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Nº 790 - 2 de junio de 2008

La aventura africana de Japón

La semana pasada el gobierno japonés celebró la IV edición de la Ticad (Tokio International Conference on Africa Development), una gran conferencia sobre el desarrollo de África que se celebra cada cinco años desde 1993, a la que asistieron 52 países, representados por 45 jefes de Estado, y la plana mayor de los organismos internacionales de ayuda al desarrollo.

Las actuales circunstancias de crisis alimentaria y creciente presencia de China en África dieron a este encuentro una especial trascendencia. El gobierno japonés así lo quiso mostrar anunciando en la sesión inaugural un ambicioso impulso a su cooperación con África: doblar su ayuda al desarrollo y las inversiones privadas directas de aquí a 2012, conceder 4.000 millones de dólares en préstamos para infraestructuras, aportar 100 millones de dólares extras en ayuda alimentara y formar médicos y técnicos agrícolas para ayudar a doblar la producción de arroz.

Mientras la ayuda al desarrollo de la UE ha disminuido, por primera vez en 50 años (a pesar del significativo aumento de España), y está lejos de alcanzar los compromisos adquiridos en el marco de los Objetivos del Milenio (que tampoco se van a conseguir en la mayoría de países africanos), la actitud de Japón cobra una especial importancia. Y, junto con el creciente papel de China, muestra la proyección del Asia emergente sobre un África que se debate sin encontrar el camino de su despegue económico.

Es un nuevo eje estratégico que coloca a Europa en una posición de menor importancia relativa. Responde a la creciente demanda de lasmaterias primas africanas, a la voluntad de Japón de jugar un nuevo papel en la escena internacional y al deseo de equilibrar la presencia china en África.

Para Japón esta cumbre no es sólo una operación de prestigio. Es la respuesta a la convocada por China en Pekín en 2006 a la que no falto ningún jefe de Estado africano. Tampoco es puro altruismo: Japón necesita los recursos minerales y el petróleo africanos, que son cada vez más caros y escasos, y por los que compiten China e India. Y necesita los votos de sus invitados para conseguir su vieja ambición de sentarse en el Consejo de Seguridad de la ONU.

El área asiática, con Japón a la cabeza, tiene experiencia en materia de desarrollo. Hace 30 años, el PIB per cápita de muchos países asiáticos era del mismo orden, 300-700 dólares, que el de los africanos. Pero los asiáticos han despegado y los africanos se han despeñado por una espiral de violencia y pobreza. En el momento de su independencia en 1957, Ghana era más rica que Corea del Sur. 50 años después, Corea es la 13a potencia económica mundial con un PIB de 20.000 dólares y Ghana ha retrocedido notablemente.

El mensaje subliminal del encuentro de Yokohama es que el moderno Japón, nacido de su destrucción en la II Guerra, puede ayudar a que África avance por su mismo camino y equilibrar la influencia de China, cuyo desarrollo como gran potencia mundial es vigilado con permanente inquietud por Tokio.

El momento es bueno para contribuir al despegue económico de África. Primero, porque su ritmo de crecimiento en los últimos cuatro años(5 por ciento) ha sido mayor que nunca. Y, segundo, porque sobre esta mejoría se ciernen los graves problemas del cambio climático, de la crisis alimentaria y del incremento del precio del petróleo.

Para resolver los problemas que plantean las dos primeras cuestiones será imprescindible una ayuda internacional mucho mayor en términos cuantitativos y orientada de forma distinta que en el pasado. En concreto, para hacer frente a la crisis alimentaria habrá que revitalizar la agricultura africana, apoyando a sus pequeños agricultores para que contribuyan a la suficiencia alimentaria de países ayer agrícolas y hoy muy dependientes de las importaciones como resultado de nuestras políticas agrícolas y comerciales.

Japón es prácticamente un desconocido en África. El 80 por ciento de su inversión en África va a Egipto y África del Sur y sólo el 0,4 por ciento de la inversión exterior de sus empresas esta dirigida al África subsahariana. Para las empresas japonesas la mayoría de los países africanos están demasiado lejos y son demasiado peligrosos.

¿Podrá el gobierno japonés, que no tiene los resortes que le da a China su sistema político, inducir una presencia mayor de sus empresas y a la vez demostrar más preocupación por el desarrollo socioeconómico africano? Competir con el papel de China en África no es fácil, pero si 40 jefes de Estado han hecho el largo viaje hasta el Extremo Oriente no ha sido para filosofar sobre geopolítica, sino porque ven en su relación con Asia una nueva palanca para impulsar su desarrollo. •

José Borrell
*Presidente de la Comisión de Desarrollo del Parlamento Europeo

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