F abián
Hemeroteca Esta semana
Nº 791
9/6/2008

La cuestión colombiana y la geoestrategia

Por Pedro A. Navarro


Desde que el pasado 1 de marzo la Fuerza Aérea de Colombia asesinase en territorio ecuatoriano al portavoz de las FARC, Raúl Reyes, y a una veintena larga de personas, entre guerrilleros y ciudadanos ecuatorianos y mexicanos, la cuestión colombiana ha ido ganando un paulatino protagonismo en los medios de comunicación de medio mundo, y también en los de nuestro país.

Desde entonces no han dejado de producirse constantes noticias, el asesinato del comandante Iván Ríos, a manos de su propio jefe de seguridad, que encarnaba el papel de Judas, eso sí, a un precio más elevado que las 30 monedas bíblicas, nada menos que a cambio de una recompensa de un millón de dólares ofrecida por el Ejecutivo de Bogotá. También fallecía Manuel Marulanda, Tirofijo, el emblemático líder histórico de la guerrilla más antigua de América Latina.

Pero, lo que ha hecho correr más ríos de tinta ha sido la difusión de los supuestos contenidos de los tres ordenadores personales que el Ejército colombiano encontró en el campamento ecuatoriano de Reyes. Según las filtraciones realizadas por Bogotá, contienen documentación que, hipotéticamente, implica a los gobiernos de Venezuela y Ecuador como financiadores de la guerrilla. Esta imputación realizada por Álvaro Uribe llevaba a una grave crisis diplomática con el Ejecutivo de Caracas y a la ruptura de relaciones con Ecuador, país que, además, había sufrido una invasión militar en su propio territorio.

No terminan ahí los sorprendentes y reveladores contenidos de los tres ordenadores. Siempre según la versión colombiana, y con una administración de los tiempos que resultaría envidiable en un guionista de películas de suspense, van a apareciendo nuevos datos que nos sitúan ante una amenaza que podría extenderse a otros países, incluido el nuestro. Las autoridades de Bogotá nos permitían saber hace dos semanas que las FARC pretendían atentar en Madrid contra personalidades de aquella nacionalidad. La semana pasada también nos permitían conocer que la guerrilla mantenía contactos con ETA y que integrantes de esta organización habían sido entrenados por las huestes de Marulanda. Todo basado en esta amplia información que, imprudentemente, creo yo, llevaba consigo el máximo responsable de la guerrilla, que se encontraba en zona de combate y que, por su larga experiencia, era consciente de que tanta información vital podía caer en manos del enemigo. Más bien parece que lo que sucede es otra cosa. Como se informaba en el número anterior de EL SIGLO, el informe de Interpol realizado por sus especialistas informáticos alertaba sobre la imposible validación jurídica de estos ordenadores como prueba, dada la ilegitimidad e ilegalidad de su obtención. Pero no se quedaba sólo en eso. También demostraba la manipulación de que habían sido objeto estos aparatos. Y la cuantificaba: con posterioridad al 1 de marzo se habían creado 273 archivos nuevos, se habían abierto otros 373, otros 786 habían sido modificados, y 488, suprimidos.

Pese a que buena parte de la información sobre la crisis ofrecida por la mayoría de los diarios españoles provenía de fuentes colombianas —sin contrastar y sin incluir la versión de las otras partes implicadas, contradiciendo principios básicos que se imparten en segundo curso de cualquier Facultad de Periodismo—, lo cierto es que parece clara la contaminación en origen de la supuesta noticia. La actual mayoría que sustenta al Gobierno colombiano está salpicada de connivencias con los grupos paramilitares; 32 parlamentarios se encuentran procesados por este motivo (incluido un primo del presidente). También es cierto que la mal llamada Ley de Justicia y Paz, de 2004, impulsada por Uribe, supone una amnistía encubierta para los miles de crímenes cometidos por estos grupos, y que, en la práctica, certifica y legaliza la rapiña, otorgando la propiedad de tierras que fueron tomadas a plomo. Es igualmente cierto que Colombia se ha convertido en pieza básica de la estrategia de Estados Unidos en una zona en la que el Ejecutivo de Bogotá es el único contrapeso ideológico frente a los gobiernos de izquierda en esa área tan sensible. Eso _ sí, un contrapeso también militar, con el ejército más potente y más numeroso en efectivos de toda América Latina, ya que Colombia es el tercer receptor mundial de la ayuda militar estadounidense.*

Secretario del Instituto de Periodismo Preventivo y Análisis Internacional (IPPAl)

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