| Hemeroteca | Esta semana | Lista sin maldad |
![]() |
||
|
Los cien primeros días no han sido muy brillantes La medida más importante adoptada por José Luis Rodríguez
Zapatero para enfrentarse a la crisis ha sido la devolución de 400 euros a 13
millones de contribuyentes. ¿Se puede saber a quién se le ocurrió tan brillante
idea? Cuando le preguntaron a Pedro Solbes sobre el asunto contestó con sorna:
“Fue en periodo electoral. Ya sabéis” . Sin embargo, la medida le sirvió al
vicepresidente económico para rechazar las previsiones de la OCDE sobre el
crecimiento español: “Son demasiado pesimistas y les voy a decir por qué. Es
que no han tenido en cuenta el efecto de los 400 euros”, contestó el
vicepresidente y se quedó tan ancho.
El Gobierno ha explicado que pretendía estimular con esta medida que lleva el sello de Bush el consumo y compensar a los ciudadanos por el fuerte aumento de los precios. Pura propaganda electoral pues a lo que lleva esta medida es a un incremento adicional de la inflación que ya cabalga a lomos del petróleo y de los alimentos sin necesidad de ayuda gubernamental alguna. Según el dato proporcionado el pasado miércoles, antes de que los 400 euros lleguen al bolsillo de los ciudadanos, los precios subieron un 0,7 por ciento en mayo, disparando la tasa interanual hasta el 4,6 por ciento. Zapatero ha hipotecado su capacidad de reacción ante la crisis con una medida socialmente regresiva, pues afecta de igual forma a los ricos y a los pobres, que representa una pérdida de recaudación próxima a los 6.000 millones de euros –un billón de pesetas, la cuarta parte del superávit– que habría tenido una aplicación más efectiva en manos del Gobierno. Los cien primeros días desde el triunfo de Zapatero no han sido muy brillantes, a pesar de contar con un inusitado periodo de gracia concedido por causa mayor por una oposición en crisis. El presidente ha podido navegar con el viento económico a favor que le ha permitido una gobernación relajada y ahora tendrá que gestionar una extraña crisis que sabemos cómo nació pero no por dónde va a derivar, pero que no se resuelve negándola. Tendrá que demostrar que sabe gestionar la cosa pública cuando vienen mal dadas y ya ni el Gobierno niega que al menos pasará año y medio antes de que salgamos de la desaceleración acelerada en la que estamos inmersos. El talonario de cheques con que contaba Zapatero en la legislatura pasada para frenar conflictos se está quedando sin talones. Las cúpulas de las dos grandes centrales sindicales ya han dado un toque de atención y el mismísimo Cándido Méndez, buen amigo del presidente con quien comulgaba en las grandes líneas de la política económica y social, se ha puesto en primera línea de combate. El próximo miércoles, Zapatero se reunirá con la patronal y con los sindicatos para enhebrar un nuevo pacto social, pero esta vez no va a resultar una foto sencilla. El Partido Popular, escarmentado, no jugará esta vez la carta del tremendismo pero Rajoy está convencido de que la crisis será su mejor aliada como el factor más corrosivo para la imagen gubernamental. Por otro lado, los del PP están animados por la idea de que pueden alentar la ruptura de los sindicatos con el Gobierno del PSOE, un viejo sueño de la derecha, apoyando un frente social más agresivo. Lo va a pasar mal Zapatero con el nuevo PP del nuevo Rajoy si es que a éste le dejan renovarse. O llega pronto a un acuerdo con el dirigente de Convergencia i Unió Artur Mas o se va a encontrar en el Parlamento tan solo como se hallaba el antiguo Rajoy en la legislatura pasada. La culpa no es sólo de que ERC e IU- IC-Los Verdes, etc., etc., con los que se asoció en el pasado en singular cruzada contra un PP que daba miedo, ocupan pocos escaños, sino sobre todo porque la derecha que salga de Valencia liderada por Mariano el Refundado podría superar su aislamiento pues ya no da grima. Ya hemos asistido al primer episodio cuando el PSOE tuvo que adherirse a una moción del PP sobre la huelga de transportes para no salir derrotado, pues los demás partidos lo apoyaron. La situación puede repetirse en la medida en que el gallego logre proporcionar una imagen nueva. A José Luis Rodríguez Zapatero se le ha acabado el chollo de una oposición ultra que llevó a las urnas a muchos ciudadanos moderados, incluidos algunos socialistas. “Yo quería que ganara el PSOE –explicaba Felipe González, como revelaba El Siglo la semana pasada– pero, sobre todo, no quería que ganara este Partido Popular”. El nuevo Rajoy ya no será la primera razón para votar a ZP. A partir de ahora tendrá que contar con la calidad de su política y la firmeza de su gobernanza y no con la ayuda inestimable del adversario. Tampoco va a poder defender por mucho tiempo sus errores apoyándose en los que cometiera Aznar en tiempos prehistóricos como acaba de hacer para defender una política económica manifiestamente mejorable. José García Abad |
| Hemeroteca | Esta semana | Lista sin maldad |
| © El Punto Prensa, S.A. c/ Ferrocarril, 37 duplicado - 28045 Madrid. Tfno: 34 91 516 08 14/15/08
E-mail: siglo@elsiglo-eu.com |
