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28/4/2008

El pecado y la penitencia

E l 20 de abril de 1937 apareció en el Boletín Oficial del Estado (Burgos) el Decreto de Unificación. Firmado por Francisco Franco, podía leerse: "Llegada la guerra a un punto muy avanzado y próxima la hora victoriosa, urge ya acometer la gran tarea de la paz, cristalizando en el Estado nuevo el pensamiento y estilo de nuestra Revolución Nacional (...) Esta unificación (...) precisa tener en cuenta que (...) Falange Española y Requetés han sido los dos exponentes auténticos del Alzamiento Nacional (...) Como en otros países de régimen totalitario, la fuerza tradicional viene ahora en España a integrarse en la fuerza nueva. Falange Española aportó con su programa masas juveniles (...) Los requetés [aportaron], junto a su ímpetu guerrero, el sagrado depósito de la tradición española".

Esta fue la primera unificación de la derecha española, llevada a cabo en el siglo XX. A partir de entonces y durante años, la resultante de tal iniciativa se denominó Falange Española Tradicionalista y de las JONS. Quedaban disueltos los demás partidos. Sin embargo, monárquicos alfonsinos, provenientes de Renovación Española; militantes y dirigentes de la CEDA; no pocos afiliados a la Lliga Catalana, y también afiliados al Partido Radical de Lerroux se adhirieron a FET y las JONS que terminó llamándose Movimiento Nacional.

Cuando la democracia fue restablecida, la derecha se fragmentó en diversos partidos. La UCD trató de unirlos, lo que consiguió parcialmente y con fuertes rencillas internas, potenciadas por los personalismos y –en un plano menor– por diferencias ideológicas. En UCD había también un sector socialdemócrata que capitaneaba Francisco Fernández Ordóñez. Como estaban asimismo los azules. No hay que olvidar que los orígenes tanto de Adolfo Suárez como de otros relevantes cuadrosdel partido venían del Movimiento.

El suicidio colectivo de UCD abrió la puerta grande de la derecha a Alianza Popular, ubicada en aquella época entre la extrema derecha y el centrismo. Sus movidas internas fueron espectaculares y llenas de conspiraciones. Manuel Fraga Iribarne, en 1990, nombró a José María Aznar su heredero. Tuvo Aznar suerte y supo gestionarla. Consiguió absorber a los restos de UCD, del CDS y a las distintas familias de unos y otros: democristianos, liberales, conservadores...También se hizo con el voto útil de nostálgicos del franquismo. La Unificación de Aznar fue la segunda de la derecha. El PP gobernó dos legislaturas.

Cuatro años después de su primera derrota, el 9 de marzo, el PP liderado por Mariano Rajoy sufrió la segunda debacle. Los indicios se transformaron pronto en realidades conflictivas. La Unificación de Aznar se quebró con estruendo. El grado de tensión es enorme. Rajoy se ha visto rebasado por sus adversarios de Génova 13. De la unidad se ha pasado al guirigay. Hay polémicas de carácter personal. Rajoy no entusiasma a los suyos. Unos se autodefinen como liberales. Otros como liberales neocon, aunque nieguen serlo. Éstos presumen de centristas. Los otros se acuerdan de que un día fueron democristianos. Aquéllos añoran los recientes tiempos de movilizaciones constantes y de acoso y derribo a José Luis Rodríguez Zapatero. Los medios incondicionales trabajan para Aguirre y atacan con dureza a Rajoy. Los palmeros de antaño son en la actualidad más comprensivos con Zapatero que con Rajoy. La derecha, sin embargo, continúa instalada en su estado natural. No ha abdicado de la crispación. Ocurre que la crispación ahora la practican entre ellos en un peligrosísimo ejercicio cainita. Resulta que los profetas del catastrofismo tienen a éste de invitado en su casa. En el pecado llevan la penitencia. •

 
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