Nº 737 -12 de mayo de 2008
 
Hemeroteca Esta semana

Del retorno a medias de Anguita  y del silencio de Aznar

Julio Anguita ha reaparecido y quiere refundar Izquierda Unida, pero sin asumir cargo alguno ni ahora ni cuando la coalición esté renovada, si es que llega a estarlo. Anguita se prodiga mucho estos días en los medios y habla del “programa, programa, programa” como si fuera ayer cuando abandonó el liderazgo político. Sus ataques a Gaspar Llamazares son frecuentes. El  ex Califa le echa la culpa a su sucesor por los últimos resultados electorales, consecuencia, señala, de haber hecho seguidismo del Gobierno Zapatero, como si los que consiguiera en su momento hubieran respondido a los objetivos que pretendían tanto el propio Anguita como su equipo dirigente. Fueron unos resultados mejores que en la actualidad, efectivamente. Pero lo que buscaba la IU de aquella época era dar el sorpasso, obteniendo más votos y escaños que el PSOE y ello con el fin de convertirse en el partido de referencia de la izquierda española. El objetivo de Anguita está muy bien explicado en los diversos relatos que se han ido difundiendo en torno a la oficiosa cumbre celebrada una noche de verano, hace más de diez años, en la mansión que ocupaban, no sé si continúan viviendo en el mismo domicilio, Pedro J. Ramírez, Ágatha Ruiz de la Prada y sus hijos. Se trataba de una cena de fin de semana, cena de amigos o gentes con ganas de serlo, durante la cual director de El Mundo ofició de anfitrión y convenció a sus invitados de que se aliaran contra el Gobierno que presidía Felipe González. Un invitado era José María Aznar que acudió acompañado de Ana Botella. El otro, Anguita, quien acudió solo. En esa ceremonia se gestó la tristemente célebre pinza a la griega. Esa política, desde la lógica de IU, acabó en fracaso, aunque los nostálgicos del anguitismo prefieran traspasar el tanto de culpa a Llamazares.

Transcurrido el tiempo, aquellos dos partidos aliados para liquidar a González están inmersos en crisis internas, que son las peores. El seguidismo, estos días, parece que lo hace el PP, qué cosas. ¡El PP haciendo seguidismo de UPyD, que es el chiringuito que se ha montado Rosa Díez! En El Mundo del lunes 5 de mayo aparecía en portada, abriendo el periódico, la noticia de que Rosa Díez pedía que “el Gobierno disuelva 33 ayuntamientos con alcalde de ANV”. La antigua militante y dirigente del PSOE “invoca el artículo 61 de la Ley de Régimen Local que permite disolver las corporaciones que apoyan el terrorismo”. La única diputada de UPyD declaraba: “Ya es hora de que vayamos a por todas. No hay motivo para que el Gobierno esté devolviéndonos, píldora a píldora, nuestra libertad”. Pues bien, al día siguiente, el PP se sumaba a tal petición. La verdad es que si se intentara una nueva pinza, en esta oportunidad compuesta por PP, IU y UPyD animaría el estado de ánimo de los perdedores del 9 de marzo. Rosa Díez, en estos últimos cuatro años, se ha especializado en el ejercicio de la pinza.  Todos los medios de la derecha la han tratado como a una reina. Ha gozado la tránsfuga de facto de una propaganda mediática sin apenas precedentes.

Anguita no desea, según asegura, volver a su antiguo puesto de gran timonel del Partido Comunista, integrante distinguido de IU. A quien fuera su consocio, Aznar, le ocurre lo mismo o algo parecido. Se ha refugiado en el silencio, a pesar de que envía mensajes de complicada interpretación a través de fuentes anónimas. Ha mostrado su preocupación ante la realidad de un PP sumido en el desconcierto. Ha pedido a los veteranos que contribuyan a arreglar tan delicada situación. Él calla o a lo sumo subraya ante los periodistas: “Ya no soy un dirigente político”. Se ha pasado la anterior Legislatura alborotando el gallinero y hablando públicamente por los codos. Ha participado en mítines. Se ha reunido con militantes del PP y ha metido la cuchara sin parar en el cocido de la estrategia a seguir por su partido. No ha rehuido la polémica y ha puesto a caer de un burro a Rodríguez Zapatero. La FAES que preside ha promovido todo género de iniciativas políticas, casi todas ellas de una feroz dureza contra los socialistas gobernantes.

Si la crisis del PP se agrava, lo que no debe descartarse, ¿se reserva acaso Aznar el papel que antaño asumió su padrino político, Manuel Fraga Iribarne?  Recuérdese que Fraga llegó a recuperar el timón del barco, cuando iba su Alianza Popular a la deriva, tras el batacazo de Hernández Mancha, cariñosamente llamado Antoñito. ¿Estará barruntando Aznar que, para proyectar la imagen de salvador de la derecha, es preciso que el hundimiento sea mayor y que los sables empiecen a chorrear sangre? Todavía da la impresión de que la esgrima entre unos y otros es más bien de salón, aunque hayan rodado ya numerosas cabezas. Claro que Fraga, antes de triunfar en la presidencia de la Xunta de Galicia, se apartó del cargo de mandamás de Génova 13 y le otorgó a Aznar todo el poder. Igual vino a hacer él con Rajoy. La diferencia es que Aznar ganó dos elecciones, la segunda por mayoría absoluta, mientras que Rajoy no se saca de encima su perfil de derrotado.

Luis G. del Cañuelo

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