Valores políticos de igualdad
Carme Chacón, ministra de Defensa, y Miguel Barroso, director general de Casa América y ex secretario de Estado de Comunicación, predican el concepto de igualdad entre hombres y mujeres —que tanto defiende el presidente del Gobierno, José Luís Rodríguez Zapatero— con el ejemplo. Han decidido repartirse a partes iguales el permiso de maternidad/paternidad con motivo del nacimiento de su hijo Miguel. Las 16 semanas de baja que concede la legislación se dividirán en este caso a medias.
Zapatero parece tener, al respecto, las ideas claras. Su propósito de llevar a la práctica tales ideas es irrenunciable. En el libro Examen a Zapatero, escrito por el catedrático de Política y Valores Humanos en la Universidad de Princeton (EE UU), Philip Pettit —el más influyente gurú ideológico del presidente socialista—, le dice a su discípulo: "Usted ha adoptado en los últimos años un amplio conjunto de políticas y medidas concretas, que incluyen (...) la Ley de Protección Integral contra la Violencia de Género (...), el matrimonio entre personas del mismo sexo, la Ley de Promoción de la Autonomía Personal (llamada Ley de Dependencia), la Ley de Igualdad entre hombres y mujeres (...) Sé que usted cree que estas políticas reflejan valores políticos de igualdad (...) Pero, claramente, muchas de ellas entran en conflicto con ciertas posiciones sostenidas por la Iglesia y por otros grupos sociales (...) Después de todo, ese camino ha generado una airada y vocinglera oposición".
En enero de 2008 —a dos meses de las elecciones—, el libro de Philip Pettit salió a la calle. Entonces, en efecto, se vivía un clima por parte de la derecha de "airada y vocinglera oposición". De hecho, así se había comportado la oposición conservadora desde casi la misma noche del 14 demarzo de 2004, una fecha singularmente fatídica para el Partido Popular. Desde sus diversos sectores o frentes —el genérico o sociológico, el religioso, el político y el mediático— la derecha española volvió por sus fueros y esgrimió, día a tras día, la piqueta con tanto furor como perseverancia e intensidad, dispuesta a derrocar al Gobierno impostor.
Sin embargo, a partir del 9 de marzo del año en curso, la oposición ha desaparecido del mapa. Ni está ni —por el momento— se la espera. Se halla inmersa en sus ajustes de cuentas, en sus batallas cainitas y en sus contradictorios proyectos de futuro. Se ha autodestruido. Con todas las salvedades y matices que se quiera, que no son pocos, conviene señalar que una parte del PP —la parte que paradójicamente dirige, a pesar del asedio, Rajoy, el que fuera el Gran Capitán de la crispación permanente— ha optado por cambiar de estrategia y renunciar al Apocalipsis como único e infalible remedio frente a los males de la patria, provocados por Zapatero.
Zapatero debe aprovechar la tregua que le pone en bandeja el PP a causa de su crisis para consolidar los derechos civiles ya conseguidos y ampliarlos aún más. Y también a causa del hecho —ciertamente relevante— de que quienes cortan en la actualidad el bacalao, en Génova 13, son partidarios, o dicen serlo, de la moderación y no de la bronca sistemática frente a cualquier reforma impulsada por el Ejecutivo. Todas las iniciativas de Zapatero mencionadas por Pettit—incluidos los matrimonios homosexuales— son asumibles, aun con retoques, por una derecha moderna y no clerical. No deberían olvidar algunos que el aborto en Francia fue legalizado en 1975, siendo presidente de la República Giscard d'Estaing con un Gobierno conservador liberal. •
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