Hemeroteca Lista Los dos lados de la trinchera
Nº788
19/5/2008

 

De balanzas fiscales

Recurrentemente surge el desfase de financiación de las Comunidades Autónomas. Las ricas, alegando equilibrio de balanzas fiscales; las pobres, aduciendo deuda histórica. Y será por siempre el cuento de nunca acabar. Adelanto que entiendo que no tienen razón ninguno de los dos grupos y que debería existir una armonización fiscal en toda Europa, que todos los tributos generales y personales (sobre la renta de las personas físicas y de las sociedades) debían nutrir, además de la participación en el Impuesto sobre el Valor añadido (IVA), un presupuesto único europeo; para financiar el gasto público igualitariamente; según parámetros comunes para toda Europa. Estamos a años luz de ese ideal. Pero corrección de balanzas fiscales y deuda histórica son retrocesos en el camino a la unidad fiscal. Ambas son profundamente injustas.

La situación actual no es algo que se haya creado de la noche a la mañana. Las zonas prósperas lo han sido porque han sido, y son, centros de concentración económica. Que lo han sido por la unidad del mercado y los beneficios que les ha dado el Estado. Tal estado de cosas comienza a principios del siglo XVIII y llega hasta 1985, casi 300 años. El dirigismo público duró 35 años, partiendo de la destrucción de la guerra.
Decir ahora que como se participa más en los ingresos del Estado se quiere recibir más no es de recibo. Por otra parte, esos hechos,proteccionismo y apoyo del Estado, consolidan un mercado con una enorme inercia. Y es ahora imposible deshacer el entramado económico consolidado por la historia.

En la otra cara de la moneda, la deuda histórica, ¿cuándo se pone la fecha de la deuda? ¿La deuda es global, para toda la región, o para cada parte de ella, por provincias, por ciudades, por pueblos? ¿Podemos llegar a planteamientos, incluso, personales o familiares?.
Estamos en el bicentenario, por poner un ejemplo, de la Guerra de la Independencia (voy a apostillar: qué gran error guerra tal. Qué mejor no hubiera sido someterse al invasor liberador); Salamanca, mi ciudad, sufrió para nada lo indecible. Destruyeron, aniquilaron, la cuarta parte de la urbe. Después el ínclito Fernando VII y los gobiernos de su no menos excelsa hija, suprimieron el Estudio. Nadie se ha planteado jamás reivindicar el entuerto —puede porque los afectados, y su progenie, emigraran todos, que es forma habitual de concluir los conflictos territoriales por estos lares—.

Así las cosas, parece una huida hacia adelante, de quien no sabe cómo afrontar sus problemas, el echar la culpa de sus males al malvado central. Olvidando sus mezquindades, incompetencias, falacidades y mendancías. Si para él o ellos es imposible solucionar el problema. Es que no tengo fondos. La culpa, el Estado central y vil.
En mis cortos tiempos de alcaldía comprobé que la cuestión noes de ingresos, sino de gastos. ¡Cómo el buen ciudadan@ de a pie no percibe cómo, literalmente, se tira el dinero público! No sólo es la cantidad, cada vez mayor de políticos en paro alternativo, del dispendio; es que no se tiene idea de cómo gastar. Y hay que gastar. Gastar. Gastar. El que no gasta es que no existe.

No es de extrañar que se exija más y más. Dime qué hace y te diré cómo es. Supongo que habréis oído hablar del crecimiento vegetativo de la burocracia. El entramado político tiende a un crecimiento mayor.

En tiempos de Aznar decía el Gobierno que había que hacer carrera administrativa, que los funcionarios se involucrasen para progresar en su desarrollo profesional. De director general para arriba, hasta secretario de Estado —recuerdo, para quien no lo sepa, que entre uno y otro, también hay subsecretarios y su igual, secretarios generales—. Nada más aprobada la ley que lo normaba aparecieron las excepciones. A nivel regional, ni sé.

Pues qué te puedes esperar, a migo Sancho, tu ínsula será de por sí ingobernable. Todo empeño que prestes, honesto, en la mayor felicidad de su gente será derecho, así que dejes el Gobierno. Podría aconsejarte se hagas nada, y lo mejor vivas mientras te dejen. Mas no es de personas de valía dejar hacer y no intentar el cambio, mejor harían en sestear en casa. Duerme en tu hogar. Menos mal que existe Bruselas. •

Fernando F. Trocóniz

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