Los experimentos, con gaseosa
Cerca de tres meses después del
9-M, el Centro de Investigaciones Sociológicas ha deparado a Rodríguez Zapatero una reconfortante sorpresa. ¿Sorpresa? Bueno, sólo hasta cierto punto se puede denominar así porque los resultados del OS confirman una obviedad: las derrotas siempre son amargas y los vencidos acostumbran a arrojarse los trastos a la cabeza. El espectáculo bélico que exhibe el PP es inconmensurable.
En la actualidad, el PSOE estaría en voto directo a 16 puntos por encima de la derecha y, en voto ponderado, a seis, casi el doble de los sufragios conseguidos el 9 de marzo. El nuevo Gobierno, por lo demás, ha causado buena impresión en el 55 por ciento de los ciudadanos. Únicamente ha suscitado mala impresión entre el 21 por ciento de los encuestados.
Más de la mitad de los españoles considera que el Gobierno Zapatero goza de una sólida cohesión interna. Este dato todavía agranda más la crisis por la que atraviesa el PP, que ha puesto de manifiesto que un partido tan compacto y avenido —dispuesto con firmeza a frenar la ruptura de España— está él a punto de quebrarse.
La diferencia de valoración, o de confianza, entre el presidente del Ejecutivo y el líder de la oposición continúa siendo abismal y da la impresión de que es imparable. Zapatero dispone de la confianza del 46 por ciento de la población. Rajoy ha de confirmarse con un escuálido 20 por ciento.
La valoración de los ministros también es halagüeña para el PSOE. La vicepresidenta, Fernández de la Vega, se sitúa con un cómodo 5'75 por ciento. Carme Chacón —la ministra/ mamá estrella— alcanza el 5'73. Aprueban ministros escasamente conocidos, como Bibiana Aído, Corbacho, Cristina Garmendia o Beatriz Corredor, y, asimismo, ministros muy conocidos: Rubalcaba y Pedro Solbes. Ocho rozan el aprobado.
Es curioso comprobar cómo Aído, Corredor y Garmendia rebasan el aprobado, cuando sus nombres para la mayoría de los ciudadanos son aún anónimos o casi. En el horizonte, sin embargo, se observan nubarrones tormentosos. El CIS corrobora que el paro, la economía y el terrorismo son los tres grandes problemas de los españoles.
El paro va asociado a la marcha de la economía. Y ésta rebasa con creces la capacidad del Gobierno para dar un vuelco positivo a la situación. Mientras, el terrorismo sigue siendo una insoportable pesadilla. La economía, el paro y el terrorismo ofuscan en parte el optimismo de los vencedores del 9 de marzo y de la mayoría de ciudadanos que se alegraron del batacazo del PP y del triunfo socialista.
Pero otras circunstancias, menos perceptibles, auguran turbulencias para Zapatero. El primer brote de malestar fue el caso Taguas, resuelto de forma deficiente por el Gobierno. Luego habría que tener presente a la ministra Garmendia. Su currículo es fascinante, como narra EL SIGLO en su reportaje de portada. La trayectoria académica y profesional de Garmendia la ubica por encima de la media.
Es investigadora en el ámbito de la biología molecular, ha sido alumna del IESE (Universidad de Navarra), saltó al mundo de la empresa e incluso ha pertenecido a la directiva de la CEOE. Nada que decir. ¿Es una apuesta valiente? Como mínimo, exótica para un Gobierno de izquierdas. E indescifrable. Puede constituir un éxito. O terminar como el rosario de la aurora. Evoquemos aquella frase de Eugenio D'Ors cuando un camarero novato le abrió una botella de champán que se derramó sobre su traje. El camarero se disculpó. D'Ors le recriminó: "Los experimentos, con gaseosa".•
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