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AGUA VA...
Ramón O'Pina
Nº 787- 12 de mayo de 2008
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Va de cuernos

Estamos en San Isidro y Madrid vibra en taurino. Las Ventas: el no va más. La cátedra y catedral. Alcalá abajo, apretada la acera de afición, isidros y majas, la calle luce sus mejores galas de villorrio manchego. Entrando por la puerta de arrastre, el personal se arrastra con cuidada desgana, despacio, a la busca y captura de una cara conocida. Es parte esencial de una tarde de toros en San Isidro: el "quién te ha visto, y a quién ves": La mayoría del publico sólo pisa las Ventas por San Isidro. Y sólo alguna corrida. Los abonos se comercializan como objetos de deseo, en manos de una red estructurada de reventas que hacen su agosto, en mayo, a costa del glamour de un tendido convertido en incentivo social de empresa, de obligado cumplimento. Durante unos días, las charlas de café se recrean en la crónica de actualidad taurina. Isidril. A la espera de la llegada del hijo de los dioses, el 5/junio, José Tomas acapara el fervor y el morbo expectante. El papel cotiza por las nubes y la gente habla y no para de su última cogida. Envidio a Raúl del Pozo cómo, en uso de su mejor pluma (en su columna heredada de Umbral), jalea el genio y figura del maestro, y derrama devoción ante la peana del mito. José Tomas no es épico, es epicúreo. Y también comprendo que alguien como Manuel Vicent, en su cita anual, en El País, por estas fechas, denoste la sangría de primarios instintos que alientan un festejo taurino. Y a éste, le envidio porque él no tiene que aguantar la paliza de académicas interpretaciones del aficionado de turno que se siente obligado a dejar constancia de su afición y conocimientos. Madrid se llena de esta gente. No como en Sevilla, que la gente sólo te habla de sentimientos y sensaciones; de guapuras, gracia y valor. Lo que es. Claro que, Bergamín y los suyos, nos llenaron la cabeza de teoremas taurinos en endecasílabos, rimando con la paleta del pintor a la búsqueda de aflorar de qué materia están hechos los toreros. En corto y por derecho: del paquete. En el fondo se trata de algo muy simple: trigonometría cósmica. Nosotros, los humanos, no vemos mas allá de una frágil vertical, pintada de purpurina, escudada en un abanico de tela, sola, quieta, plantada en un arenal infinito, frente a una horizontal de trazo grueso, en movimiento, cargada de una fuerza descomunal y rematada con dos afiladas puntas (la escena, salpicada de tinta roja). La vertical del torero, inmutable, en la pausa de un ademán y cuatro gestos, domina y doma el movimiento de la pesada masa horizontal, forzando la recta en curva, apropiándose de su energía hasta terminar con su vida. Todo ello, derrochando valor, al borde del precipicio, a vida o muerte. Y en bonito. Lo cósmico para los dioses. No discutamos aquí si José Tomas lo es o no. Es muy tonto discutir del sexo de los ángeles y peor, del de los dioses. Mientras, los infieles (que no creen en dios) y antitaurinos varios, se escornarán contra la fiesta. Babosos caracoles.

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