaciones que ambas partes han mantenido desde 2004 —en especial, por la actitud mantenida por una parte de la cúpula eclesiástica española—, todo indica que se avecina una época de distensión en la que, como el propio cardenal Cañizares daba a entender durante la última reunión del Comité Ejecutivo de la Conferencia Episcopal Española, el pasado 11 de junio, hasta podría llegarse a algún tipo de acuerdo en torno a la asignatura de Educación para la Ciudadanía, entre otras cuestiones.

A día de hoy, pese a que sus posiciones ultraconservadoras —que en poco se diferencian de las de Rouco Varela— son de sobra conocidas, Antonio Cañizares parece interpretar mejor la actual posición del Vaticano en sus relaciones con España. Desde Roma se emiten algunos claros mensajes. Hace unos días, en el diario oficial del Vaticano, L'Osservatore Romano, uno de sus colaboradores, el escritor español Juan Manuel de Prada, declaraba que "la COPE se presenta como católica, pero sus voces principales son anticatólicas e incluso ateas, en algunos casos furiosamente abortistas y con una visión de la vida totalmente anticristiana". Automáticamente, De Prada era vapuleado en la emisora de los obispos, tanto por parte de Jiménez Losantos como por César Vidal. La respuesta de Roma era inmediata: el diario contrataba a Juan Manuel de Prada como colaborador fijo.

Había mucha expectación acerca de los debates y las decisiones que tomaría el Comité Ejecutivo de la Conferencia Episcopal en su reunión del pasado 11 de junio. La COPE iba a ser uno de los asuntos más difíciles a tratar. Se había convocado a Alfonso Coronel de Palma, presidente de la emisora, y máximo responsable de la polémica renovación de sus estrellas. Antonio Cañizares sí acudía en esta ocasión, y junto a él, el vicepresidente de la Conferencia Episcopal, el obispo de Bilbao, Ricardo Blázquez; el cardenal y arzobispo de Barcelona, Lluís Martínez Sistach; el arzobispo de Sevilla, Carlos Amigo, y el obispo de Oviedo, Carlos Oso-do; todos ellos, en principio, partidarios de introducir un cambio en la línea actual de la COPE, y que podrían haber impulsado un documento partidario de fiscalizar los contenidos de la emisora. Frente a ellos quedarían Antonio María Rouco Varela, y el secretario portavoz de la conferencia, y obispo auxiliar de Madrid, Juan Antonio Martínez Camino. No hubo comunicado oficial, aunque sí trascendían las palabras de Cañizares enfrentándose a los centros religiosos que se han mostrado favorables a impartir la asignatura de Educación para la Ciudadanía, y felicitando a los padres objetores, aunque también aceptando que se impartan de algún modo los valores constitucionales y democráticos en las escuelas, lo que permite deducir que la negociación en torno a esta cuestión entre el Estado español y el Vaticano está en marcha.

El gran debate y la decisión sobre la COPE se remitía a una reunión de la Comisión Permanente (órgano superior al Comité Ejecutivo) a celebrarse los próximos días 17 y 18 de junio. A la Comisión Permanente pertenecen los siete de la Ejecutiva más los presidentes de las distintas comisiones, 23 prelados en total. En los estatutos se especifica que el voto de este órgano es secreto.

Curiosamente, una voz inesperada ha salido en defensa de Federico Jiménez Losan-tos. El sindicato Comisiones Obreras de la COPE ha emitido un comunicado criticando al cardenal Sistach por su oposición a la continuidad del polémico comunicador. Eso sí, sus razones son de índole económica y laboral. Argumenta el sindicato que el programa matinal constituye hoy la principal fuente de ingresos publicitarios de la cadena y que no se ha ofrecido una alternativa "viable" que tenga "la misma garantía de resultados que el producto que ahora mismo estamos ofreciendo". En 1992, un Expediente de Regulación de Empleo (ERE) dejaba en la calle a 200 trabajadores de la emisora. •


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