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Nº 791 - 9 de junio de 2008

Frente a la “mujer-mujer” de Aznar y los críticos

Las modernas de Rajoy

Firmes defensoras de Rajoy, partidarias de la moderación política y representantes de un nuevo estilo de dirigente cuya observación de las libertades individuales va más acompasada con la sociedad española que con aquella "mujer-mujer" de la que hablaba Aznar hace años. Son Soraya Sáenz de Santamaría, Celia Villalobos, María Dolores de Cospedal o Alicia Sánchez Camacho, dirigentes alineadas con el presidente del PP en medio de la crisis y llamadas por tanto a formar parte de su equipo. Unas y otras han hablado sin tapujos ni mojigatería de las uniones homosexuales, del divorcio, o del derecho a tener hijos sin renunciar al éxito profesional. En un momento en que el Ejecutivo socialista se ve recompensado por su reconocimiento de nuevos derechos y por su política de igualdad -el CIS otorga a Carme Chacón, símbolo de "la España que el Gobierno quiere construir", la segunda posición en el ranking de los políticos mejor valorados-, la opción femenina de Rajoy está llamada a arrinconar a su predecesora. El líder popular, partidario de que en "la vida de cuando en cuando hay que moverse", rompe una vez más con la herencia aznarista.

Por Virginia Miranda

A Isabel Tocino, ministra de Medio Ambiente en el primer Gobierno de Aznar, y María Dolores de Cospedal, presidenta de Castilla-La Mancha, les separa un abismo. Lo mismo ocurre con Eduardo Zaplana y su sustituta como portavoz parlamentaria, Soraya Sáenz de Santamaría. Les diferencian dos formas de concebir la vida y la política; la de unas costumbres que se resisten a desaparecer y un estilo de oposición fallido frente a una visión de la realidad social más objetiva y una estrategia parlamentaria más resolutiva.

El 9-M quedó demostrado que al PP le pasó factura su férreo marcaje al Ejecutivo y su enfrentamiento con el resto de fuerzas nacionalistas y de izquierda y al PSOE, en cambio, le salió rentable su política en materia de derechos sociales. Uno de los mayores éxitos de José Luis Rodríguez Zapatero han sido sus políticas de igualdad. No tanto por sus resultados, aún poco significativos, como por el efecto que han tenido en el propio Gobierno. La composición de su primer Gabinete de Ministros en la pasada legislatura y ahora el nombramiento de una mujer embarazada al frente del Ministerio de Defensa le han convertido, en España y también en el extranjero, en el abanderado de la paridad, lo que en la práctica se ha traducido en una muy rentable apuesta política: en el último barómetro del CIS, los españoles han “premiado” al Ejecutivo socialista concediéndole a Carme Chacón el segundo puesto en el ranking de los políticos mejor valorados, sólo superada por otra mujer, la vicepresidenta primera María Teresa Fernández de la Vega, que repite en el número uno.

La sociedad se ha mostrado por tanto favorable a una tendencia con la que se identifica a la izquierda y a la que sin embargo el centro derecha no ha logrado sacar partido. El PP no es partidario de imponer por ley la igualdad, se opone a establecer la paridad por decreto en las listas políticas o los consejos de administración de las empresas. Pero el pasado mes de octubre relanzó una asociación vinculada al partido desde 1992 con una nueva denominación, Mujeres en Igualdad, y una nueva presidenta, Mercedes de la Merced. Y su programa electoral, que empezó a desgranar por aquellas fechas, no difería mucho del socialista a este respecto. En él abogaba, entre otras cosas, por potenciar convenios colectivos para favorecer la contratación de la mujer en determinados sectores aumentando su participación en el mercado laboral; establecer una deducción en la cuota del IRPF de 1.000 euros anuales para mujeres trabajadoras; crear en cuatro años 400.000 plazas de guarderías; e incrementar los permisos de maternidad y paternidad.

Sin embargo, las desafortunadas declaraciones calificadas de “machistas” que años atrás pronunciaron algunos diputados –la última y más sonada, la de Eduardo Zaplana acusando a Fernández de la Vega de disfrazarse por haber aceptado lucir un traje típico de Mozambique en un viaje de cooperación–; la imagen de “mujer-mujer” de algunas destacadas dirigentes de la época de José María Aznar, empezando por la esposa del ex presidente, Ana Botella; y el vínculo que parte del partido y la militancia mantiene con la jerarquía de la Iglesia católica, donde el estatus social femenino se encuentra a gran distancia del masculino; no acaban de convencer a una sociedad en proceso de transformación sobre las intenciones de la formación en materia de igualdad. Además, las críticas a Chacón procedentes de los sectores más reaccionarios a raíz de su baja maternal, a pesar de que no provengan de sus dirigentes, perjudican al partido.

Hasta las generales del 9 de marzo, e inmediatamente después, la victoria moral de Zapatero en lo relativo a las políticas sobre mujeres resulta incontestable. Pero en el Partido Popular, a raíz precisamente de la crisis en que se ha visto inmerso, ha comenzado a despuntar una clase de dirigentes femeninas –ellas, como las socialistas, también son un indicio de hacia dónde va el partido en los temas de igualdad– que se alejan del estereotipo conservador y están jugando la baza de Mariano Rajoy. Así, en un futuro y si se salva de la quema, el presidente del PP podría al menos rebajar la diferencia en el marcador de la paridad.

Del lado de los críticos, y con la reseñable excepción de la presidenta de Madrid, Esperanza Aguirre –ha sido la única dirigente del PP que ha criticado el recurso de inconstitucionalidad contra los matrimonios homosexuales porque, dice, le confiere una imagen de nasty party (partido antipático)–, se encuentran mujeres como Ana Botella o María San Gil, favorables a la concepción conservadora de la esfera privada. La ahora concejala de Medio Ambiente de Madrid, en sintonía con la doctrina oficial de la Conferencia Episcopal, llegó a rechazar frontalmente cualquier tipo de unión entre parejas del mismo sexo con una desafortunada metáfora sobre las peras y las manzanas, que soliviantó sobremanera a la comunidad gay.

Mientras, del lado de Rajoy se encuentran las populares más significadas en la defensa de las libertades individuales. Celia Villalobos, feminista confesa y en permanente ejercicio, ha regresado a la primera línea política. Porque Rajoy la ha nombrado secretaria de la Mesa del Congreso de los Diputados y porque ha sido una de las dirigentes populares que con más firmeza ha defendido al líder del partido y a su proclamada independencia, colocándose de paso en el centro de la diana de los medios críticos, fundamentalmente el periódico El Mundo y la cadena Cope. La ex titular de Sanidad, que fue uno de los miembros del Comité Ejecutivo Nacional del 2 de junio –como, por cierto, Soraya Sáenz de Santamaría y María Dolores de Cospedal– que tomó la palabra para defender el liderazgo del presidente del partido, ha logrado imprimir su personalísimo estilo en el PP, hasta el punto de defender el aborto, recomendar a los jóvenes en su época de ministra el uso de preservativos, votar a favor del matrimonio homosexual –lo que le valió una sanción de su grupo parlamentario– y asistir como invitada a la primera boda gay oficiada por el alcalde de Madrid, Alberto Ruiz-Gallardón.

Entre la nueva hornada de dirigentes populares destacan nombres como los de Soraya Sáenz de Santamaría, María Dolores de Cospedal o Alicia Sánchez Camacho –aunque otras mujeres próximas a Rajoy como Ana Pastor, vicepresidenta de la Mesa del Congreso de los Diputados, o Fátima Báñez, portavoz adjunta del grupo popular en la Cámara baja, bien pueden representar a este mismo sector del partido–. A la portavoz del PP, mano derecha de Rajoy, no se la ha visto en las multitudinarias manifestaciones convocadas por las asociaciones católicas y los obispos contra las políticas sociales del Gobierno la pasada legislatura. Tampoco se la ha escuchado una palabra más alta que otra en contra de las conquistas individuales impulsadas por el Ejecutivo socialista. Y aunque secunda la doctrina oficial del partido respecto a las uniones gays, rechazando la equiparación de la denominación matrimonio, ha defendido la no discriminación por razones de orientación sexual. De hecho, ella fue la encargada de elaborar la proposición de ley de parejas de hecho. Con quien podría haber chocado Sáenz de Santamaría es con la jerarquía católica, que vela con celo por la observancia de sus propias costumbres entre los dirigentes del PP. El confidencial elsemanaldigital.com publicó hace unos días que Rajoy fue recriminado por el cardenal-arzobispo de Madrid, Antonio María Rouco Varela, por nombrar número tres del partido a una mujer casada por lo civil.

La presidenta del PP de Castilla-La Mancha, María Dolores de Cospedal, saltó a las páginas de la política nacional siendo consejera de Transportes de la Comunidad de Madrid por haber dado a luz un hijo concebido por inseminación artificial –es divorciada y, puntualiza, anulada por la Iglesia–. A pesar de ello, y como la mayoría de las mujeres dedicadas a la política –tienen un lógico rechazo a ser preguntadas por asuntos sobre los que no se suele interrogar a los hombres–, es celosa de su intimidad, pero no dudó en acudir a la llamada de la escritora y periodista Pilar Cernuda en la presentación de su libro Madres solas (La Esfera de los Libros). En una entrevista en El País de junio de 2006, preguntanda por qué había hecho bien el Gobierno de Zapatero, contestó: “Hay una ley que me gusta: lo que llaman el divorcio exprés”.

En estos momentos aparece claramente decantada a favor de Rajoy, a pesar de la confianza que le une con la que fuera su jefa en el Ejecutivo regional de Madrid, Esperanza Aguirre.

Alicia Sánchez Camacho es una dirigente popular en alza. Como De Cospedal, suena como posible incorporación al equipo con el que Rajoy se presentará a la reelección en el XVI Congreso Nacional del PP. En la pasada legislatura fue portavoz en la Comisión de Interior y mano derecha de Ignacio Astarloa. Sus compañeros de filas y, sobre todo los colegas del resto de grupos parlamentarios, recuerdan la mano dura con la que interpelaba al partido en el Gobierno –la política antiterrorista fue la gran protagonista en la tarea de oposición del PP–, sin embargo no se encuadra dentro del denominado sector duro. Su preparación técnica, su juventud y su catalanismo, del que siempre ha hecho gala diferenciando eso sí el suyo del practicado por las formaciones nacionalistas, la aupó en la formación a principios de la década. El líder popular ya depositó en ella su confianza nombrándola presidenta del PP de Girona y promoviendo su designación como senadora tras el 9-M –era cabeza de la lista del PP al Congreso por esta circunscripción, pero no logró ningún escaño y Daniel Sirera, presidente del PPC, tuvo que renunciar al suyo en la Cámara Alta para cederlo a su colega, designada portavoz de la Comisión de Trabajo e Inmigración–. También nombrándola redactora, como a María San Gil y José Manuel Soria, de la ponencia política del PP para el Congreso del tercer fin de semana de junio. El documento, por cierto, no ha sentado nada bien a los católicos más conservadores. La revista Alba, del grupo Intereconomía, ha lamentado que “el humanismo cristiano se cae del PP”, y Alfa y Omega, que edita el arzobispado de Madrid, advierte que permite “nuevos marcos de convivencia” y no pone en entredicho los matrimonios homosexuales o el divorcio. Antes de acaparar titulares por su participación en la ponencia, comenzó a ser más familiar entre la opinión pública española a raíz de su participación en diversas tertulias de radio y televisión. Ha colaborado con A vivir que son dos días de la Cadena Ser –ella y Mercedes de la Merced fueron baja en la emisora durante un tiempo por el veto del PP a Prisa de pasado año– en la época en la que Angels Barceló, con quien la ahora senadora popular comparte carné de la peña Barcelonista del Congreso y el Senado, conducía el espacio. Divorciada tiempo atrás, en septiembre de 2006 dio a luz en Barcelona a un niño. El nacimiento del pequeño no le permitió sin embargo tomarse la baja de maternidad.

De confirmarse en unos días el ascenso de estas y otras mujeres de su generación y su estilo político, Rajoy, convencido de que en “la vida de cuando en cuando hay que moverse”, habría roto otro de los eslabones que le mantenían vinculado al aznarismo. Habrá que ver ahora si el partido le deja.

Las ‘marianistas’ hablan de Chacón

El Gobierno ha dotado de gran carga simbólica al nombramiento de Carme Chacón, de baja maternal compartida con su marido, al frente de Defensa. El Siglo ha preguntado a algunas de las mujeres del PP que apoyan a Rajoy sobre la decisión de la ministra y su opción personal.

1. ¿Asumiría la responsabilidad de un Ministerio –o un alto cargo en el Gobierno– y un embarazo al mismo tiempo?

2. ¿Se acogería a la baja maternal?

3. ¿La compartiría con su pareja? ¿Cómo se repartirían el periodo de baja?

4. ¿Qué le parece la decisión de Carme Chacón al respecto?

Ana Pastor,
vicepresidenta de la Mesa del Congreso de los Diputados

1. Sí. El embarazo no es un estado patológico, es una situación fisiológica normal.

2. Sí.

3. Sí, con el acuerdo de los dos y según las necesidades.

4. Muy acertada. En cualquier caso, es una decisión personal y respetaría cualquiera que hubiera tomado.

María Dolores de Cospedal,
presidenta del PP
de Castilla-La Mancha

1.  Ya lo he hecho. Compatibilicé el cargo de consejera de Transportes de la Comunidad Autónoma de Madrid con el embarazo.

2. No lo hice porque no me fue posible (algo que le pasa a muchas mujeres).

3. No lo sé. ¿Cómo repartirían el periodo de baja? Tampoco lo sé. Dependería de la primera decisión.

4. Creo que es un tema personal.  Ella ha tomado una decisión personal. Creo que cada mujer debe tomar la suya, teniendo siempre garantizado el derecho a acogerse a la baja maternal.

Celia Villalobos,
secretaria de la Mesa del Congreso de los Diputados

1. ¡Ójala en mi época me hubiese podido hacer esa pregunta! Pero haciendo un ejercicio de imaginación, por supuesto que lo asumiría. ¿O es que tantas mujeres que trabajan no lo hacen continuamente? Ya tienes que renunciar a demasiadas cosas como para también hacerlo a ser madre.

2. Sí.

3. Teniendo en cuenta que seguimos luchando por la conciliación de la vida laboral y familiar rotundamente exigiría de mi marido el reparto del permiso. ¿De que forma? Al principio yo que me apetece más, y después él.

4. Me parece bien.

Mercedes de la Merced,
presidenta de Mujeres en Igualdad

1.  Me gustaría recordar que el embarazo no es una enfermedad. Las mujeres embarazadas pueden llevar una vida como la de cualquier otra persona, y de hecho la mayoría permanece en su puesto de trabajo hasta el momento del parto. Por tanto, la respuesta es obvia: sí.

2. Éste no es un supuesto que pueda servir de ejemplo a la hora de hablar de la baja maternal. Hay responsabilidades excepcionales, como la de estar al frente de un ministerio. Y además una ministra cuenta con los suficientes recursos y capacidad económica para tener la ayuda necesaria en casa. Si una ministra se ausenta en un momento para atender a su bebé nadie se lo va a impedir ni pone en riesgo su puesto de trabajo, y ésa no es la situación de la inmensa mayoría de las mujeres. Yo me quedaría unos días en casa para organizar esos primeros momentos  con el bebé, asegurarme de que todo marcha bien, y me incorporaría cuanto antes.

3. Las responsabilidades de la pareja, y más si hablamos de los hijos, deben ser siempre compartidas. En el caso de la baja maternal hay que valorar muchas cosas. Yo respetaría la decisión de mi pareja. Pero si fuera el caso, sí la compartiría.

4. Nunca criticaría la decisión de una mujer en este sentido, es una opción personal, y en este caso además le ampara la ley.

 

Fraga, a sus 85 años, a la vanguardia de la modernidad

Manuel Fraga es un superviviente. De ministro franquista pasó a ser líder de un partido democrático. De jefe de la oposición a presidente de la Xunta de Galicia. Y apenas regresó a la oposición en el Parlamento autonómico, volvió a Madrid para ocupar su escaño en el Senado. De seguir en racha, Rajoy puede respirar tranquilo. En medio de la crisis del PP -o de la desaceleración, como dicen con sorna algunos diputados del partido-, el León de Vilalba se ha puesto del lado de Rajoy. Fraga, a sus 85 años, ha dicho sí a la moderación, al centrismo y a la posibilidad de escuchar a los partidos nacionalistas. Le pese a quien le pese. Como a los críticos, para los que tiene palabras de reproche. Tras el polémico artículo de Gabriel Elorriaga en El Mundo, el senador dijo que “es completamente anómalo que se pronuncie públicamente contra aquel que le nombró secretario ejecutivo de Comunicación”.

A Esperanza Aguirre, en una entrevista en Telecinco, la acusó la semana pasada de que en la actual situacion que vive el PP, “ha dado prioridad a sus competencias con Gallardón”, que “en este momento no ha hecho nada en contra de ella”. Cada vez que el alcalde de Madrid “ha intentado decir 'quiero hacer esto', la otra decía 'y yo también’”.

Estas y otras declaraciones le han convertido en el objeto de las iras de los militantes más duros. El 2 de junio, cuando se disponía a entrar en Génova 13 para asistir al Comité Ejecutivo Nacional -y donde pidió la palabra para salir en defensa de Rajoy-, un grupo de manifestantes comenzó a increparle. “Fraga, jubílate”, le espetó uno de ellos. “¡Pero quién es ese cretino!”, dijo ufano el gallego.

Por lo demás, Manuel Fraga parece haberse convertido en el portavoz de Rajoy. En su reciente intervención en la cadena de televisión privada aseguró que el presidente del PP estaba dispuesto a convocar otro Congreso Nacional antes de las elecciones de 2012 que, entonces sí, “deja abiertas todas las posibilidades” sobre quién será el candidato a las generales.

Lo que no se sabe es si Fraga ha cambiado tanto como para compartir el feminismo de las marianistas.

La derecha se resiste pero luego se suma, por Enric Sopena


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