Nº 791 - 9 de junio de 2008
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Llamar masón al nuncio

por Miguel Ángel Aguilar

La independencia de los periodistas se ha querido medir según las ocasiones por su grado de hostilidad al Gobierno de turno. Pero es una pretensión falaz. Según donde el periodista anide, la actitud crítica hacia el Gobierno deja de ser un acto de independencia para convertirse en un acto de sumisión. Pensemos, por ejemplo, en la época de Luis María Anson como director del ABC verdadero en la que agredir al Gobierno socialista de Felipe González era una forma de puntuar y ganar posiciones en el aprecio del jefe y ascender en la jerarquía. En aquellos tiempos, el acto valeroso de independencia era precisamente el contrario. Porque, en definitiva, donde se miden los periodistas, lo que les acredita como independientes, es en su capacidad para mantener su propio criterio aunque, al hacerlo, disientan de la línea del periódico donde escriben.

Por eso cobra especial valor la actitud de Federico Jiménez Losantos, director del programa La mañana de la cadena COPE, propiedad de la Conferencia Episcopal Española, cuando empuña los micrófonos para llamar masón al nuncio de Su Santidad el Papa en Madrid, monseñor Monteiro. Federico diciendo jaculatorias o rezando el Ángelus perpetraría un acto de sumisión, pero apostrofando al nuncio de masón está demostrando su independencia hasta niveles de gran temeridad. Ahora que a Federico las cañas se le vuelven lanzas hostiles es de justicia hacerle ese reconocimiento. Está por ver qué otro periodista sería capaz de semejante hazaña. A menos que la atribución de esa condición de masón al nuncio la haya hecho nuestro colega pensando hacer un obsequio a su jefe, el presidente de la Conferencia, monseñor Antonio María Rouco.

La hipótesis tampoco puede descartarse de modo radical. Primero, porque nadie ha llamado la atención a Federico por tal atrevimiento. Segundo, porque tampoco se ha visto obligado a retirar esa afirmación ni a ofrecer excusa alguna. Y tercero, porque llaman la atención las manifestaciones de Rouco en el libro de conversaciones con José' María Zavala, que acaba de publicar la editorial Debate bajo el título Alto y Claro. Inquiere el periodista al cardenal si cree que la masonería influye hoy en la laicización y en la pérdida de valores religiosos en España. La respuesta de Ruoco es, por lo menos, desconcertante. Reconociendo que no conoce suficientemente el fenómeno de la masonería en España, y que éste se mueve dentro de los derechos de las personas a asociarse libremente con respeto a las leyes, nuestro cardenal puntualiza: "Realmente a mí no me consta que en este momento las asociaciones surgidas dentro de la masonería en España tengan un programa parecido al de ciertas logias del siglo XVIII en Francia o, incluso, en la España del siglo XIX, de reducir o negar toda presencia pública de la Iglesia en su acción educativa; realmente a mí eso no me consta. Si fuese así, estaríamos de nuevo ante una forma de actuar social y pública inaceptable ética y constitucionalmente. Pero, con sinceridad, no lo sé". El periodista insiste más adelante y le plantea al cardenal por qué un masón no puede ser católico y viceversa. Y monseñor Rouco responde desmintiéndole en estos términos: "La masonería es un fenómeno muy complejo. Es verdad que, hasta el Concilio Vaticano II, en la disciplina canónica de la Iglesia no era compatible vivir plenamente la comunión de la Iglesia con la pertenencia a una sociedad secreta más o menos conocida y expresada con la palabra masonería".

Y añade que "en el nuevo Código del Concilio Vaticano II no se hace alusión expresa a este tipo de asociaciones secretas. (...) Ciertamente, tampoco ha quedado totalmente despejada (...) la posibilidad de pertenencia a una de esas sociedades y el mantenimiento simultáneo de la condición de católico". O sea, que lo de masón puede que para Rouco esté lejos de constituir una descalificación y el nuncio nada tenga que reprochar a la COPE de Federico. Acabáramos.•

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