Hemeroteca Esta semana
 
Nº 789 -26/5/2008

Laretirada de San Gil profundiza la crisis del PP

RAJOY SE ENREDA EN EL FRENTE VASCO

La crisis del PP ha llegado a un punto de inflexión. Ya no sólo se trata de un enfrentamiento entre marianistas y antimarianistas. Con la dimisión de María San Gil han entrado en escena las diferencias en torno a la situación en el País Vasco y la cuestión antiterrorista, la bandera del partido durante las dos últimas legislaturas. Además, la salida de un referente moral para los populares de la talla de San Gil ha abierto una vía por la que José María Aznar ha entrado en escena. El ex presidente del Gobierno ha opinado por primera vez sobre la situación que vive su partido, reivindicando la defensa de los principios del partido, al igual que San Gil, y creando una situación cada vez más difícil de controlar para Rajoy.

Por Manuel Capilla

E l primero en seguir el ejemplo de María San Gil, apenas horas después de que la ya ex dirigente del
PP vasco anunciara su decisión, ha sido otra persona con una tremenda carga simbólica, José Ortega Lara. El ex funcionario de prisiones, secuestrado por ETA durante año y medio, el mayor tiempo durante el que la organización terrorista ha tenido a una persona retenida, se ha dado de baja del PP tras 21 años de militancia sin explicar, al cierre de esta edición, los motivos de su marcha.

A estas alturas, ya es imposible ocultar la división en el seno del PP entre los partidarios de cambiar de actitud con respecto a los partidos nacionalistas y los inmovilistas, que apuestan por dejar las cosas como están. En Génova son conscientes de que las elecciones las han perdido por la poca conexión que el discurso del PP tiene entre vascos y catalanes. Por ello, la ponencia política para el congreso de junio ignoraba los postulados de San Gil, que defendía la inclusión de una mención expresa al aislamiento de los partidos nacionalistas en general y abertzales en particular, dejando una puerta abierta a un posible diálogo y a un cambio de actitud del partido en esas comunidades.

Así las cosas, los desacuerdos en la redacción de la ponencia, "por diferencias de criterio fundamentales", como afirmó San Gil para argumentar su abandono de la comisión, han terminado por abrir la caja de los truenos, precipitando los acontecimientos y colocando al PP "en el momento más difícil desde su refundación", como explicó Jaime Mayor Oreja.

En un intento de llevar su pulso con Rajoy hasta el final, San Gil manifestó su voluntad, de adelantar el congreso del PP vasco a julio, explicando también que renunciaría a renovar su cargo en él si para entonces no había recuperado la confianza del presidente popular. Sin embargo, San Gil se encontró con que no contaba con buenas cartas para ganarle la partida a Rajoy. En la votación celebrada en el máximo órgano la intención de San Gil de adelantar el congreso salió adelante con un apoyo raquítico. De las 61 personas presentes en la reunión, sólo 28 votaron a favor, evidenciando que menos de la mitad de la dirección del PP vasco está de acuerdo con cómo entiende San Gil el fututo del PP en Euskadi: La división, prácticamente al 50 por ciento, colocaba a San Gil en una situación muy complicada. Tan complicada que ha terminado con su renuncia tanto a su cargo en el partido como a su escaño en el parlamento vasco.

Y mientras Rajoy intentaba cerrar la herida, reuniéndose con San Gil para hacer que recapacitara, el líder del PP veía como José María Aznar entraba en escena para hacerle guiños a los que han levantado la voz para criticar la gestión del presidente popular. Aznar ha manifestado que se encuentra "profundamente disgustado" por las decisiones de San Gil y de Ortega Lara, a los que les ha enviado sendos mensajes mostrándoles su "apoyo y afecto personal", según fuentes cercanas a Aznar citadas por Efe.

El ex presidente del Gobierno rompió su mutismo el pasado lunes para afirmar, en un acto de FAES, que quiere un PP "sin complejos", lo cual, si nos atenemos a cómo utilizó esa expresión durante su etapa de gobierno al obtener la mayoría absoluta, quiere decir que quiere un PP libre de ataduras con los partidos nacionalistas. Además, dio a Rajoy todo un aviso a navegantes señalando que en la vida política "la confianza y la defensa de los principios es siempre esencial", utilizando los términos empleados por San Gil al explicar las razones de su salida de la ponencia política, y dejando muy claro que "siempre hay que procurar jugar con los mejores y además tener la voluntad y la decisión de llamarles y de agruparlos en torno a un gran proyecto".

Lo que no explicó Aznar fue lo que entiende por un gran proyecto, porque desde luego Rajoy tiene uno y volvió a dejarlo claro en un acto ese mismo día junto a uno de sus más firmes apoyos, el líder gallego Alberto Núñez Feijóo. En él Rajoy afirmó ante las preguntas de los periodistas que en "la vida de cuando en cuando hay que moverse". Un ejemplo significativo de la nueva actitud de Rajoy y de la raíz del problema en el PP es que, mientras Esperanza Aguirre había solicitado a José Luis Rodríguez Zapatero que no recibiera al lehendakari en La Moncloa a causa de la aprobación en el parlamento vasco de una moción contra la tortura, el presidente popular se había limitado a señalarle a Zapatero que se sentara con él a dialogar pero sólo para dar un "no a sus ensoñaciones".

Tras conocerse el abandono de San Gil y de Ortega Lara, las críticas de quienes se han venido destacando contra Rajoy no han faltado. Aguirre ha señalado que estamos ante "la confirmación de que algo se está haciendo no mal, sino muy mal" en la dirección nacional del partido. El portavoz en la comisión de Exteriores del Congreso, Gustavo de Arístegui ha afirmado directamente que "Rajoy se está equivocando profundamente".

Sin embargo, Rajoy, resguardándose entre sus fieles ha entrado en el debate de los "principios" esgrimidos por José María Aznar, intentando transmitir calma y seguridad tras la renuncia de San Gil. Durante una charla en la que ha presentado a la dirigente del partido en Castilla-La Mancha, María Dolores de Cospedal, Rajoy ha indicado que "a la mayoría de mi partido no le voy a fallar", y ha asegurado a todos aquellos que tienen "incertidumbres o dudas" que "algunos no hemos cambiado, que algunos tenemos claras las ideas y los principios, que algunos queremos construir y que, como hemos demostrado en otras ocasiones, saldremos adelante. El PP no le va a fallar a quienes le votaron, de ninguna manera".

A lo que sí parece haber hecho caso en parte Rajoy es a las voces que le han venido reclamando que adelante los nombres del equipo que presentará en el congreso de junio. Así, ha admitido ante unos alumnos de una universidad madrileña que contará con Gallardón, pero sin despejar la duda de si será como secretario general del partido. Rajoy ha explicado que todavía tiene que hablar con el alcalde de Madrid.

Evidentemente, si le terminase por ofrecer el puesto de número dos Gallardón probablemente lo aceptaría, pero está por ver la disposición del hasta hace nada proscrito del PP. Y es que Gallardón ya ha dejado claro que pretende seguir al frente del ayuntamiento de la capital, una labor difícil de compaginar con la de atender el día a día del partido. Además, Gallardón sabe que aceptar la secretaría general sería atar su destino al de Rajoy. Un Rajoy que quizás sea ratificado como presidente del PP en el cónclave de Valencia, pero que no tiene ni mucho menos seguro ser el candidato popular en las elecciones de 2012. Cuatro años son muy largos y la resistencia al sucesor de Aznar desde dentro del partido muy fuerte. Gallardón lo sabe, y sabe que si Rajoy termina por abandonar la presidencia del PP a medio o largo plazo con él de segundo ése sería el fin de su carrera política. Por lo menos de la carrera que él mismo se dibujado para llegar a La Moncloa.

Ante este panorama, de lo que no hay ninguna duda es de que Gallardón se empieza a perfilar como uno de los hombres fuertes del nuevo PP, dejando claro que, en su opinión, y por tanto la de Rajoy, "hay que invitar a los partidos nacionalistas" al proyecto de futuro de los populares. Un proyecto de futuro que debe retomar el centro ideológico como "la única solución" para volver a La Moncloa, haciendo del PP un partido "aconfesional".
Sea como fuere, el que Rajoy se atreva a demoler los cimientos antinacionalistas heredados del 'aznarato' es algo por lo que muchos dentro del PP no están dispuestos a pasar. La guerra de nombres ha dado paso a una cuestión mucho más profunda, en la que el partido, como se ha demostrado en el País Vasco, está dividido casi por la mitad. Está por ver si Rajoy es capaz de integrar esas dos corrientes. •


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