Jesús Caldera, miembro de la Ejecutiva Federal
del Partido Socialista
"EL PSOE PUEDE EJERCER
DE VANGUARDIA EN EL
PROGRESISMO MUNDIAL"
Si está decepcionado, no se le nota. En su nuevo despacho de la sede socialista de
Ferraz, Jesús Caldera asegura que "desconectó" de ser ministro al día siguiente de
dejar el cargo y se muestra entusiasmado con su encargo de crear una
macrofundación de ideas para el PSOE. Añade que no habrá problemas con
González ni con Guerra porque en su proyecto, que puede poner a su partido en la
vanguardia ideológica del progresismo en el mundo, va a haber sitio para todos.
Afirma mantener un "entendimiento muy elevado" con Zapatero y "no tener ni
idea" respecto a su futuro dentro de un par de años. Entiende la renovación de
dirigentes, aunque pide que se juzgue por la valía antes que por la edad.
P
Por Inmaculada Sánchez
Pocos se creen en su partido que la macrofundación que le encargó poner en marcha Zapatero llegue a ser una realidad. ¿Usted sí?
—Por supuesto. Pero no importa tanto el continente como el contenido. Estoy seguro que todo el mundo en el partido quiere tener un buen instrumento para el análisis. El socialismo democrático sólo depende de las ideas y los valores que las sostienen para cambiar el mundo. Entonces es vital. Estoy convencido de que, como no sobra nadie y cabe todo el mundo, va a salir adelante.
—Sin embargo, hace pocos días Felipe González habló de la Fundación Alternativas como el verdadero think tank progresista del país...
—Sí, Alternativas es un buen think tank, pero necesitamos todavía más. En esto de las ideas, la producción ideológica, tengo la impresión de que "la mies es mucha y los segadores pocos". Cuantos más haya, mejor. El PSOE, ahora, puede jugar un papel de vanguardia en el movimiento progresista mundial. Hemos sido adelantados en saber detectar las necesidades de la sociedad, entreellas la política de igualdad entre hombre y mujer, que es esencial para el futuro. No tenemos un laboratorio de ideas tan potente como podíamos tener.
—Felipe González, como presidente de la Fundación Progreso Global, y Alfonso Guerra, al frente de la Pablo Iglesias, tendrán que colaborar. ¿Ha hablado ya con ellos?
—La ponencia marco del próximo congreso propone unificar todas las fundaciones en las que participa el PSOE. Si sus propietarios, que son los militantes, lo deciden en el congreso, habrá una sola fundación. Las actuales no perderán su papel: estarán integradas en la nueva. Es posible que dejemos algunas áreas especializadas a modo de institutos. Blanco, que es el competente en
esto a nivel orgánico, es quien está desarrollando las conversaciones. Pero no va a haber ningún problema, ya lo verán.
—Hace cuatro años ya se intentó algo parecido y Alfonso Guerra se resistió...
—No va a haber problemas. Estamos en un momento distinto. todo el mundo lo va a entender. De hecho, ya estoy organizando para junio una reunión sobre la crisis alimentaria mundial. Y estoy gratamente sorprendido de la cantidad de personalidades que quieren colaborar con nosotros. Todo el mundo lo va entender. Hablamos de sumas, no de restas.
—¿Cuánto tiempo se ve a sí mismo al frente de esa nueva fundación?
—No tengo ni idea. Ni siquiera sé si estaré yo al frente. El presidente me pidió personalmente que me hiciera cargo de ponerla en marcha y yo lo he aceptado. Hablé con él de un año y medio, dos años... Luego, no sé qué ocurrirá. Me gusta ser realista. También me pidió estar en la dirección del partido que salga del congreso para poner en marcha esta iniciativa. Después, ya veremos.
—No descarta, por tanto, volver a sentarse en el Consejo de Ministros.
—No tengo ni idea. No puedo descartar ni lo uno ni lo otro. Pero, de momento, no me veo. ¿En el futuro? No lo sé. ¿Y si me canso de la política?.
—Últimamente parece que se está extendiendo una epidemia entre dirigentes socialistas como usted. También José Blanco ha dicho que podría estar pensando en irse, como Rubalcaba dijo antes de las elecciones. ¿Qué les pasa?
—Es algo normal. Le cuento una anécdota. Tengo un grupo de amigos que vamos a la montaña, y no son políticos. Un día, después de haber dejado de ser ministro, hacíamos una subida bastante dura en la sierra de Béjar, mi pueblo. Y uno me dice: "Sabes lo que te digo, que no te preocupes, porque hay vida fuera del gobierno. Bueno, en realidad yo creo que la vida está fuera del gobierno". Me hizo una gracia enorme.
—¿Cuándo supo que no iba a continuar en el Gobierno?
—El día que me lo dijo el presidente, que fue un día antes de hacerlo público.
—¿No parece estar empezando a nacer una especie de "vieja guardia" de Zapatero?
—No. Nosotros, en el 2000, cuando iniamos aquello de Nueva Vía lo hicimos sobre un proyecto, que es lo importante. No las personas. De aquello surgió el liderazgo, del liderazgo, las propuestas a la sociedad y. luego, la sociedad te da, o no, su confianza. Así ha sido. Esto es un proceso permanente de renovación. Esas expresiones que usted dice no las veo, no me gustan. Tenemos un proyecto y un gran partido. Yo, ahora, estoy ilusionado y satisfecho con lo que tengo que hacer. Así es la vida.
—En una entrevista ha dicho que no se ha peleado con el presidente. ¿Pero mantienen la misma confianza que hace cuatro años?
—Sí. Aunque yo tengo presente que ser presidente del Gobierno no es ser secretario general del partido sólo. El presidente ocupa un espacio muy complejo y hay menos tiempo para hablar con él que el que yo tenía antes. Le pasará a todo el mundo. Pero nos entendemos bastante bien. Yo estoy en la dirección del partido y hablo con él cuando es necesario. A mí no me gusta molestar. Y tenemos una amplia afinidad, hasta ahora. No sé lo que ocurrirá en el futuro. Yo soy un librepensador. Zapatero ha representado muy bien los valores del proyecto que iniciamos, y lo sigue haciendo. El entendimiento es muy elevado, pero el presidente tiene que saber que, cuando hay diversidad de opiniones, hay que transmitírselas, y, desde luego, yo lo voy a hacer.
—¿Sabe ya cuál va a ser su puesto en la nueva ejecutiva?
—Será una secretaría dedicada al impulso de la fundación. Tendrá un nuevo nombre –antes se llamaba de "Estudios y Programas"–, y aún estamos viendo cuál. Cubrirá todo el campo ideológico. De hecho ya he preparado, con el equipo que estamos montando, la ponencia marco del congreso.
—¿Qué novedades aporta la ponencia?
—Es una ponencia nada habitual. Es muy estratégica. Hemos buscado los grandes retos que amenazan a la humanidad y hemos visto si pueden convertirse, en lugar de desastres, en oportunidades. Aunque cada vez queda menos tiempo, como con el cambio climático. El texto analiza el modelo de producción, que está cambiando rápidamente, ahora basado en el conocimiento, y busca que no genere desigualdades. Hay que poner reglas, para combatir el cambio climático o para equilibrar el acceso al conocimiento. También miramos a la nueva sociedad, que necesita más democracia, y estimulamos al ciudadano para que ejerza su autorresponsabilidad.
—Visto el nuevo gobierno y el reparto de portavocías en el grupo parlamentario. ¿Detecta a una nueva generación de dirigentes impulsada por Zapatero?
—En parte sí. Y creo que es una buena forma de hacer las cosas. Sería poco responsable no ver que las cosas cambian. Hay que ir abriendo nuevos espacios a la gente más joven. No puede haber generaciones tapón. El mix, la mezcla, es buena. Pero hay que juzgar a la gente por su valía, no por su edad.
—Usted que conoce a Zapatero. ¿Es verosímil pensar que, tras esta renovación, se esconda una operación "sucesoria"? ¿Podría estar pensando el presidente en irse en 2012?
—No lo creo. Aparte de que en este partido no hay sucesiones, sino renovaciones democráticas. El tiempo que vaya a estar José Luis es una decisión muy personal. Mi opinión es que ahora el partido le necesita y todavía tiene mucho recorrido.
—¿Tras cuatro años en La Moncloa, qué cree que ha aprendido el presidente de cara a esta legislatura?
—Ha ganado madurez pero no ha perdido un ápice de utopía. En los debates del Consejo de Ministros sobre temas sociales siempre me daba la razón y se situaba en la parte, por así decirlo "más social". Al menos mientras yo estaba en el Gabinete.
—Eso no parece cuadrar mucho con haber permitido el "caso Taguas".
—Yo creo que él tiene muy claro lo que supone la norma como elemento regulador en igualdad. La norma es la norma y yo le doy credibilidad al informe de Administraciones Públicas. Se trata de una decisión personal que yo, que siempre he preferido la actividad pública, nunca tomaría, pero hay que guiarse por la norma. • |