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| Nº 792 - 16 de junio de 2008 |
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El retorno de la religión
por Miguel Ángel Aguilar Para ser católico, si pudiera elegir, elegiría ser alemán; para tener un cardenal preferiría al cardenal Walter Kasper frente al cardenal Rouco; si pudiera optar por un intelectual lo haría por Meter Sloterdijk y si se tratara de un semanario me inclinaría por Die Zeit. Todo esto viene a cuento de una lectura que fue comentada en la columna del lunes anterior bajo el título de "Llamar masón al nuncio", sugerida por el volumen Alto y claro de conversaciones con Rouco Varela y el periodista José María Zavala editado por Debate, y de un hallazgo en la madrileña Feria del Libro: El retorno de la religión, que recoge una conversación de Peter Sloterdijk con Walter Kasper, cardenal presidente de la Comisión Pontificia para las Relaciones Religiosas con los Judíos. Una conversación entre el cardenal y el filósofo a la sombra de la basílica de San Pedro moderada por los periodistas Jan Ross y Bernd Ulrico que apareció publicada en el semanario Die Zeit el 8 de febrero de 2007 y que ahora ha publicado con suma elegancia HRK ediciones. En Alto y claro las preguntas tienen un sesgo muy determinado. Se trata de poner al cardenal Rouco en el trampolín e incitarle a que se lance a la piscina del barullo político español. Todas son del corte de ¿por qué se ha empecinado Zapatero en descristianizar España? Monseñor muchas veces busca una salida fuera de la vertical aunque otras se lanza en plongeon o haciendo el ángel. En todo caso, la lectura es de sumo interés para entender por dónde andan nuestros obispos en Conferencia a la escucha permanente de la COPE con Federico Jiménez Losantos al frente dedicado a la siembra de la cizaña del odio cívico y del cainismo, una planta que ha demostrado condiciones extraordinarias para arraigar en nuestro país como prueba la historia patria. Lo que resulta imposible de encontrar es una reflexiónde altura teológica más allá de los tiquismiquis de la política del momento. La conversación del filósofo Sloterdijk y del cardenal Walter Kasper es, por el contrario, un ejercicio admirable. Empieza el cardenal señalando que la secularización que ha experimentado Europa Occidental en los últimos trescientos años constituye un desarrollo excepcional que no encontramos en ningún otro lugar y dice que aparentemente algunas preguntas retornan ahora porque la autoliberación que existe desde la Ilustración no cumple sus promesas y causa desilusión. Reconoce que hay buenos y malos usos de la religión, que el mal uso puede llegar hasta la vinculación entre religión y violencia. El filósofo matiza que tampoco hablaría de la religión en general, sino de las religiones monoteístas que, por su pretensión universalista, corren el riesgo de liberar un alto potencial "polemógeno", es decir, un potencial que avive la lucha. Por eso indica que la preocupación que tenemos ahora, teniendo en cuenta el trasfondo de la historia vivida, es si podemos aprender algo así como el "empleo pacífico de las energías monoteístas". Para el cardenal lo positivo queda claro en la primera página de la Biblia donde Dios crea al hombre a su imagen y semejanza. Porque eso constituye, cientos de años antes de Cristo, una revolución: un dios cuya responsabilidad no sólo abarca a un pueblo o a un grupo, sino a todos los hombres, independientemente de sus pertenencias étnicas, culturales o de otro tipo. A su entender, desde esta perspectiva del monoteísmo, la humanidad se presenta como una gran familia, lo cual conduce de forma indirecta a lo que en la Edad Moderna se ha denominado los derechos humanos generales. Unos derechos que han sido ganados contra el cristianismo si bien poseen fundamentos cristianos. El abismo entre Kasper y Rouco queda insondable. Continuará. • |
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