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Nº 787 - 12 de mayo de 2008

Diez años del euro

Aunque las monedas y billetes no entraron en circulación física hasta el año 2002, el euro cumple estos días 10 años, convertido en uno de los mayores símbolos de la integración europea, utilizado diariamente por 320 millones de ciudadanos.

La moneda única ha sido un elemento federalizador de indudable poder y simbolismo, tanto para el grupo inicial de 11 países que lo adoptaron como para los cuatro siguientes (2001, Grecia; 2007 Eslovenia; 2008, Chipre y Malta). Y para celebrar su aniversario la Comisión ha dado luz verde al ingreso de Eslovaquia.
El informe que la Comisión Europea ha presentado esta semana en Bruselas considera que el euro es un éxito político y económico que ha producido mayor estabilidad macroeconómica, tipos de interés más bajos y una evolución de los precios más moderada que en décadas anteriores, a pesar del reciente repunte de la inflación.
El euro ha sido un instrumento cada vez más relevante como escudo protector frente a la escalada del petróleo. Desde 2002, el precio del barril aumentó desde los 20 dólares hasta los más de 120 que ha alcanzado actualmente. Sin embargo, el precio pagado por los consumidores europeos ha crecido bastante menos, debido a que en términos de euro, el barril de 100 dólares cuesta 60 euros con el cambio actual.
Pero adherirse a una unión monetaria tiene un precio: renunciar a una política monetaria y de tipo de cambio propias. Un país que participa en una unión monetaria poco no puede recurrir a una depreciación del tipo de cambio para solventar un problema de competitividad. Sin embargo, para un país con historial de inflación elevada, como España, aporta credibilidad y reduce las expectativas de inflación. Por ello se suele decir, con razón, que la transferencia más importante que ha recibido España de la UE no es la económica de los Fondos de Cohesión, sino la de credibilidad que nos ha hecho el euro. ¡Baste pensar qué le hubiera ocurrido a la peseta con el déficit comercial que tiene hoy España, el segundo más grande del mundo en volumen después de EE UU!.

Al cumplir su primera década, el euro se ha convertido en la segunda moneda de reserva internacional. Los bonos denominados en euros representan el 49 por ciento del mercado mundial, una porción mayor que la correspondiente a los bonos negociados con dólares (35 por ciento).

En realidad, no todas las esperanzas depositadas en la moneda única se han cumplido. Y, aunque la Comisión Europea considere que la adopción del euro ha ayudado a controlar las presiones inflacionistas, el aumento de los precios es el aspecto del que se quejan más los ciudadanos.

Se ha producido una gran diferencia entre la inflación percibida por los consumidores y la medida por las estadísticas. Muchos ciudadanos consideran que la introducción del euro creó inflación. Sin embargo, los estudios del Banco de España y la Comisión Europea concluyen que ese efecto fue inferior a 0,3 puntos porcentuales.

Una explicación a esta diferencia es que los consumidores basan su percepción de inflación en los precios de bienes que compran más habitualmente como comida, combustible o servicios personales, que aumentaron más que la media en torno a la fecha de conversión al euro, mientras que los productos de mayor coste y compra no ocasionaldisminuyeron el precio pero pesan menos en la percepción.

La propia Comisión reconoce que, a pesar del euro, todavía existen barreras a un verdadero mercado único dentro de la UEM, por lo que muchos de los beneficios que se atribuyen a la moneda única están aún por llegar.

Por ello, es necesario avanzar en la dimensión activa del euro, en su papel político y de motor económico. En mi opinión, más pronto que tarde deberemos profundizar en la coordinación de las políticas macroeconómicas de la UE. Para muchos, la economía europea adolece de una falta de coordinación entre las autoridades presupuestarias nacionales y la autoridad monetaria europea, que en EE UU se ejerce de forma más eficiente, sin perjuicio de la independencia de la Reserva Federal.

Es bueno que el Tratado de Lisboa reconozca formalmente el llamado Eurogrupo, un Ecofin limitado a los países que han adoptado el euro. Ello permitirá una "coordinación cada vez más estrecha de las políticas económicas de la zona euro", pero me temo que eso no sea suficiente.

La consecución del euro marcó el punto de inflexión del proceso de integración a través de la economía. A partir de ahora, una política monetaria confiada a un BCE independiente sin una política presupuestaria común y con un presupuesto comunitario raquítico ya no basta para gobernar la economía europea.

La integración económica, más compleja aún después de la ampliación, necesitará de un espacio político a su misma escala. Sólo así Europa podrá preservar su modelo social y evitar reducirlo a un gran mercado abierto a una globalización incontrolada. •

José Borrell
*Presidente de la Comisión de Desarrollo del Parlamento Europeo

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