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Nº 790 - 2 de junio de 2008

Crisis alimentaria y dieta

La grave situación alimentaria mundial y sus consecuencias humanitarias y políticas nos están haciendo tomar conciencia de que el mayor desafío de este siglo será alimentario. Y es que, en este caso, se trata de algo más que compasión por la suerte de los pobres del Tercer Mundo porque, por primera vez, la subida de los precios agrícolas nos afecta directamente planteando la cuestión de la seguridad alimentaria y el coste de los alimentos en los países ricos.

Después de 40 años de tendencia a la baja de los precios de los cereales, dos años de un déficit menor del 10 por ciento, justo cuando aumentaba la demanda de los países emergentes y los accidentes climáticos habían disminuido los stocks, ha provocado un alza de precios amplificada por la especulación financiera. Hoy, otros 100 millones de personas pueden añadirse a los 850 millones de mal nutridos. En 2050, cuando la población alcance los 9.000 millones, habrá que alimentar a un 50 por ciento más de seres humanos.Y la mejora del nivel de vida y la emergencia de nuevas clases medias en países de gran población están cambiando la dieta alimentaria y la demanda agrícola. En China, por ejemplo, la población urbana, que aumenta en 15 millones o 20 millones de personas al año, consume tres veces más carne que la rural.

Así es, pero hay que tener mucho cuidado en cómo se dice, evitando confundir culpa con causa. Puede parecer que responsabilizamos de la escasez y de la carestía de los alimentos a los pobres de la Tierra, queapenas ahora pueden empezar a comer, no slo más, sino mejor.

Así ha ocurrido con la agria polémica entre EE UU y la India, que empezó cuando el presidente Bush citó como una de las causas del aumento de precios la prosperidad de la clase media india. La respuesta fue recordarle que los estadounidenses consumen de media un 50 por ciento más de calorías que los indios; que con lo que se gastan los norteamericanos en liposucciones para eliminar su exceso de grasa se podría alimentar al África subsahariana, y sugerirles que se pongan a dieta para acabar con el hambre en el mundo.

Y es cierto. Los estadounidenses consumen 3.770 calorías al día, más que en ningún otro país, y los indios, 2.440. Son también los que consumen más carne de vacuno per cápita, la más costosa de producir en términos de agua y calorías. De manera que la responsabilidad del problema no se puede atribuir al último que ejerce su derecho a la alimentación, sino a los que llevan tiempo haciéndolo en exceso.

Para la clase política y académica de la India, su prosperidad no es la causa de la actual crisis alimentaria, sino que otras razones son tanto o más importantes: el declive del dólar, el aumento del precio del petróleo, el uso de tierra cultivable en EE UU y Europa para la producción de biocombustibles, los manejos especulativos del sistema financiero y las subvenciones a las exportaciones que han destruido la producción agrícola en África.

Todas estas causas influyen en mayor o menor medida, pero la airada llamada a ponerse a dieta de los indios a los norteamericanos refleja otro problema: ¿es posible que toda la humanidad adopte una dieta alimentaria tan rica en proteína animal como la nuestra?

Parece que no. La producción de carne se ha multiplicado por cinco desde el final de la Segunda Guerra Mundial y se estima que se doblará en los próximos 20 años. Pero nuestros sistemas de ganadería industrial ya consumen el 60 por ciento de la cosecha mundial de cereales, básicamente maíz y soja, que podrían resolver de sobras el problema de los 850 millones de desnutridos.

Si Malthus levantara la cabeza, creería que la competición por los alimentos escasos no es entre humanos, sino entre humanos y animales .Y, además, nos diría que la producción de carne no es "rentable" en términos de balance de recursos (tierra, agua, calorías vegetales). A la cría y producción de alimentos para el ganado dedicamos tres cuartas partes de las tierras agrícolas mundiales; para producir 100 gramos de vacuno hacen falta 25.000 litros de agua y una caloría de su carne necesita 17 calorías vegetales. Aunque otras carnes son menos exigentes (para el pollo y el cerdo la relación es de 4 a 1), parece evidente que 9.000 millones de personas no pueden comer los 100 kilos de carne/persona al año que consumimos en el mundo desarrollado.

La exigencia de los indios a los estadounidenses para que se pongan a dieta nos recuerda que el modo de vida occidental tendrá que modificarse porque no es sostenible en términos ecológicos ni políticos.•

José Borrell
*Presidente de la Comisión de Desarrollo del Parlamento Europeo

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