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El juicio de la hermana de Doña Letizia abre el debate
de la autocensura en los medios
TELMA DESAFÍA
A LA PRENSA
¿Es posible separar la vida privada de la pública? Esa es la pregunta a la que se va
a dar respuesta en el juicio que Telma Ortiz ha iniciado contra medio centenar de
medios de comunicación, entre los que se encuentra EL SIGLO. En base a ley que
desarrolla el derecho al honor, a la intimidad personal, Telma Ortiz y su pareja,
Enrique Martín Llop, solicitan que se dicten medidas preventivas para que no se
difundan imágenes suyas a excepción de las recogidas en actos oficiales, un hecho
insólito en España. Por su parte, los medios argumentan que aceptar esto supone
institucionalizar una censura previa. Y mientras el tribunal emite su veredicto,
Telma Ortiz está consiguiendo lo que no quería: copar los medios.
Por M.C.
Un vídeo de cuatro horas en el
que se muestra el supuesto acoso del que dicen sentirse objeto
Telma Ortiz y su pareja. Esa fue
la prueba principal que han presentado en
la vista oral del juicio para defender su demanda de que se tomen medidas cautelares que impidan que se sigan difundiendo imágenes sobre su vida privada.
Y es que según su abogado, Fernando Garrido, se ha creado sobre ellos "un morbo que no cesa desde que llegaron a España hace cuatro meses", que ha dado lugar a un "permanente acoso las 24 horas del día" que,
incluso, pone en peligro la "integridad física" de los demandantes. Garrido argumenta la presentación de la demanda, que puede sentar un importante precedente, en que sus defendidos "no son personajes públicos ni por cargo, ni por profesión, ni por haber hecho ostentación pública, ni por parentesco" y lo comparó con el caso de los hermanos de los presidentes del Gobierno, a quienes "nadie conoce".
Por su parte, los representantes del medio centenar de televisiones nacionales y autonómicas, agencias de noticias, revistas y productoras demandadas han coincidido mayoritariamente en esgrimir un argumento. El que la petición de las medidas en defensa de la protección del honor, la intimidad y la propia imagen son "a futuro" y, por tanto, implican una "censura previa" que va en contra de la libertad de expresión consagrada en el artículo 20 de la Constitución.
También se puso de manifiesto el hecho de que la presencia de Telma Ortiz en los medios es una "situación consentida" desde que Doña Letizia contrajo matrimonio con el Príncipe Felipe. Por tanto, no existiría la urgencia que reclama la pareja para que se dicten unas medidas cautelares bajo el supuesto de que "su futura imagen será vulnerada".
Por otro lado, además de poner en tela de juicio el fondo de la demanda, los representantes de los medios de comunicación criticaron que se haya presentado la demanda contra medios que ya no existen o que no se haya incluido en el proceso a otros que publicaron las mismas informaciones.
Al cierre de esta edición, la titular del Juzgado de Primera Instancia número 3 de Toledo, María Lourdes Pérez Padilla, no ha dado a conocer su decisión, que como muy tarde se hará pública este martes. De momento, el fiscal ha dejado claro en la vista que la demanda de medidas cautelares "no debe ser estimada" ya que, "sin perjuicio de reconocer el derecho a la vida privada, la intimidad y la imagen" de aquellas personas que ejerzan un cargo público o tengan notoriedad pública, hay que analizar caso por caso y, en este concreto, las imágenes ya se han difundido. Es decir, sin entrar en el debate de fondo, el fiscal viene a decir que el mal ya está hecho y que lo que existen son ciertas deficiencias en cómo se ha presentado la demanda, dando la razón a los abogados de los medios en este sentido.
En principio, parece que la jueza está de acuerdo con el fiscal, porque la cinta de cuatro horas que Garrido presentó como prueba no fue admitida bajo ese argumento, el de que eran imágenes ya difundidas. Ante este panorama, bien pudiera ser que la aptitud del abogado que han elegido Telma Ortiz y su marido deje mucho que desear.
Sea como fuere, el caso es que Telma Ortiz consiguió ser la noticia del día, a pesar de los esfuerzos que dedicó a que los medios no consiguieran imágenes suyas a su llegada a los juzgados de Toledo, accediendo al edificio por una puerta trasera. Pero la jueza permitió que las cámaras entraran en la sala, con lo que sus esfuerzos fueron en balde. La situación terminó por ser totalmente contradictoria: Telma Ortiz estaba luchando contra las hipotéticas y futuras invasiones de su intimidad expuesta a todas las miradas de las que pretende esconderse.
Es evidente que la irrupción de los programas de corazón en el panorama televisivo nacional ha marcado un antes y un después, creando una forma de hacer las cosasque se ha trasladado a la prensa escrita. En este momento, el hecho de ver cómo un famoso es perseguido por los reporteros tratando de arrancarle alguna declaración es en sí mismo noticia. Y puede dar para llenar muchos minutos de televisión y para protagonizar numerosos debates en torno al comportamiento de esa persona. Sin escatimar ningún tipo de detalle, que cuanto más íntimo y escabroso sea, mejor.
En este contexto, es comprensible el deseo de Telma Ortiz de no querer aparecer en unos medios de comunicación cada vez más voraces, en los que parece valer todo a la hora de profundizar en la vida de las personas. Sin embargo, podría ser que la hermana de Doña Letizia haya errado el tiro al intentar ir en contra de toda la profesión. Y más concretamente en el caso de El Siglo, que en sus 18 años de vida siempre se ha caracterizado por su defensa de la libertad de expresión y del derecho a la información, dando cobertura a los sucesos y personas de clara relevancia pública.
Telma Ortiz y Enrique Martín Llop se habrían cargado de razones si hubieran llevado a juicio a aquellos medios concretos que puedan haber cometido una invasión de su
Todos los medios concentrados para cubrir el juicio cayeron en la trampa. Todos dieron credibilidad a la treintena de personas que se presentaban como pertenecientes a la plataforma 'Nos Gusta La Prensa Rosa', y que se habíanintimidad y de su derecho al honor. No sería la primera vez ni la última que una revista o un programa rosa pierde un juicio y es condenado a pagar una cuantiosa indemnización al demandante. Pero institucionalizar la censura previa puede trazar una nueva frontera entre el derecho a la vida privada y el derecho a la información, erosionando éste último, uno de los pilares del Estado de Derecho.
Sin embargo, al margen del exceso en el que hayan podido incurrir Telma Ortiz y su pareja, sería bueno que en los medios se reflexionara sobre qué es noticia y qué no lo es. Porque el hecho de que la vida íntima de las personas se convierta en espéctaculo contra la voluntad de los interesados, traspasa de forma flagrante una línea roja que los medios no deberían cruzar. •
Los defensores de la prensa rosa,
unos farsantes
Todos los medios concentrados para cubrir el juicio cayeron en la trampa. Todos dieron credibilidad a la treintena de personas que se presentaban como pertenecientes a la plataforma 'Nos Gusta La Prensa Rosa', que se habían concentrado a las puertas de los juzgados de Toledo para, según explicó su portavoz a todo aquél que le quiso escuchar, defender a "una buena parte de la sociedad a la que le gusta la prensa rosa".
Pero todo fue una broma
puesta en práctica por el programa de La Sexta 'Se lo que hicisteis', una suerte de 'zapping' dedicado a ridiculizar los excesos y miserias de los programas de cotilleo que, visto el éxito del programa, dan para mucho.
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