Frank Goddio, director de la exposición “Los tesoros
sumergidos de Egipto”
“Algunas piezas resuelven enigmas muy antiguos”
Por Karmen Garrido
Abrazado por una casi penumbra evocadora de las turbias
aguas de las que Frank Goddio y su equipo han ido rescatando a lo largo de doce
años de trabajo los 500 tesoros expuestos en 4.000 m de El Matadero, en Madrid,
el visitante contempla restos y enigmas sugerentes y, para que el acercamiento
sea más intenso, un cuidado despliegue audiovisual desvela la aventura humana,
la emoción del descubrimiento, la recuperación y la restauración de estos
hallazgos. Frank Goddio acaba de retornar a Egipto y está inmerso en sus nuevos
trabajos de búsqueda en el Puerto de Alejandría pero antes de partir, el
embajador de Francia en España impuso la Medalla de la Legión de Honor a este
arqueólogo submarino, descubridor de las ciudades perdidas de Alejandría,
Canopo y Heraclion, por sus 34 años de actividad profesional.
Hasta finales de septiembre podremos contemplar en El
Matadero de Madrid 500 piezas de gran valor, pero hay que destacar que es la
primera vez que el Gobierno de Egipto ha permitido que salgan a la vez tan
cantidad de piezas, puesto que hasta la fecha, lo máximo permitido eran 150.
—Así es, se trata de algo totalmente excepcional. Y estas
500 piezas expuestas, proceden principalmente de tres lugares, del gran puerto
sumergido de Alejandría y de dos ciudades, ahora sumergidas, la de Heraclion y
de la de Canopo, que se encuentran, respectivamente, a siete y a dos kilómetros
de las costas del Egipto actual.
—¿Cuantas personas componen el equipo multidisciplinar que
dirige? ¿Es preciso que todos sean buceadores?
—El permanente lo forman doce personas –ingenieros,
egiptólogos, arquitectos, buceadores y arqueólogos–. Pero durante las
operaciones de búsqueda en Alejandría, que darán comienzo este mes de Mayo, se
incorporan especialistas en numismática, cerámica, fotógrafos submarinistas y
demás, y el equipo aumenta hasta alcanzar las 50 personas. En cuanto a lo de
bucear, las piezas recuperadas son estudiadas, restauradas y catalogadas en
tierra, así que dos de cada tres miembros del equipo bucean.
—¿Sacar del agua piezas tan grandiosas debe plantear retos
técnicos de gran envergadura?
—No resulta nada fácil. En Alejandría, por ejemplo, la
profundidad no es mucha, rara vez sobrepasamos los 15 metros, pero la
visibilidad es muy escasa. A veces, nos vemos obligados a trabajar casi a
ciegas bajo el agua y esto complica mucho las labores de búsqueda, además de
ser especialmente fatigoso. Para sacar los colosos trabajamos varias semanas
dentro del agua; después son necesarios varios días para subirlos mediante una
grúa y una plataforma de 50 toneladas. Después viene la restauración y la de
estas piezas ha requerido más de dos años: dieciocho meses para su desalación y
en su restauración ha requerido la intervención de un equipo internacional.
Pero le aseguro que como a todos nos apasiona este trabajo, olvidamos casi al
instante las dificultades. Nuestra mejor recompensa es ver estos tesoros
limpios, restaurados, estudiados, catalogados y expuestos como aquí en El
Matadero de Madrid.
—Una de las piezas más impresionantes expuestas es la
estatua del Dios Hapy.
—Se trata de una estatua extraordinaria, muy sorprendente
por su tamaño colosal, ya que normalmente, las estatuas egipcias de dioses no
solían sobrepasar el metro y medio de altura porque debían ser introducidas en
las Naos, las capillas monolíticas moradas de los Dioses y corazón supremo del
Templo. Así que, cuando encontramos en el Templo de Heraclion dedicado al Dios
Amón, dios supremo de Egipto, los trozos de esta estatua de granito rosa, los
subimos, los fuimos montando y vimos surgir esta estatua de más de cinco metros
de altura del Dios Hapy, dios de la crecida del Nilo que aporta abundancia y
fertilidad, nos quedamos sorprendidísimos; debe tratarse de la estatua más
grande jamás hallada en Egipto.
—Pero no es la única cosa colosal que han hallado, ¿verdad?
—Justo al lado de Hapy, encontramos unas estatuas colosales
de un faraón y de una reina y son las mejor conservadas del período Ptolemaico.
Pueden verse en Madrid y justo al lado de ellas, se encuentra una estela de 6
metros de altura que pesa 18 toneladas, que descubrimos al norte del templo de
Amón. Es la más grande Egipto y su texto, bilingüe, está escrito en jeroglífico
y en griego. Todos estos hallazgos indican que este templo tenía una
importancia muy considerable para los faraones ptolemaicos por ser el templo de
la continuidad dinástica, el lugar donde cada nuevo faraón de esta dinastía
venía a recibir del Dios Amón las distinciones de faraón.
—¿Sus hallazgos tienen el valor añadido de haber aportado
luz a épocas históricas y a ciudades desaparecidas de enorme importancia en la
antigüedad?
—Así es. Descubrimos la ciudad de Heraclion-Tonis, un
enclave casi mítico, de cuya existencia han llegado a dudar algunos
historiadores. Y, por ponerle un ejemplo, en esta ciudad hemos hallado una
estela de granito negro intacta que resuelve un enigma de más de 2.000 años, ya
que Estrabón, el gran geógrafo griego que visitó estos lugares en el 27 a.c. se
preguntaba si la ciudad de Tonis había existido y esta estela indica que la
ciudad de Heraclion es la ciudad de Tonis. Heraclion era su nombre griego y
Tonis, el egipcio. Así que, como ve, algunas de estas piezas aportan
precisiones que resuelven enigmas muy antiguos. Otros objetos, nos hablan de la
vida cotidiana, de los ritos, de los ocultos…
—¿Han encontrado entre los restos sumergidos objetos
rituales o amuletos que demuestren la presencia cristiana en estos lugares?
—En Canopo encontramos lugares con importante presencia
cristiana; en el 391, los cristianos que venían de Alejandría destruyeron el
gran santuario de Serapis; en el mismo lugar, construyeron el Monasterio del
Arrepentimiento y, cerca de él pusieron los restos de San Juan y de San Ciro,
que pronto se convertiría en lugar de peregrinaje para todo el mundo cristiano
bizantino; aquí, encontramos cruces de oro, joyas bizantinas, una colección
extraordinaria de monedas de oro bizantinas que están expuestas en El Matadero.
Este lugar extraordinario funcionó muy bien desde el siglo IV al VIII de
nuestra Era, cuando desapareció bajo las aguas.
—¿Alguno de sus hallazgos le ha conmovido especialmente?
—Sí, en realidad dos… Uno, la estatua de granito negro de
esa reina representada como Afrodita saliendo de las aguas a penas vestida con
una túnica transparente húmeda. Se trata de una de las estatuas más bellas del
mundo pero que no me conmovió sólo por su belleza, sino por su enorme importancia
histórica. La talla de esta escultura fue ordenada por Ptolomeo II, esposo y
hermano de la reina Archinoe que quería instituir culto a su hermana que
acababa de morir y que había sido nombrada Reina de la Mar. El otro, son unos
cuantos objetos que hallé un día realizando una búsqueda puntual cerca del gran
muro del templo de Amón. Debajo de un platito de plomo descubrí un ancla de
piedra, una estatuilla y dos ánforas de plomo, todas ellas en miniatura. Los
objetos estaban como acurrucados unos con otros y se hacía palpable, el gesto
de un marino de hace más de 2.000 años que con aquella delicada ofrenda,
demostraba su devoción y su agradecimiento por haber podido retornar a casa. Y
tal como los encontré, he querido que se expongan en El Matadero. Cuando se
encuentran este tipo de cosas, resulta muy emotivo y se percibe un lazo con el
pasado.
—Oyéndole da la impresión de que, en más de una ocasión, ha
tenido la sensación de “tocar” el pasado. ¿También el futuro?
—Se aprende mucho cuando se está en contacto permanente con
la historia; pero, a veces, también se tiene la impresión de estar en contacto
con el futuro. Y es que, la historia nos da también información sobre nuestro
futuro, porque cuando se ven lugares como la ciudad de Heraclion, que fue el gran
puerto de entrada en Egipto, con su gran templo de Amón, el más importante de
la región, donde los faraones venían al comienzo de su reinado, que ya existía
antes de la fundación de Alejandría y que ahora se encuentra totalmente
sumergida a 7 kilómetros de las costas del Egipto actual, uno comprende que los
fenómenos climáticos y terrestres nos sobrepasan y nos sitúan en un plano
bastante humilde en relación con el futuro, algo que deberíamos tener muy en
cuenta y que debería concienciarnos de que hace falta preservar la naturaleza
con muchísimo cuidado. |