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DESDE LA ULTRAPERIFERIA
Nº 786

5/5/2008

Otras realidades europeas

Por José Segura Clavell*

Uno de los valores clave en la construcción europea es la solidaridad. Y una muestra particular de cómo la solidaridad se recoge en el nuevo Tratado es el tratamiento que en él se da a las regiones ultraperiféricas de la Unión Europea ( Guadalupe, Guayana francesa, Martinica, La Reunión, San Bartolomé, San Martín, las Azores, Madeira y las Islas Canarias ).

El Tratado de Lisboa mantiene, por supuesto, el reconocimiento de un estatuto especial para estas regiones que ya estableció el Tratado de Amsterdam en 1999, como consecuencia tanto de sus características geográficas ( gran lejanía en relación con el continente europeo, insularidad, reducida superficie, relieve y climas adversos ) como de sus estructuras sociales y económicas (dependencia económica de un reducido número de productos, proximidad a mercados en desarrollo, densidad de población relativamente elevada con carácter general ), con las consiguientes dificultades que cabe imaginar a la hora de realizar economías de escala y rentabilizar grandes inversiones. El nuevo Tratado contiene, además, dos aportaciones que consideramos oportuno poner de relieve.

En primer lugar, el Tratado de Reforma resalta el carácter verdaderamente transversal del estatuto de las regiones ultra-periféricas, configurándolo como un factor que ha de modular la aplicación a las mismas del conjunto de políticas de la Unión. Ello es así desde el momento en que se establece en el Tratado, a la hora de definir el estatuto de estas regiones, una base jurídica que es a la vez plena y autónoma, esto es, abierta claramente, por un lado, a la aprobación en su caso de normas europeas de rango legislativo y no sólo reglamentario y prevista, por un lado, para la adopción de medidas específicas para las regiones ultraperiféricas sin que quepa sostener que es preciso acudir a las bases jurídicas de las distintas políticas sectoriales del Tratado.

En segundo lugar, se refuerza de manera significativa este estatuto al preverse, en el marco de la política de competencia, que podrán considerarse compatibles con el mercado interior las ayudas destinadas a favorecer el desarrollo económico de las regiones ultraperiféricas habida cuenta de su situación estructural, económica y social. Se trata de un avance de primer orden puesto que se establece el principio de la derogación de la prohibición de ayudas públicas sobre la única base de la singularidad de estas regiones, independientemente de cuál sea su situación en términos de renta.

En este contexto, Portugal, Francia y España no pueden sino saludar también la Comunicación de la Comisión de Septiembre pasado sobre una nueva estrategia para las regiones ultraperiféricas. En especial, nos felicitamos porque se hayan abierto al debate cuatro grandes temas de gran importancia para el futuro de estos territorios de la Unión: el cambio climático, la evolución demográfica y los flujos migratorios, la agricultura y la política marítima. Desde Canarias debemos agradecer además, particularmente, que la Comisión, al optar por un procedimiento de consulta pública, quiera escuchar a los principales protagonistas de esta estrategia antes de definir el esquema de futuras actuaciones.

En suma, el Tratado de Lisboa y esta reciente Comunicación de la Comisión constituyen un buen ejemplo del establecimiento de esas solidaridades de hecho de las que nos hablaron los padres fundadores de la Unión.•


.*Diputado socialista por Santa Cruz de Tenerife

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