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Nº 792 - 16 de junio de 2008

Cambio climático, energía y alimentos

La gran reunión convocada esta pasada semana por la FAO en Roma, a la que han asistido 183 países y más de 50 jefes de Estado o de Gobierno, ha puesto la cuestión del hambre en el mundo y la seguridad alimentaria global en el primer lugar de las preocupaciones de la comunidad internacional y se han aportado importantes recursos para hacer frente a la situación de extrema urgencia del Programa Alimentario Mundial (WFP) y de la agricultura africana.

Algunas cifras expuestas en Roma por el director general de la FAO son impactantes. Acabar con el hambre en el mundo costaría 30.000 millones de dólares al año, comparados con los 1,2 billones de dólares de gasto militar, los 372.000 millones que los países de la OCDE dedican a las subvenciones a su agricultura, o los 120.000 millones que cuesta la sobrealimentación de las. personas obesas y los gastos sanitarios derivados.

La producción agrícola deberá aumentar un 50 por ciento de aquí a 2050 para seguir la evolución demográfica. En los últimos años, la producción apenas ha cubierto la creciente demanda de alimentos generada por el aumento del nivel de vida, en Asia fundamentalmente. Pero en muchas ocasiones y en muchos lugares el problema no es de cantidad, sino de distribución, tanto en el sentido físico como político del término. Como decía la directora del WFP, ha aparecido una nueva cara del hambre, la que afecta a las clases medias de los países en desarrollo, donde hay comida en los supermercados pero a precios inalcanzables. Una situación que afectará también a los países ricos, donde la subida de precios de los alimentos es,junto al petróleo, una de las grandes causas del retorno de la inflación. Tuvo mucha razón el presidente de Brasil, Lula da Silva, al señalar el gran impacto de los precios del petróleo, no menos del 30 por ciento, en toda la cadena de producción agrícola, desde los fertilizantes al transporte. Desde esta perspectiva, la donación de 500 millones de dólares de Arabia Saudí para atender las necesidades del WFP es menos generosa de lo que parece, porque no hace sino devolver una parte muy pequeña de lo que ha obtenido con el aumento del crudo.

Para algunos de los participantes en la Conferencia de Roma, los biocarburantes son uno de los grandes responsables de la subida de precios. Pero las cifras que allí se conocieron hacen pensar que su impacto es mucho menor del que se les atribuye. En realidad, ninguna variable física puede producir esta llamarada de precios, que sólo se explica por la especulación en los mercados financieros que han sido en los últimos meses un importante acelerador de los precios.

La especulación financiera es también una de las responsables de la subida del petróleo, cuyo precio, como el del resto de las materias primas, se fija en mercados cada vez más opacos. Desde 2000, el volumen físico de petróleo vendido ha aumentado un 13 por ciento, y el de las operaciones especulativas OTC (Over The Counter) un 260 por ciento. ¡El mercado de papel es 35 veces mayor que el físico!

Esta actividad especulativa se ha trasladado ahora a los alimentos ante las tensiones de escasez. Lo reflejan bien los impúdicos anuncios de algunos bancos europeos que hemos visto en Bruselas invitándonos a invertir con la promesa de obtener jugosas plusvalías de los efectos del cambio climático y de la carestía de los alimentos que está aumentando el hambre en el mundo.

Un edificante ejemplo de la dinámica capitalista, dispuesta a buscar beneficio allí donde se produce una tensión de escasez. O, peor aún, a producir esa escasez para obtener de ella beneficios.

En Roma, todos estuvieron de acuerdo en pedir una nueva política agrícola para África basada en el apoyo al pequeño productor. Pero durante los años 80 y 90 las instituciones financieras internacionales contribuyeron a su desaparición enfrentándolos a las exportaciones a bajo coste y altas subvenciones de los países desarrollados. Se impulsó la agricultura de exportación, arruinando la producción de alimentos para su población y provocando la dependencia alimentaria, confiando en que los precios de las importaciones serían siempre bajos.

Ésta es la política cuyo fracaso reconoció en Roma el presidente francés Sarkozy. Se trata ahora de buscar alternativas, en la dirección que apuntaba J. L. Rodríguez Zapatero de crear mercados regionales agrícolas dentro de los procesos de integración económica. Este será, sin duda, uno de los principales retos de las negociaciones comerciales del ciclo de Doha.•
*Presidente de la Comisión de Desarrollo del Parlamento Europeo.

José Borrell
*Presidente de la Comisión de Desarrollo del Parlamento Europeo

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