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| Nº 789 - 26 de mayo de 2008 |
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Berlusconi (y nosotros)
por Juan Antonio Barrio Una cosa es que la corrección política haga limitar las críticas a las agresiones racistas sucedidas en diversos lugares de Italia y otra es engañarse sobre la responsabilidad política del gobierno Berlusconi y de los partidos que lo integran en esos mismos sucesos. No han dejado de hacer declaraciones incendiarias del tipo de "cazar a los inmigrantes ilegales" o "arrasar los campamentos", tanto Umberto Bossi (Liga de la muy racista Liga Norte) o el posfascista recién elegido alcalde de Roma Alemmano. Parece que a algunos "exaltados" sus palabras no les parecieron simples metáforas. La situación es grave y obliga a poner pie en pared, que diría un castizo, en Europa y en cada país. El próximo año hay elecciones europeas, y la izquierda debería mandar en su programa un mensaje a la vez potente y sin complejos en el tema de inmigración. Con nuestra propia política y sin dejarse llevar, no ya por la forma del mensaje berlusconiano, sino por el contenido de fondo que transmite, halagando los peores instintos para que unos pobres hagan el trabajo sucio de la limpieza étnica sobre los mas pobres. En un país donde al parecer los gitanos ni siquiera tienen derecho a que sus hijos gocen de tarjeta de identidad. A mi juicio los complejos, no ya en este tema sólo, sino en general, empiezan en la izquierda italiana. En unas declaraciones de Walter Veltroni, lider del Partido Democrático, nos explicaba que él no se sentía "de izquierdas, sino reformista". ¿Tan desprestigiada estaba la izquierda italiana que para ser "respetable" tiene que negarse a sí misma? Me parece claro que ese no es el camino. Y que esa actitud implicauna derrota en el campo del debate ideológico que es la primera causa de otras derrotas políticas, incluida la "inmersión" ante la ofensiva berlusconiana en inmigración. ¿Y nosotros? No se puede sino felicitar a Celestino Corbacho, ministro de Trabajo e Inmigración, cuando ha marcado las diferencias: no sólo Berlusconi pretende criminalizar a los inmigrantes ilegales, sino que nuestra política debe ser radicalmente diferente. Personalmente he visto trabajar de cerca a Celestino Corbacho y tengo muy buena opinión de su buen hacer y su sentido común. Algunas líneas maestras son: respeto absoluto a los derechos humanos, considerar las repatriaciones como un fracaso –pues lo que hay que intentar es minimizar la inmigración ilegal– vincular mas su inmigración a contratos enorigen, formación a los inmigrantes legales que puedan quedar en paro, mas fondos municipales para integración y capacidad para aplicarlos discriminadamente, porque los problemas pueden ser –son– muy diversos: hacinamiento (pisos-patera) niños-llave (la madre y el padre trabajan, el niño/a tiene la llave para ir a casa a la salida del colegio) que requieren Aulas de Apoyo, y, muy importante, asegurar a los autóctonos, especialmente a los colectivos y personas más en contacto con la realidad de la inmigración que no van a perder ningún derecho porque se van a ampliar los servicios públicos. En fin, si se actúa en ese sentido probablemente conseguiremos una política creíble y potente: nos jugamos mucho. • *Diputado del Grupo Parlamentario Socialista en el Congreso. |
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