F abián
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Nº 791

9/6/2008

Estado del Bienestar y liberalismo

Por Francesc Homs i Molist*

Habiendo asumido abiertamente la herencia del liberalismo, Bertrand Delanoé (alcalde de París y posible candidato a primer secretario del Partido Socialista francés), confirma las mutaciones de la socialdemocracia europea". Así empieza un interesante artículo de Thomas Ferenczi en la edición del pasado 30 de mayo de Le Monde. Donde añade, además, que "la mayor parte de responsables de la socialdemocracia europea han comprendido que el socialismo ya no puede concebirse como una alternativa ante el liberalismo".

Comparto la necesidad de que la socialdemocracia debe buscar una nueva síntesis y superar los viejos dogmas que insisten en contraponerla al liberalismo político y económico. Y, especialmente, defiendo la urgencia de no quedar preso de las falsas etiquetas que unos pocos levantan como arietes de una presunta autoridad moral, que ni tienen ni pueden asumir. Dice Ferenczi en su artículo que la izquierda francesa adolece de este mal. Yo creo que también lo padece la izquierda española, que encima desconcierta a propios y extraños con iniciativas como la de los 400 euros de regalo a quienes no lo necesitan.
La socialdemocracia ha jugado un papel clave en Europa durante el pasado siglo XX. Ha contribuido decisivamente a la creación y al desarrollo del Estado del Bienestar. Y no es exagerado afirmar que el establecimiento del Estado de bienestar ha dado a los europeos la época de progreso social y de paz más duradera de la historia del continente. Pero si esta historia de éxito no ha sido igual en todos los países de la Unión Europea, es principalmente porque al lado del crecimiento del sectorpúblico, también ha habido un compromiso social del conjunto de la sociedad con el progreso. Los países que han combinado mejor Estado del Bienestar, economía de mercado y solidaridad son hoy los líderes y los mejor preparados para hacer frente a los desafíos del siglo XXI.

En el Estado español es aún tabú mezclar liberalismo y socialdemocracia. Incluso el uso del término socialdemócrata es recibido con recelo en determinados ambientes. La ortodoxia más intransigente ha impuesto una nomenclatura rígida que impide lo que sería la lógica armonización a nivel europeo de las distintas opciones políticas. Les pasa a los socialistas, poco pendientes, por ejemplo, de las terceras vías de la socialdemocracia europea. Y algo parecido también les pasa a los populares, muy lejos de cualquier identificación con los demócratacristianos europeos, aunque en este caso en otro terreno ideológico. Es como si la guerra de las etiquetas ideológicas fuese un acto premeditado para impedir pensar, modernizar, avanzar o actualizar los necesarios distintos proyectos políticos.

Luego pasa lo que pasa. Y en España llevamos una temporada sin acertar ni una. Un gobierno denominado socialista –que no socialdemócrata– hace políticas tutti fruti con un resultado global que empieza a ser preocupante. La última aportación en el desafío permanente al sentido común viene de la mano de la ocurrencia de vincular el incremento del recibo de la luz al IPC, para luego decir que va a ser de entre un 5 y un 6 por ciento. ¡Menuda forma de hacer las cosas! Es necesario y urgente no sólo saber donde estamos, sino principalmente saber que queremos.

Querer aplicar unas recetas en políticas sociales y económicas pensadas a primeros de siglo XX estando como estamos a primeros del siglo XXI es un disparate y una barbaridad. Es como si se quisieran ignorar los cambios sociales, culturales, demográficos, productivos, políticos, etcétera, que ha habido en España en los últimos cien años. Creo necesario que los socialistas apuesten por la socialdemocracia, y que sin renunciar a los principios más elementales de la solidaridad y de la igualdad, incorporen nuevas formas, nuevos retos e incluso nuevos principios.

Sería conveniente, pues, que al Estado del Bienestar al que estamos comprometidos, le supiéramos añadir también una apuesta clara por el liberalismo contemporáneo, lejos de las absurdas retóricas propias del pasado. •
*Diputado al Parlament por CiU.



*Diputado al Parlament de Catalunya por CIU.

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