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Nº 787
12/5/2008
Calvo-Sotelo, recuerdos

Por José María Benegas

Su presidencia del Gobierno coincidió con un momento sumamente convulso de la reciente historia de España, por lo que no sabremos nunca cuales habrían sido sus cualidades como gobernante en circunstancias de normalidad y estabilidad democrática. El año 1980 se saldó con cien víctimas del terrorismo de ETA y la consumación de la crisis del partido del gobierno, la UCD. Si a esto se le añaden las consecuencias de una grave recesión económica, con un malestar social in crescendo, tenemos todos los ingredientes que, según los estudiosos de las crisis políticas, son caldo de cultivo de los golpes de Estado: terrorismo, fundamentalmente dirigido en aquella época contra militares y fuerzas de seguridad del Estado, crisis política y desmoronamiento del poder civil, deterioro económico, altas tasas de desempleo y creciente malestar social, a lo que hay que añadirle el vacío de poder que produjo la dimisión de Adolfo Suárez en enero de 1981. Para completar el panorama, ETA asesinó al ingeniero José María Ryan el 6 de febrero de 1981, después de un largo secuestro, conmocionando a toda la sociedad española. El golpe de Estado se produjo el 23 de febrero, como bien es sabido, en plena investidura como presidente del Gobierno de Leopoldo Calvo-Sotelo. Éstas fueron las dramáticas circunstancias en las que asumió las responsabilidades de la gobernación de España.

No habíamos ingresado todavía en el Mercado Común Europeo. España, por lo tanto, estaba fuera de las instituciones de la Europa democrática. Fue quizá por ello y por la amenaza que no cesaba de inestabilidad militar interna que Calvo Sotelo, de improviso y sin alerta previa a la oposición, decidió plantear el ingreso de España en la OTAN mediante decisión parlamentaria adoptada por mayoría simple. Quizá pensó que una involución militar sería más difícil perteneciendo a la Alianza Atlántica. Fue entonces cuando surgió un Felipe González indignado por no haber sido consultado como jefe de la oposición sobre esta decisión y le espetó a Calvo Sotelo en pleno debate parlamentario: "Vd. mete a España en la OTAN por una decisión de mayoría simple parlamentaria, y yo la sacaré mediante una consulta popular, un referéndum para que el pueblo pueda decidir libremente". No éramos plenamente conscientes entonces de que no era lo mismo no entrar, que, una vez dentro, salir, sobre todo si queríamos ingresar en la Comunidad Europea.

Durante el mandato de Calvo-Sotelo ETA mató a sesenta personas. El terrorismo siguió golpeándonos seriamente con el objetivo de liquidar la joven experiencia democrática española. No sin serias dificultades nuestras instituciones democráticas resistieron los embates de un terrorismo que había incrementado al ciento por cien sus acciones precisamente a partir de las primeras elecciones democráticas y de la aprobación de la Constitución y del Estatuto de Gernika. La teoría de que con el advenimiento de la democracia ETA desaparecería se desmoronó con estrépito.

Tuve la oportunidad de conversar largamente en varias ocasiones con el presidente Calvo-Sotelo sobre ETA y la situación vasca. Los socialistas le brindamos todo el apoyo en la lucha contra el terrorismo como habíamos hecho con Adolfo Suárez. Le puse como ejemplo de nuestra actitud que cuando el Gobierno de Francia rompió la incipiente colaboración con España en la lucha contra el terrorismo a raíz del atentado conocido como el del bar de Hendayés, Felipe González nos envió a Ramón Rubial y al que esto suscribe a visitar a Gastón Deferre, a la sazón ministro del Interior galo, para pedirle/exigirle que restableciera la colaboración en este tema con el Gobierno de Adolfo Suárez. Esta colaboración, que siempre ha sido necesaria, lo era en aquel entonces más que nunca porque el sur de Francia era un verdadero santuario por el que campaban a sus anchas los comandos y se recaudaba el impuesto revolucionario sin ningún tipo de recato en determinados bares de la zona. La conversación con Deferre fue tensa pero finalmente accedió a nuestra petición. Siempre le indiqué a Calvo-Sotelo que era necesario cuidar de manera muy intensa esa relación para la cooperación en la lucha contra el terrorismo porque era muy débil todavía y no estaba consolidada.

ecuerdo que él, que era un hombre metódico, se extrañaba cuando le decía que la colaboración entre los servicios de Inteligencia en muchas ocasiones se asienta en relaciones personales e intransferibles. Calvo-Sotelo buscó la colaboración en la lucha contra el terrorismo con Francia en la medida de sus posibilidades, consolidándose estas relaciones con la victoria de Felipe González en octubre de 1982.

La inestabilidad militar no había cesado y fue el gobierno presidido por Calvo-Sotelo y los servicios de Información de él dependientes los que detectaron y abortaron un nuevo intento de golpe de Estado previsto para el 27 de octubre de 1982. Me sumo a todos lo que han valorado altamente su gestión al frente del Gobierno de España en una etapa crítica de nuestra historia reciente.•

*Diputado del Grupo Parlamentario Socialista en el Congreso.

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