Nº 736 -5 de mayo de 2008
 
Hemeroteca Esta semana

De cuando César Alonso de los Ríos acusa a Rajoy de ‘colaboracionismo’ con el ‘régimen’ de Zapatero

La situación en España debe ser cada vez más alarmante, y nosotros con estos pelos. Uno de los especialistas en poner como chupa de dómine al actual presidente del Gobierno de España, José Luis Rodríguez Zapatero, ha sido desde hace no pocos años, durante una década larga ya de transfuguismo fáctico, César Alonso de los Ríos. Pues bien, este conocido periodista en su columna de ABC sostenía recientemente que “Rajoy es la excepción”. ¿Excepción buena o mala?  Mala, según el firmante: “En estos 30 años, todos los candidatos a la Presidencia han sabido representar unos proyectos políticos claros y distintos. Todos, menos Mariano Rajoy. El caso de Calvo Sotelo es explicable. Se limitó a gestionar la crisis institucional que venía agravándose desde los comienzos de la democracia. El único que peca de anormalidad es Rajoy. Su rareza nos concierne de forma tan vital que nos exige analizarla a fondo”.

De momento, y por consiguiente, Zapatero aventaja a Rajoy, según el ínclito analista César Alonso de los Ríos, al menos en su dimensión de candidato. Advierte, sin embargo, que “la tibieza y la inanidad de la primera campaña electoral de Rajoy no fue excesivamente inquietante ya que se tomó como un mero relevo en el Gobierno, una continuación del proyecto Aznar. Su incapacidad para personalizarlo fue achacada a unas pretensiones de dulcificación del Ejecutivo habida cuenta la dureza de  imagen de Aznar y a fin de rebajar el radicalismo de la Oposición dirigida por Zapatero”.

¿Qué pasó luego? Aquí sí que Cristo empieza a padecer. “La intranquilidad, señala Alonso de los Ríos, vino después de la matanza del 11-M. El nuevo tipo de frentepopulismo que tomó el Poder no sacó a la Oposición de sus comportamientos Light”. El columnista de ABC opina que aquellos que obligaron a la dirección del PP, es decir, a Rajoy, a ser más contundentes, fueron los militantes de a pie, las bases, a las que Alonso de los Ríos denomina “la derecha”. “La derecha bajó a la calle de un modo masivo. Fue ella y no la dirección (…) la que tuvo que reclamar al Poder, a través de sus organizaciones cívicas, un cambio de política”, señala.

De inmediato arremete sin piedad contra Rajoy: “Así, entre 2004 y 2008, la sociedad española tuvo conciencia de que Rajoy no era un líder, al menos el que necesitaba la ocasión. No era capaz de cumplir los mínimos exigibles a la Oposición quizá porque era un colaboracionista inconsciente en el mejor de los casos, coincidente con los criterios globales de Zapatero, según otras interpretaciones”. César Alonso de los Ríos acusa, como se ve, a Rajoy de “colaboracionista inconsciente en el mejor de los casos”. Repárese en la palabra “colaboracionista”, que se aplica despectivamente a quien presta su apoyo a un régimen político que la mayoría de los ciudadanos considera antipatriótico. También se aplica a los que ayudan a un régimen totalitario, estilo nazi, estalinista, franquista, etc. Un colaboracionista es también sinónimo de traidor o de judas.

En su empanada mental, en su delirio conceptual, el teórico en la actualidad del españolismo más rancio agrega: “Éste es el Rajoy que trata de seguir dirigiendo la Oposición. Después de no haber sabido trasladar a la opinión pública cuál era el proyecto de España con el que se presentó el 9 de marzo, podemos temer que no se sepa y quiera explicar el que va a defender “frente a” Zapatero en el caso de que gane las elecciones de 2012. ¿Aspira a heredar la España que le deje el rojo y separatista Zapatero, que sea éste el que haga el trabajo sucio que a él no le dejaría hacer el PP? Lo cierto es que ha sido el único aspirante a la Presidencia de Gobierno incapaz de definir su proyecto y me temo que vaya a volver por tercera vez”.

El acoso a Rajoy es agobiante. La iniciativa de exigir que haya primarias, adoptada por la Agrupación del Partido Popular del barrio madrileño de Salamanca, donde habitan 153.000 personas y donde se consigue el mayor porcentaje de voto a la derecha, de modo que el pasado 9 de marzo se alcanzó la cifra del 67%, puede acabar desbordando el cordón sanitario implantado de facto por los amigos del líder contestado para evitar que el candidato o candidata a presidente del Gobierno surja de las urnas y no de los notables. Íñigo Henríquez de Luna, el jefe del PP de la zona nacional, que de esta guisa se llama coloquialmente al barrio de Salamanca, se ha erigido en paladín de las primarias. Aunque desmienta que trabaja para Aguirre, la verdad es que las primarias favorecerían a la presidenta del Gobierno de Madrid. Preguntado por uno de los asistentes a una reunión o asamblea de militantes acerca de su proyecto, contestó raudo: “¡Nosotros no somos franquistas, somos demócratas!”. ¿Estaba calificando implícitamente a Rajoy de franquista?  La diversión parece garantizada. Que no pare la fiesta.

Luis G. del Cañuelo

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