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Nº 786 - 5 de mayo de 2008

Pero, ¿qué dijo Obama?

EI balance de la presidencia de Bush es tan desastroso que el mundo entero, no sólo EE UU, necesita una clara alternancia política en Washington.

Pero el enconamiento en las primarias del partido demócrata, que está produciendo graves agravios entre los dos candidatos en lid, podría acabar dando la victoria a los republicanos. Según una encuesta publicada por el Washington Post, un tercio de los votantes demócratas sólo apoyarían al candidato de su partido si es su preferido.

Quizás por ello, el candidato republicano, McCain, empieza a posicionarse frente a Obama con los argumentos utilizados por H. Clinton. Es el problema de los debates internos dentro de un partido político, sobre todo cuando cuestionan las estructuras de poder establecidas, enfrentan a personalidades bien diferenciadas o afectan a cuestiones sensibles para una parte del electorado. Bueno es recordarlo cuando se cumplen diez años de las primarias convocadas por el PSOE para elegir el candidato a la Presidencia del Gobierno, cuando el PP parece desear una experiencia parecida para resolver sus problemas de liderazgo, o cuando los socialistas franceses, después de la derrota electoral de S. Royal, la vencedora de sus primarias, siguen paralizados por sus luchas internas.

Y si no dispone la hegemonía interna, la victoria del candidato demócrata será muy difícil, por desastrosa que sea la herencia de los republicanos.

Pero, después de la victoria de H. Clinton el pasado martes en Pennsylvania, parece que el proceso no se detendrá hasta la decisión final en la Convención de Denver.

Y, a riesgo de ahondar la divisióninterna, H. Clinton seguirá planteando de forma cada vez más explícita el problema de la "elegibilidad" de Obama. Una cuestión hasta ahora sólo relacionada con su falta de experiencia, pero que se vincula cada vez más a los valores que Obama representa, como forma de referirse, sin citarlo, a su origen racial.

Obama estaba a punto de ganar la investidura en votos populares a una Clinton que hace un año parecía la segura candidata demócrata. Pero si no acaba de consolidar su victoria es porque, en el fondo, una parte del electorado blanco, próximo a los demócratas en las cuestiones económicas y sociales, no acaba de aceptar que sea presidente de EEUU un mestizo americano-keniata cuyo segundo nombre es Hussein.

Este voto blanco, y católico, se ha volcado (70 por ciento) en Clinton en Pennsylvania, especialmente en el viejo corredor industrial del acero y el carbón de Pittsburgh. Era de esperar que así fuese, sobre todo después de la utilización maniquea del análisis que Obama hizo de las consecuencias de la crisis industrial sobre las actitudes de la gente con respecto a la religión, las armas de fuego y los emigrantes.

Este episodio, que se ha presentado como un duelo sobre los valores en los que se basa la sociedad americana, me parece especialmente significativo de la forma y el contenido del debate político en campañas ultramediatizadas.

¿Qué es lo que dijo Obama, que haya podido poner en peligro su nominación? Hablaba en una reunión para recoger fondos, supuestamente sin prensa. Pero un vídeo pirata fue rápidamente reproducido en la web. Se refería al malestar que sienten los habitantes de las viejas ciudades industriales que han perdido su empleo y se refugian de su amargura en la religión, el uso de armas de fuego, el rechazo a los emigrantes y en el sentimiento antiglobalización...

Desde un análisis político europeo, estos propósitos suenan la mar de razonables, casi diría obvios. Explican buena parte del comportamiento electoral de los obreros víctimas de las reconversiones industriales o de la competencia laboral de los inmigrantes. Pero la palabra "amargado" tiene en EE UU una connotación mucho más dura, peyorativa, que en Europa. La religión desempeña un papel social diferente y la cuestión de las armas es especialmente sensible en Pennsylvania, el Estado donde la National Rifle Association está mejor implantada.

Los clips de la campaña de televisión de Clinton contra Obama, basados en excitar el rechazo de la "buena pequeña gente" contra los "propósitos insultantes" de un "elitista, divisor, que desprecia al pueblo" muestran la dureza, y el oportunismo, de las primarias demócratas.

Obama ha tratado de explicar sus palabras recordando que las clases medias americanas, pauperizadas, tienen razones para sentirse amargas. Pero en política, frente el trueno mediático irracional, quien tiene que explicarse, pierde. Y Obama perdió en Pennsylvania y ha perdido parte de su aureola de unificador por encima de las viejas barreras raciales e incluso del, a veces, estéril enfrentamiento demócrata/republicano.
Veremos cómo se desarrolla el proceso hasta el final... y esperemos que los superdelegados del Partido Demócrata, primero, y los votantes, después, sean consecuentes con las preferencias que los militantes demócratas hayan expresado en las primarias.•


José Borrell

*Presidente de la Comisión de Desarrollo del Parlamento Europeo

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