Nº 790 -2 de junio de 2008
 
Hemeroteca Esta semana Lista Curioso

Del cardenal Martini y del cardenal Cañizares, amo y señor de Toledo

 

La Iglesia debe tener el valor de reformarse”, exige en el reciente libro Coloquios nocturnos en Jerusalén el cardenal Carlo María Martini, una de las últimas esperanzas de que en el Vaticano haya por fin un Papa más pendiente de ser coherente con las enseñanzas de Jesucristo que de los asuntos terrenales y los prejuicios farisaicos que han transformado, a lo largo de los siglos, a la Iglesia católica en algo ajeno a la inmensa mayoría de los seres humanos, creyentes o no. Pero la edad de Martini, 81 años, y su estado de salud no propician en absoluto que él llegue a ser el sustituto de Benedicto XVI.

Juan G. Bedoya, periodista de El País especializado en temas religiosos, escribía el pasado domingo 25 de mayo: “Con elogios al reformador protestante Martín Lutero, el cardenal le pide a la Iglesia católica “ideas” para discutir hasta la posibilidad de ordenar a viri probati (hombres casados pero de probada fe), y a mujeres. También reclama una encíclica que acabe con las prohibiciones de la Humanae Vitae, emitida por Pablo VI en 1968 con severas censuras en materia de sexo”.

Tal como está en la actualidad la cúpula de la Iglesia católica, primero con Juan Pablo II y ahora con Benedicto XVI, además de las vacilaciones y escrúpulos del citado Pablo VI, las propuestas de Martini parecen un bálsamo salvífico, un oasis de humanidad, un bien divino. Me temo que un regalo inalcanzable. Martini, como algunos clérigos  y seglares partidarios de la Teología de la Liberación, viene a ser la voz que clama en el desierto. Nadie le hace caso entre aquellos que ocupan los puestos de mando en la Santa Sede. Queda de referente para sectores marginales del cristianismo, cristianos de base, cristianos por el socialismo y otros movimientos utópicos tan dignos como por desgracia estériles.

Martini es la excepción que lamentablemente confirma la regla. Al día siguiente de la publicación del referido reportaje de Bedoya, el mismo periodista narraba que “el ala dura de la Conferencia Episcopal impone intransigencia frente al Gobierno” y puntualizaba que “los cardenales Rouco y Cañizares aprovechan la festividad del Corpus para denunciar que en España “no hay libertad religiosa” y que se quiere “declarar la muerte de Dios””. Continúan los prelados españoles más radicales en sus principios cavernarios diciendo disparates, provocando a la ciudadanía y arremetiendo contra el Gobierno. Los más moderados apenas levantan la voz, tienen miedo a represalias, les produce pánico gritar basta. No hay en España, en este momento, un Martini, uno solo, en el Episcopado ni menos aún entre los que lucen birrete cardenalicio.

Cañizares, amo y señor de Toledo y de las conciencias de sus feligreses, andaba irritado el día de la celebración del Corpus. Según El País, “un pasacalles festivo la víspera del Corpus, contratado por el Ayuntamiento de Toledo (PSOE), fue el desencadenante del enfado del cardenal arzobispos Antonio Cañizares, que acusó al Gobierno de no respetar la libertad religiosa y al desfile de “agredir la fiesta del cuerpo de Cristo””. La presidenta regional del PP, María Dolores Cospedal, y la portavoz popular en el Ayuntamiento de Toledo, Paloma Barredo, cerraron filas con Cañizares. Barredo declaró: “No era sólo el cardenal, todos los que le rodeaban estaban muy indignados. Hay que respetar la libertad de todos. El Corpus en Toledo es un tema muy delicado. Hay mucha sensibilidad religiosa”.

En el Ayuntamiento de Toledo, su alcalde, Emiliano García-Page, se puso a la defensiva: “Monseñor Cañizares debía estar enfadado por alguna otra cosa para decir lo que dijo. Había algunas alegorías de la Virgen que no podían resultar ofensivas. Parece ser que les ha ofendido la representación en general”. Gaspar Llamazares, el líder cuestionado y con fecha de caducidad de IU, fue más lejos: “Se quejan de vicio. Ningún Gobierno, tampoco el anterior, ha dado un paso sustancial para separar la Iglesia del Estado. Vivimos en un Estado seudoconfesional. Todo esto me parecen quejas preventivas para mantener privilegios y les funciona muy bien”.

Los cómicos que montaron el espectáculo del pasacalles merecieron de Cañizares la calificación de “blasfemia” Se trataba de un auto basado en la danza de la muerte del Siglo XV. Por las calles de la procesión del Corpus, horas antes de que fueran ocupadas por Cañizares y sus capellanes, habían desfilado jóvenes actores y actrices, con la Virgen incorporada. Ni eso. La fiesta era la del Corpus y era sólo para los católicos ortodoxos. La directora de la compañía, Eva de Palacio, reconoció: “No se puede hacer nada en Toledo”. Hace unos meses un concilio ateo topó contra el boicot municipal. El alcalde puso todas las trabas posibles a esa asamblea. En el reino de Cañizares no hay quien defienda el laicismo, el pluralismo y las libertades para todos, también para los agnósticos, los ateos o los desengañados de una religión que, en la práctica, rechaza a cardenales como Martini y jalea a Cañizares. Dios nos coja confesados.

Luis G. del Cañuelo

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