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Nº 785
28/4/2008

Varios conflictos en Etiopía

Cuando las tropas etíopes invadieron Somalia en diciembre de 2006, lo hicieron aparentemente para eliminar elementos de la llamada Unión de Tribunales Islámicos, más o menos relacionados con los yihadistas, en apoyo del Gobierno de Transición que ha recibido el reconocimiento internacional. También lo hicieron para combatir contra los núcleos de insurgentes de las regiones de Oromo y Ogaden, ambos protegidos por Eritrea, conectados con esos elementos radicales y con cobijo en el país vecino. Todas las piezas de la crisis que padece Etiopía y que se proyecta en el Cuerno de África están muy presentes y algunas de ellas en proceso de activación, dudándose de la capacidad del régimen de Addis Abeba en abordarlas con éxito y resistir una enorme presión doméstica e internacional. Tan sólo en Somalia aparecen leves signos de recuperación económica y estabilización política sin que quepa considerar que el territorio se ha convertido, como se temía, en base logística para Al Qaeda. Soldados etíopes, con pequeños contingentes de la Unión Africana, permanecen en Modadisco, en un país que sigue condenado a la violencia y el hambre.

Oromo, Ogaden, Eritrea y Somalia se conectan entre sí. Con Eritrea Etiopía comparte una frontera sujeta a diversos litigios y fuertemente militarizada. La secesión de Etiopía ha hecho de eritreos y etíopes más enemigos aún de lo que eran compartiendo el mismo país. En diciembre de 2000 firmaron los acuerdos de Argel por los que se creó unazona de seguridad en la frontera que controlarían patrullas de las Naciones Unidas, y una comisión de límites para marcar su trazado. La atribución de la ciudad de Badme, unida a otras cuestiones bilaterales en que no ha habido entendimiento, desde entonces ha enrarecido las relaciones de los dos países, conectándose el destino de la miserable localidad de Badme con la fortuna y la pervivencia de los regímenes de Meles Zenawi e Isaías Afewerki. En fín, la disputa fronteriza ha contribuído a hacer de Eritrea un refugio para los insurgentes armadas de Oromo y Ogaden. En estos momentos la comisión de límites ha dejado de actuar, la misión de las Naciones Unidas ha denunciado su incapacidad para controlar debidamente la frontera y los soldados eritreos con cierta frecuencia, realizan incursiones en la zona de seguridad.

Teniendo sus propios problemas con las poblaciones de Oromo y Ogaden, para Etiopía se convierten en algo peligroso y potencialmente explosivo al entremezclarse con las tensiones permanentes con Eritrea, así como con las turbulencias de Somalia. Por la presencia en territorio etíope de una importante minoría de origen somalí, por la contiguidad con Somalia y los efectos de la intervención armada de diciembre de 2006, todo lo que ocurre en ese país tiene profundas repercusiones en Etiopía. Siendo los etíopes el enemigo ancestral de los somalíes, con las oportunidades adicionales que ofrece el yihadismo y el terrorismo de Al Qaeda, Somalia se habría convertido, como Eritrea, en una retaguardia y un santuariopara preparar y lanzar ataques contra el vecino. Las cuestiones de Somalia, Eritrea, Oromo y Ogaden en último término están transformando un régimen político firmemente aliado con Washington en la guerra contra el terror, y que desde 1991 con cierta continuidad ha llevado al país por un proceso de democratización y reformas económicas, pero cada vez aparece más condicionado por la militarización y el autoritarismo.

Quiere esto decir que las exigencias de la acción antiterrorista se superponen a una serie de problemas propios, sin que al abordar unos y otros se sepa muy bien si Adis Abeba sigue las orientaciones de Washington o responde a sus propias necesidades de seguridad y estabilidad. En cualquier caso, con la intensificación de los conflictos que abruman al régimen etíope, no se dispone de la mejor receta para una política de comprensión, flexibilidad y moderación en el tratamiento de los derechos humanos, la situación de las minorías y una visión renovadora respecto a Somalia y Eritrea. Si Etiopía debiera comenzar por deshacer tanto embrollo, en que problemas domésticos y regionales se confunden de manera progresiva, podría hacerlo mediante el acercamiento con Eritrea y el cumplimiento de lo acordado en Argel, valiosa pieza para la pacificación regional. De otro modo se asistirá probablemente a una espiral de violencia que fomente el caos de la región y la involución dictatorial y represiva del régimen, en un país cuya desestabilización tendría nefastas consecuencias políticas y humanitarias.•

Ignacio Rupérez

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