Expendiente a un diputado de Izquierda Socialista y
profundo malestar en el Grupo Parlamentario
TAGUAS DIVIDE AL
PARTIDO SOCIALISTA
Nadie lo hubiera previsto. Tras la rotunda victoria del pasado 9-M, la profunda
crisis en la que está sumergido el Partido Popular y la práctica ausencia de
oposición al actual Gobierno, pocos hubieran apostado por que el primer problema
del Grupo Parlamentario Socialista en la nueva legislatura naciera de sus propias
filas. Pero así ha sido. Y aún está por determinar el alcance del mismo. El
denominado caso Taguas, esto es, el fichaje por el lobby de los grandes
constructores, Seopan, del anterior director de la Oficina Económica de Moncloa,
David Taguas, ha forzado al PSOE a solicitar la ayuda de CiU para no perder su
primera votación en el Congreso frente a la censura de IU. El malestar en el grupo
por el caso amplía la distancia entre el partido y el nuevo Gobierno de ZP.
Por I. S.
Todo empezó con la salida de un ex alto cargo del anterior gobierno socialista. Tras la victoria, hubo reordenación en el complejo monclovita y David Taguas, un reputado economista que había llegado a los codiciados despachos de asesoría del presidente del Gobierno de la mano de su antiguo jefe y amigo, Miguel Sebastián, aupado ahora a la categoría de ministro de Industria, abandonaba su despacho y buscaba nuevo trabajo al margen de la nueva Administración. Aunque, quizá, no tan al margen.
Nada en política es casual y que fuera precisamente el lobby empresarial de las grandes constructoras, la potente Seopan, quien ofreciese a Taguas su vacante puesto de presidente inmediatamente después de las elecciones, no requiere sesudos análisis explicativos para una mayoría de los diputados socialistas que la pasada semana se vieron en el brete de votar en contra de una moción de Iniciativa per Catalunya (IC) que censuraba la contratación.
En el seno del grupo socialista aún palpitaba hace unos días la esperanza de que la Oficina de Conflictos de Intereses del Ministerio de Administraciones Públicas no diese el plácet al llamativo fichaje pero hace una semana la ministra Salgado dio a conocer el visto bueno de la Administración, y con él, un inesperado mazazo para los confiados diputados del PSOE que venían viviendo el inicio de esta legislatura como unas descontadas "vacaciones".
Aún más. El descontento rumiado en privado tuvo que salir a la luz la semana pasada debido a la moción presentada por Iniciativa per Catalunya que censuraba el fichaje de Taguas y requería una modificación de la Ley de Incompatibilidades que incluyese a las asociaciones empresariales entre los destinos vetados a ex altos cargos. Esta condición de Seopan,había sido, precisamente, el argumento del Ministerio para dar luz verde a la contratación del ex alto cargo monclovita.
Los socialistas más críticos con esta contratación recuerdan que fue el primer gobierno de Zapatero quien hizo bandera de las prácticas éticas de sus miembros y de toda su Administración como seña de identidad de la nueva etapa. De ahí el "Código de
Buen Gobierno" propuesto por el entonces ministro de Administraciones Públicas, Jor- di Sevilla, y aprobado por el Gabinete en el que, entre otros detalles, impedía a los altos cargos la aceptación de regalos de cierta categoría o, como ejemplo más llamativo, hacía pasar a la historia el tratamiento de "excelentísimo" de los ministros que, a partir de entonces, pasaban a llamarse, simplemente, "señores ministros".
Detalles, símbolos. Como le gustan a Zapatero. ¿Y qué hay, entonces, de la señal que casos como el de Taguas envían al ciudadano?. ¿Es que Zapatero ha perdido ya su "olfato mediático" tras cuatro años en La Moncloa? Parecidas cuestiones enrarecen estos días los comentarios de parlamentarios y cargos socialistas que no alcanzan a entender la necesidad del desgaste político que conlleva una operación.cuyo único beneficiario es un particular llamado David Taguas.
Altos funcionarios en la Oficina de Conflictos. En el grupo parlamentario y en el partido se extiende estas semanas, además, la certeza de que en este caso no se está hablando de un "gol" al Gobierno, como suele considerarse a situaciones indeseadas y difícil mente evitables para el Ejecutivo. "Lo de Taguas" ha sido algo "conscientemente permitido", según la mayoría de los consultados.
A ello remite la categoría y los miembros de la Oficina de Conflictos de Intereses del Ministerio de Administraciones Públicas. Dependiente de la Secretaría de Estado para las Administraciones Públicas y bajo la batuta de la Dirección General de Organización Administrativa y Procedimientos, la citada Oficina está al cargo de una subdirectora, nombrada para tal cometido en febrero de 2007 tras la modificación de la estructura orgánica del departamento, ya entonces bajo la gestión de Elena Salgado.
Se trata de Flor María López Laguna, una alta funcionaria del Cuerpo Superior de Administradores Civiles del Estado que ya antes venía desempeñando el puesto de subdirectora de gestión del Régimen de Incompatibilidades de la Función Pública y que llegó a ambos puestos por concurso de méritos, tal como informan desde el Ministerio, al igual que los otros cinco miembros que componen el crucial departamento de dictámenes.
Nadie entiende, pues, dado el caracter funcionaria y jerárquico de la Oficina, que ésta haya podido hacer una "interpretación legal" capaz de sacar los colores al Gobierno sin que nadie, en Administraciones Públicas, le haya conducido por el "lenguaje ético" que impera en la etapa de Zapatero.
Damnificados en el PSOE y el Gobierno. La operación, abiertamente calificada de "indecente" por los voces más críticas, ya está teniendo consecuencias aunque aún no se pueda hablar, abiertamente, de víctimas.
La débil confianza que el ministro Sebastián concita en el seno del PSOE puede considerarse, sin asomo de duda, como una de las primeras. El titular de Industria fue quien llevó a Taguas a Moncloa y a quien todas las miradas remiten como responsable de no haberle impedido, haciendo uso de su relación y ascendente con él, aceptar tan antiestético fichaje.
El ya presidente de los grandes constructores había asesorado como destacado economista que es a la Secretaría de Estado de
Hacienda en los tiempos del Gobierno de Aznar para, posteriormente, recalar en el Servicio de Estudios del BBVA donde, como subdirector, coincidió con Sebastián como jefe y director.
Allí seguía trabajando después de que Sebastián abandonara el banco y se enrolara en el barco de los socialistas de Zapatero aún en la oposición. Sólo cuando Sebastián aceptó encabezar la candidatura para la alcaldía de Madrid, en noviembre de 2006, Taguas atendió la llamada de su amigo para sustituirle en Moncloa como director de la Oficina Económica de Presidencia.
En el grupo parlamentario los únicos que han levantado públicamente la voz han sido los diputados pertenecientes a la histórica corriente crítica del PSOE, Izquierda Socialista, Manuel de la Rocha y Juan Antonio Barrio de Penagos, éste último habitual colaborador de EL SIGLO.
El problema surgió en la crucial sesión de votaciones para impedir que la citada moción de IC saliera adelante. Después de manifestar su desacuerdo en las reuniones de grupo Juan Antonio Barrio pulsó el botón del "sí" a la primera de las tres partes en que se dividía la moción de IC rompiendo, en la práctica, la disciplina de voto del grupo.
Los socialistas ganaron la votación gracias al apoyo de los nacionalistas catalanes —los vascos se negaron a acudir en ayuda de tan antiestético asunto— pero el voto de Barrio quedó registrado y, aunque posteriormente ha explicado reiteradamente que se trató de un error involuntario, el grupo le ha abierto un expediente.
Puede que el citado expediente se resuelva sin consecuencias —si el grupo admite las explicaciones de Barrio sobre su error— pero la confianza de los zapateristas, que esta legislatura dominan sin fisuras las dos cámaras con José Antonio Alonso como comandante en jefe, con los históricos críticos de IS ya se ha visto seriamente dañada.
Izquierda Socialista había conseguido esta legislatura más diputados que en toda su historia. A los citados De la Rocha y Barrio se suma el diputado por Granada José Antonio Pérez Tapias, todos ellos, entusiastas, hasta ahora, del sesgo social del zapaterismo. Sin duda, el "caso Taguas" está marcando un antes y un después en la consideración de ZP entre los socialistas. •
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