Nº 788 - 19 de mayo de 2008
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La perversión de Coslada

por Miguel Ángel Aguilar

Recordaba un buen amigo periodista en su sección en voz baja del informativo Hora 14 de la cadena SER que según el empirismo casi depravado, que cristaliza en el sistema cínico decimal, la policía sólo puede ser eficiente en íntimo contacto con la delincuencia y que es en la amistad con los delincuentes donde residen los mayores éxitos policiales. Es el mundo de los confidentes en el que es muy aventurado delimitar las aguas jurisdiccionales. Pero sabemos también la necesidad de respetar el principio de la limitación de los coeficientes.

La operación bloque en Coslada, localidad de 90.000 habitantes en las inmediaciones de Madrid, que ha llevado a la detención de 24 policías municipales dedicados a la extorsión es un caso evidente de dosis tóxicas. Se trata en la versión más piadosa de un 20% de la plantilla con el jefe de la Policía Local convertido en líder de los pandilleros y espanta que haya estado 26 años al cargo, mientras se sucedían en el gobierno del Ayuntamiento los concejales de todos los colores: Izquierda Unida, PP y PSOE.

Tras las detenciones se ha desatado la indignación popular. Ahora resulta que todos los vecinos estaban al corriente y se precipitan a contar detalles de las extorsiones padecidas. Por lo general sobre sujetos pacientes en condiciones de mayor vulnerabilidad, como es el caso de las prostitutas en su mayoría de nacionalidad rumana. Pero igual que en las torturas del campo de Abu Graib en el Iraq ocupado a cargo de los soldados norteamericanos, los nuestros de Coslada estaban también al tanto de las nuevas tecnologías. De modo que se complacían en grabar sus barbaries en los teléfonos móviles.

Asombra ese proceder porque significa que los agentes en lugar de sentirse avergonzados de sus actuaciones querían presentarlas como timbre de honor para hacer méritos ante la superioridad. Hay, por tanto, un elemento de perversión adicional que se añade y que apunta a la situación de impunidad en que se encontraban instalados. Una impunidad inexplicable además por su continuidad imperturbable pese a las denuncias, los expedientes y las condenas de los tribunales, que nunca se ejecutaron.

El alcalde actual y su concejal de seguridad se declaran sorprendidos y procuran descargar sus responsabilidades en sus predecesores. Incluso se les ha escuchado en los programas de la cadena SER aducir que carecían de competencias para destituir al Jefe mafioso. Nadie les contradijo en antena pero es evidente que quien tiene la capacidad de nombrar tiene también la capacidad de destituir. Sostener lo contrario como apuntarse a los pajaritos preñados.

En todo caso, que los policías apuren sus consumiciones sin pagar viene de una antigua tradición basada más en la obsequiosidad de quien intenta predisponerles en su favor que en exigencia alguna, también en la inmediata posguerra los periodistas pensaban que la exhibición del carnet debía darles acceso gratis a las casas de lenocinio. Pero lo de la operación bloque en Coslada es harina de otro costal. Aquí se ha producido una quiebra básica de la confianza ciudadana y debería procederse como en el caso de Marbella cuando Gil y Gil y sus secuaces, destituyendo a todo el Ayuntamiento, incapacitando a cuantos se sucedieron en ese gobierno local y convocando nuevas elecciones en el municipio. Veremos.

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