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AGUA VA...
Ramón O'Pina
Nº 785- 28 de abril de 2008
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Érase una vez...

Discutir por discutir, lo hacían mejor los de la generación del '98. Y no digamos los de hace cien años: 1908 (prólogo del estéril parto creativo de la fecunda generación del '27). Aquellas sí que eran polémicas de arte y ensayo.

Hoy se ponen trascendentales con una de pipas, y, alguna, se postula como fanática liberal desde el púlpito de sus intransigentes opiniones, contra los tibios, maricomplejines y demás meapilas del aparato. Mientras, los otros, a la espera de su Congreso, se atrincheran en las lealtades y servicio a la (su) causa; fidelidad a sus votantes y unidad del partido (roto, ya, inevitablemente, a trozos). Puntos de vista y visión de intereses. Hace cien años, a comienzo de mayo, desde su tribuna semanal en Nuevo Mundo, "Desde Londres", Ramiro de Maeztu disertaba sobre el sentido y razón de ser de los partidos políticos, recogiendo las opiniones de la vanguardia intelectual del momento. De una parte, la tesis del joven Ortega y Gas-set: se da demasiado valor al hombre, la persona, como núcleo y esencia de un partido. De otra parte, Azorín, rechazando que sea la idea, el pensamiento, lo que deba dar entidad e identidad a un partido. Maeztu se quedaba con la teoría de su idolatrado Unamuno, que, cómo no, apabullaba con sus razones para explicar que, ni lo uno ni lo otro: un partido debiera ser el resultado de una especie de simbiosis y comunión, entre una idea/ideal (vivo, justo, atractivo y al servicio del pueblo) y una persona. Y que el mejor y más capaz de sus creyentes, esa persona, liderase la consecución de objetivos (no sólo el poder). Pues eso: con la misma riqueza intelectual de aquí y ahora en la polémica (a garrotazos y navajadas) entre ideolátricos y androlátricos (sic) en las filas del PP. En aquel primer centenario del 2 de mayo en 1908 (también en viernes), celebración del motín madrileño contra gabachos y mamelucos a las órdenes del sanguinario Murat, AlfonsoXlll, a pie, por la calle de Alcalá, seguido del alcalde (conde de Peñalver) y demás autoridades, presidía la procesión cívica (sic) en honor de los héroes de la independencia. Inauguraciones; misas; lápidas conmemorativas; desfiles y todo tipo de manifestaciones patrióticas por todos los rincones de la patria. El rey y las reinas (Victoria y María Cristina), con las infantas Isabel y María Teresa, no daban abasto con tanta celebración. Hasta el pequeño príncipe de Asturias (con fecha de caducidad), a punto de cumplir un año, el 10 de mayo, participaba en brazos de su augusto papá. La magna exposición de Zaragoza la inauguró el infante Don Carlos en representación real. Bombita y Machaquito, a la cabeza del escalafón, cogidos a primeros de mes, se perdieron la de Beneficencia (corrieron los ocho toros de Muruve los diestros Manolete, Bienvenida, Bombita III y Vicente Pastor) Por esas fechas se estrenó la plaza de Carabanchel. Y dentro de otros cien año, todos calvos. •

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