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Nº 788 - 19 de mayo de 2008

Frank Goddio, director de la exposición “Los tesoros sumergidos de Egipto”

“Algunas piezas resuelven enigmas muy antiguos”

 

Por Karmen Garrido

Abrazado por una casi penumbra evocadora de las turbias aguas de las que Frank Goddio y su equipo han ido rescatando a lo largo de doce años de trabajo los 500 tesoros expuestos en 4.000 m de El Matadero, en Madrid, el visitante contempla restos y enigmas sugerentes y, para que el acercamiento sea más intenso, un cuidado despliegue audiovisual desvela la aventura humana, la emoción del descubrimiento, la recuperación y la restauración de estos hallazgos. Frank Goddio acaba de retornar a Egipto y está inmerso en sus nuevos trabajos de búsqueda en el Puerto de Alejandría pero antes de partir, el embajador de Francia en España impuso la Medalla de la Legión de Honor a este arqueólogo submarino, descubridor de las ciudades perdidas de Alejandría, Canopo y Heraclion, por sus 34 años de actividad profesional.

 

Hasta finales de septiembre podremos contemplar en El Matadero de Madrid 500 piezas de gran valor, pero hay que destacar que es la primera vez que el Gobierno de Egipto ha permitido que salgan a la vez tan cantidad de piezas, puesto que hasta la fecha, lo máximo permitido eran 150.

—Así es, se trata de algo totalmente excepcional. Y estas 500 piezas expuestas, proceden principalmente de tres lugares, del gran puerto sumergido de Alejandría y de dos ciudades, ahora sumergidas, la de Heraclion y de la de Canopo, que se encuentran, respectivamente, a siete y a dos kilómetros de las costas del Egipto actual.

—¿Cuantas personas componen el equipo multidisciplinar que dirige? ¿Es preciso que todos sean buceadores?

—El permanente lo forman doce personas –ingenieros, egiptólogos, arquitectos, buceadores y arqueólogos–. Pero durante las operaciones de búsqueda en Alejandría, que darán comienzo este mes de Mayo, se incorporan especialistas en numismática, cerámica, fotógrafos submarinistas y demás, y el equipo aumenta hasta alcanzar las 50 personas. En cuanto a lo de bucear, las piezas recuperadas son estudiadas, restauradas y catalogadas en tierra, así que dos de cada tres miembros del equipo bucean.

—¿Sacar del agua piezas tan grandiosas debe plantear retos técnicos de gran envergadura?

—No resulta nada fácil. En Alejandría, por ejemplo, la profundidad no es mucha, rara vez sobrepasamos los 15 metros, pero la visibilidad es muy escasa. A veces, nos vemos obligados a trabajar casi a ciegas bajo el agua y esto complica mucho las labores de búsqueda, además de ser especialmente fatigoso. Para sacar los colosos trabajamos varias semanas dentro del agua; después son necesarios varios días para subirlos mediante una grúa y una plataforma de 50 toneladas. Después viene la restauración y la de estas piezas ha requerido más de dos años: dieciocho meses para su desalación y en su restauración ha requerido la intervención de un equipo internacional. Pero le aseguro que como a todos nos apasiona este trabajo, olvidamos casi al instante las dificultades. Nuestra mejor recompensa es ver estos tesoros limpios, restaurados, estudiados, catalogados y expuestos como aquí en El Matadero de Madrid.

—Una de las piezas más impresionantes expuestas es la estatua del Dios Hapy.

—Se trata de una estatua extraordinaria, muy sorprendente por su tamaño colosal, ya que normalmente, las estatuas egipcias de dioses no solían sobrepasar el metro y medio de altura porque debían ser introducidas en las Naos, las capillas monolíticas moradas de los Dioses y corazón supremo del Templo. Así que, cuando encontramos en el Templo de Heraclion dedicado al Dios Amón, dios supremo de Egipto, los trozos de esta estatua de granito rosa, los subimos, los fuimos montando y vimos surgir esta estatua de más de cinco metros de altura del Dios Hapy, dios de la crecida del Nilo que aporta abundancia y fertilidad, nos quedamos sorprendidísimos; debe tratarse de la estatua más grande jamás hallada en Egipto.

—Pero no es la única cosa colosal que han hallado, ¿verdad?

—Justo al lado de Hapy, encontramos unas estatuas colosales de un faraón y de una reina y son las mejor conservadas del período Ptolemaico. Pueden verse en Madrid y justo al lado de ellas, se encuentra una estela de 6 metros de altura que pesa 18 toneladas, que descubrimos al norte del templo de Amón. Es la más grande Egipto y su texto, bilingüe, está escrito en jeroglífico y en griego. Todos estos hallazgos indican que este templo tenía una importancia muy considerable para los faraones ptolemaicos por ser el templo de la continuidad dinástica, el lugar donde cada nuevo faraón de esta dinastía venía a recibir del Dios Amón las distinciones de faraón. 

—¿Sus hallazgos tienen el valor añadido de haber aportado luz a épocas históricas y a ciudades desaparecidas de enorme importancia en la antigüedad?

—Así es. Descubrimos la ciudad de Heraclion-Tonis, un enclave casi mítico, de cuya existencia han llegado a dudar algunos historiadores. Y, por ponerle un ejemplo, en esta ciudad hemos hallado una estela de granito negro intacta que resuelve un enigma de más de 2.000 años, ya que Estrabón, el gran geógrafo griego que visitó estos lugares en el 27 a.c. se preguntaba si la ciudad de Tonis había existido y esta estela indica que la ciudad de Heraclion es la ciudad de Tonis. Heraclion era su nombre griego y Tonis, el egipcio. Así que, como ve, algunas de estas piezas aportan precisiones que resuelven enigmas muy antiguos. Otros objetos, nos hablan de la vida cotidiana, de los ritos, de los ocultos…

—¿Han encontrado entre los restos sumergidos objetos rituales o amuletos que demuestren la presencia cristiana en estos lugares?

—En Canopo encontramos lugares con importante presencia cristiana; en el 391, los cristianos que venían de Alejandría destruyeron el gran santuario de Serapis; en el mismo lugar, construyeron el Monasterio del Arrepentimiento y, cerca de él pusieron los restos de San Juan y de San Ciro, que pronto se convertiría en lugar de peregrinaje para todo el mundo cristiano bizantino; aquí, encontramos cruces de oro, joyas bizantinas, una colección extraordinaria de monedas de oro bizantinas que están expuestas en El Matadero. Este lugar extraordinario funcionó muy bien desde el siglo IV al VIII de nuestra Era, cuando desapareció bajo las aguas.

—¿Alguno de sus hallazgos le ha conmovido especialmente?

—Sí, en realidad dos… Uno, la estatua de granito negro de esa reina representada como Afrodita saliendo de las aguas a penas vestida con una túnica transparente húmeda. Se trata de una de las estatuas más bellas del mundo pero que no me conmovió sólo por su belleza, sino por su enorme importancia histórica. La talla de esta escultura fue ordenada por Ptolomeo II, esposo y hermano de la reina Archinoe que quería instituir culto a su hermana que acababa de morir y que había sido nombrada Reina de la Mar. El otro, son unos cuantos objetos que hallé un día realizando una búsqueda puntual cerca del gran muro del templo de Amón. Debajo de un platito de plomo descubrí un ancla de piedra, una estatuilla y dos ánforas de plomo, todas ellas en miniatura. Los objetos estaban como acurrucados unos con otros y se hacía palpable, el gesto de un marino de hace más de 2.000 años que con aquella delicada ofrenda, demostraba su devoción y su agradecimiento por haber podido retornar a casa. Y tal como los encontré, he querido que se expongan en El Matadero. Cuando se encuentran este tipo de cosas, resulta muy emotivo y se percibe un lazo con el pasado.

—Oyéndole da la impresión de que, en más de una ocasión, ha tenido la sensación de “tocar” el pasado. ¿También el futuro?

—Se aprende mucho cuando se está en contacto permanente con la historia; pero, a veces, también se tiene la impresión de estar en contacto con el futuro. Y es que, la historia nos da también información sobre nuestro futuro, porque cuando se ven lugares como la ciudad de Heraclion, que fue el gran puerto de entrada en Egipto, con su gran templo de Amón, el más importante de la región, donde los faraones venían al comienzo de su reinado, que ya existía antes de la fundación de Alejandría y que ahora se encuentra totalmente sumergida a 7 kilómetros de las costas del Egipto actual, uno comprende que los fenómenos climáticos y terrestres nos sobrepasan y nos sitúan en un plano bastante humilde en relación con el futuro, algo que deberíamos tener muy en cuenta y que debería concienciarnos de que hace falta preservar la naturaleza con muchísimo cuidado. 

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