F abián
Hemeroteca Esta semana
Nº 786
5/5/2008

EL 'DOBLE' DE CALVO-SOTELO

Por Manuel Espín


A veces es necesario conocer en las distancias cortas a los personajes públicos. A Leopoldo Calvo-Sotelo las imagenes públicas le prestaron un flaco favor. "Frío", "hierático", "distante", "engreido", "orgulloso", "estirado"... Pocas veces ha habido en la política contemporánea española una disociación entre lo que significa ser una cosa y transmitir otra. Una yuxtaposición de flashes, del sucesor de un político que mimaba la imagen, como Suárez, al presidente que se quedó sin partido como el personaje del dibujo animado que cuando se da cuenta de que camina por el aire cae estrepitosamente a tierra. Pero el ex presidente del Gobierno nada tenía que ver con esa imagen que se percibía de él desde los medios.

Una invitación no hace todavía mucho tiempo en un estudio de televisión ofrecía otro perfil que en nada tenía que ver con el estereotipo. "¿Cómo quieres que nos llamemos?", me preguntó antes de pasar al plató. "Yo lo tengo claro —le dije—, para mí será siempre Don Leopoldo". "¡Como si mequieres llamar Leo!", me respondió con evidente sorpresa por mi parte. "De ninguna manera: para mí es un personaje que está en la Historia", repliqué. Era alto y eso le daba una falsa apariencia de altivez. No tuvo inconveniente en contar "cosas que no se habían" dicho del 23-F: "Dentro del dramatismo de aquella noche tambien hubo algun momento que parecía de una chusca hilaridad —decía—. Por ejemplo, ver a uno de los guardias golpistas que con todo su peso y el de su arma se fue a sentar a mitad de la noche sobre un sillón del Congreso y éste venció teniendo que dormitar agazapado sobre los restos de la tapicería en una apariencia grotesca". Calvo-Sotelo era consciente de que la ciudadanía no tuvo ocasión de conocer su profundo sentido del humor de gallego de Ribadeo, en la orilla con Asturias, la villa en la que todos los veranos se perdía, y las gentes han hablado de la extremada sencillez con la que se desenvolvía. "El caso es que los medios muchas veces no aciertan —contó—. Con ocasión de la boda de una Infanta, mi mujer se encontró levemente indispuesta: le había sentado mal la cena de la noche anterior. Como en las catedrales no hay cuartos de aseo decidimos volver al hotel. Al rato varios medios estaban hablando de "una gravísima enfermedad".

El último Calvo-Sotelo tenía especial interés en reivindicar las dos ramas de su familia, una más conservadora y otra más progresista. En su grupo familiar, como les ha ocurrido a los Ruiz Giménez o a los Díez Alegría aparecen representadas practicamente todas las ideologías de la España contemporánea.Tenía hijos que habían desempeñado altos cargos con Alvarez-Cascos y el PP, pero tambien cuñados, y sobrinos socialistas, ministra y ex ministros. Había en la amplia saga y en distintos grados familiares ingenieros y economistas, pero también arquitectos, diseñadores y directores de cine. Como en televisión tratábamos de que los invitados nos hablaran de sus libros de cabecera favoritos, y a ser posible enseñaran ese ejemplar que tantas veces había tenido cerca de su vida, Leopoldo Calvo-Sotelo eligió entre sus libros La Regenta de Clarín y los Poemas de Antonio Machado. Exactamente dos de los libros que también Alfonso Guerra había elegido en su anterior paso por el plató. Algún punto más tenía en común con Guerra: también le gustaba mucho el teatro y pertenecía a esa escasa él ite de políticos españoles que escriben, que han dejado memorias o balances personales. Calvo-Sotelo lo hacía con una ironía muy galaica. Decía que "había contado muchas cosas pero que le gustaría seguir contando otras en futuros textos". Estaba tan cerca del mundo del libro que hasta se ofreció "si algun día nos hacía falta" "para venir a comentar sus nuevas lecturas ante las cámaras". Pero fuimos demasiado tímidos y no nos atrevimos a tener a un ex presidente del Gobierno de colaborador para hablar de libros. "¿Me tratais tan bien por que soy viejo, verdad?", preguntaba con mucha zumba. Algunos de los estereotipos —"ese personaje gris frente al liderazgo de Suarez que se hizo cargo de UCD y del Gobierno en pleno harakiri de su partido", "el político que había querido meter a España en la OTAN sin referendum"...— estal laban hechos añicos cuando se conocía a otra personalidad totalmente distinta: el moderado, leido, irónico personaje a quien la Historia pilló entre una puerta que se abre y otra que está a punto de cerrarse, entre dos tiempos totalmente contrapuestos. •

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