Nº 788 -19 de mayo de 2008
 
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De Zaplana, ex “diputado raso”, y de Javier de Paz

Se fue de pronto Eduardo Zaplana y el incensario mediático funcionó con la lógica debida. En el ámbito político, Esperanza Aguirre se volcó loando al ex portavoz del Grupo Popular en el Congreso de los Diputados: “España no está sobrada de políticos con experiencia. Es una mala noticia. Lamento profundamente su marcha”. Soraya Sáenz de Santamaría, la sucesora, echó mano de sus buenos modales y barrió para casa: “El fichaje de Zaplana demuestra que la gente del PP está preparada para hacer las cosas bien en el terreno público y privado”. José Blanco procuró ser exquisito: “Le deseo suerte. Es una decisión personal que respeto”.

Únicamente, Llamazares pareció atreverse a señalar el aspecto más polémico de su marcha. Y que hubiera tenido que ser muy y muy polémico y no lo ha sido porque muchos, periodistas y políticos, han pasado sobre él de puntillas. “No me gustan estos túneles oscuros entre la política y las empresas públicas privatizadas”, dijo lacónicamente el líder de Izquierda Unida. Desde luego, el tufillo que se desprende de operaciones como las que ha protagonizado Zaplana no es muy higiénico. A Zaplana, que es amigo del ahora presidente de FAES y empleado de Murdoch, César Alierta, amigo asimismo del ex presidente del Gobierno, lo puso en Telefónica después de que Aznar hubiera partido peras ruidosamente con su compañero de pupitre, años sesenta, en el madrileño colegio de El Pilar, Juan Villalonga. Recuérdese que Villalonga fue el primer hombre fuerte de Telefónica  con el PP gobernando. Cayó como cayó y procuraron rematarlo, por indicación de Aznar, desde El Mundo afín.

Hablo de Zaplana con algún retraso, esperando en vano algún relato riguroso en torno a su agitada vida y a sus prodigiosos milagros económicos, puesto que me parece bastante escandaloso que no haya habido apenas críticas a su fabuloso enchufe en Telefónica, ni que menos aún nadie o casi nadie haya evocado su oscuro pasado, cuando inició su carrera política, a finales de los años ochenta, decidido a hacerse rico gracias a numerosos asuntos tenebrosos. ¿El modelo de Sáenz de Santamaria de “hacer las cosas bien” en la vida privada o pública es el que, por tanto, se corresponde con Zaplana?

En El Mundo lo despidieron tocando naturalmente violines y alguna que otra trompeta. García-Abadillo, uno de los referentes del periodismo de investigación de ese diario tan afamado por airear determinados trapos sucios, se limitó a subrayar que se trataba de una “oferta que ningún diputado raso rechazaría”. Con habilidad, la mano derecha de Ramírez apuntaba que “una de las claves de la entrada del ex portavoz del PP en Telefónica es su amistad con Javier de Paz”.

Escribir Javier de Paz equivale a citar una influyente pasarela con La Moncloa actual. Abadillo explica que “aunque la gestión para que fichara por Telefónica ha sido de Alierta y sólo de Alierta, muy pocos conocen tan bien a Zaplana como Javier de Paz (que se incorporó al consejo de la compañía el pasado mes de diciembre junto a Manuel Pizarro). De Paz y Zaplana han hecho de puente, en ocasiones muy determinantes, entre el presidente del Gobierno y Rajoy en una legislatura marcada por los desencuentros. Un dato. Fue Zaplana el que, a través de De Paz, informó a Zapatero de que había ganado las elecciones en la noche del 14 de marzo de 2004”.

Y añade con intención: “La clave De Paz es importante porque significa que este movimiento cuenta con la luz verde de Moncloa”. Sabemos pues, si la noticia es cierta, que Zapatero bendijo o dio su visto bueno a que Zaplana fuera contratado por Telefónica como ministro de esta compañía en la Europa comunitaria, con especial énfasis en la Italia recién recuperada por Silvio Berlusconi y sus amigos de negocios y otras aventuras. El oficio de intermediario, de poseedor de información privilegiada, de comisionista y de mago o fakir es una de las especialidades más relevantes del ex alcalde de Benidorm, ex presidente de la Generalidad de Valencia, ex ministro de Trabajo, ex portavoz de La Moncloa de Aznar y, finalmente, ex portavoz parlamentario. ¡Caramba, caramba, con Zapatero y sus amigos bien colocados, como el antiguo líder de las Juventudes Socialistas, De Paz, transformado desde hace años en exitoso empresario y en consejero de Telefónica, que es una canonjía maravillosa y cómoda!

José Antonio Vera, sobreviviente de los bandazos del periódico La Razón, también dedicó un artículo a Zaplana, repleto de adjetivos positivos, una especie de ditirambo donde ni siquiera de pasada se alude a su sospechosa biografía política/empresarial. Dice Vera que “me parece necesario resaltar que Zaplana ha sido uno de los políticos más competentes del Pepé (sic), de los más eficaces, de los más resolutivos y, sin duda, también de los mejores (…) Ahora parece como si el Partido Popular hubiera sido siempre una fuerza política hegemónica en la Comunidad Valenciana. Pero eso no es verdad. Zaplana ganó allí cuando parecía imposible hacerlo (…) Zaplana hizo fácil en Valencia lo que entonces parecía difícil, y cambió en poco tiempo a una región que no avanzaba, y que hoy es referente inevitable en España (…)”. ¿Qué querrá decir Vera, aparte de lo que se presenta como obvio, cuando escribe que “Zaplana hizo fácil en Valencia lo que entonces parecía difícil? 

Luis G. del Cañuelo

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