Nº 791
9/6/2008

Gallardón a hombros de Rajoy o una carrera de relevos

La gente tranquila, moderada y de espíritu abierto y constructivo tiene motivos para agradecer a Mariano Rajoy sus esfuerzos por centrar al Partido Popular.  “El PP  –ha dicho– debe estar en la centralidad política y dialogando "con todo el mundo", en vez de estar "situado en una esquina".  Y tiene razón: en una esquina no se ganan las elecciones.

Tampoco es seguro que las pueda ganar si se excluye la derecha extrema que, hasta ahora, no ha encontrado motivos apremiantes para abandonar la gaviota alumbrando una nueva formación de ultradercha, sin complejos ni mezcla de centro alguno. Supongo que el gallego canta en la ducha la copla: “Ni contigo ni sin ti tienen mis males remedio”.

El presidente del Partido Popular es lo suficientemente perspicaz para comprender su debilidad como líder de la oposición en una legislatura en la que tendría que desdecirse de todo lo dicho y deshacer todo lo hecho en la anterior. Por ello me barrunto que prepara su propio relevo aupando en sus hombros al compañero que más votos puede conseguir, una inequívoca referencia de centro-derecha o, simplemente, de derecha civilizada: Alberto Ruiz-Gallardón.

El problema del alcalde de Madrid es que, siendo el caballo con más posibilidades en la carrera electoral –contaría no sólo con el apoyo de la derecha moderada, sino también con mucha gente de la izquierda igualmente moderada–, no ha tenido hasta ahora la posibilidad de batirse en las urnas porque se lo ha impedido el aparato de su partido. En mi opinión, Mariano Rajoy podría haber asumido el papel de sacar a Alberto Ruiz-Gallardón de las catacumbas integrándolo con la mayor naturalidad en el cuartel general de la calle Génova de Madrid.

La operación pudiera estar planteada en dos fases de duración indeterminable: en la primera, Rajoy depura el partido de los ultras y, en la segunda, se produce la elevación de Gallardón a los cielos como candidato a la presidencia del Gobierno en 2012. Si así fuera, el gallego pasaría a la historia: es el perdedor el que da un giro al partido y se hace el haraquiri en beneficio del compañero que suele ser un lobo para el compañero. Una persona capaz de tan excelso sacrificio no sólo pasaría a la historia por lo insólito de su operación, sino que además sería elevado a los altares como los cristianos que los romanos echaban a los leones. Mariano Rajoy, virgen y mártir.

¿Qué posibilidades tendría Gallardón de ganar en 2012? Es una pregunta imposible de contestar en estos momentos pero, si no se produce en tan largo periodo algún hecho que hoy no podemos prever, creo que sería un formidable adversario para José Luis Rodríguez Zapatero. Es probable que la gente más ultra se quedara en casa, aunque me parece que en la mayoría predominaría el voto útil, el visceral imperativo de desalojar de La Moncloa al socialista. En todo caso, las defecciones que pudieran producirse por la extrema derecha serían más que compensadas con la afluencia de gente de la izquierda moderada.

Es difícil imaginarse la situación en una fecha tan lejana políticamente, pero el actual presidente del PP tiene esa fecha, 2012, como referencia fundamental para su proyecto. Por muy agresivos que se muestren algunas figuras de referencia del PP, los partidos son muy pragmáticos y tragarían con Gallardón si se convencen de que es la figura que pueda atraer el apoyo de más ciudadanos que les permita recuperar el Paraíso.

No tengo ninguna información de primera mano sobre las intenciones del presidente del Partido Popular, pero hay signos que parecen avalar esta hipótesis. Me da la impresión de que la contumaz resistencia de Esperanza Aguirre se debe al mismo presentimiento. Dudo que la presidenta de la Comunidad de Madrid sostenga una ideología contraria a la del alcalde pero, como explica con admirable agudeza Lucía Mendez en su libro Duelo de Titanes, la carrera política de la presidenta se ha hecho sobre la negación radical del alcalde de Madrid. Se afirma negándolo. Aguirre es poco más que una enmienda a la totalidad de Gallardón. Cualquiera menos Alberto, parece ser su lema, tal como pudimos ver cuando, el 15 de enero, bloqueara las aspiraciones de su contrincante a ocupar un escaño en el Congreso de los Diputados.

José García Abad


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