Nº 735 -28 de abril de 2008
 
Hemeroteca Esta semana

De Lassalle y Batet, pareja políticamente insólita

En medio de la tromba de dislates que envuelven la crisis abierta en el Partido Popular, Rajoy aguanta el tirón como sea y como puede para blindar su continuidad de número uno, presuntamente legitimado en las urnas de un Congreso, el de junio, más cercano a los tiempos del tardofranquismo que a los de la consolidación de la democracia. Mientras tanto, los barones le aplauden, temerosos que la llamada lideresa acabe convirtiéndose en la madre abadesa del convento sito en la madrileña calle de Génova 13 y les deje a ellos sin postre. Pues bien, al socaire de la exhortación al debate ideológico lanzado por Esperanza Aguirre, más como cortina de humo que otra cosa, el secretario de Estudios del PP y diputado por Cantabria, José María Lassalle, publicó el otro día en El País una reflexión de cierto fuste que habrá levantado sin duda ampollas entre los partidarios, confesos o no, de la doctrina neocon.

Lassalle es una rara avis en el universo de la derecha española. En lo personal, se da la circunstancia, que tiene una dimensión pública innegable, de que el diputado cántabro está casado con Meritxell Batet, diputada socialista catalana. Esta pareja políticamente insólita constituye una especie de extraño oasis en el desierto de la crispación y de la bronca, ahora en estado de letargo, siquiera momentáneo. Si Lassalle y Batet fueran alemanes, es probable que serían felices con el actual Gobierno de coalición entre democristianos y socialdemócratas, que preside Angela Merkel. Pero no son alemanes.

Repasemos ese artículo de El País. Trata de desmontar las teorías de Aguirre, tendentes a acentuar el liberalismo como esencia o ingrediente principal en el pensamiento del PP. Y lo hace subrayando que el liberalismo ya está incluido en el programa del partido en estas recientes elecciones generales del 9 de marzo pasado.  Escribe Lassalle que “en él –en el programa– se dice que somos ‘una formación política de centro’ (…) que ‘asume la tradición del liberalismo español surgida de la Constitución de Cádiz’ (…) Asimismo creemos en la ‘igualdad porque sin ella hay arbitrariedad, privilegio y discriminación, y porque asegura un orden de justicia gobernado por el imperio democrático de la ley (…)”.

El esfuerzo de Lassalle es meritorio. Trata de deslindar el “liberalismo antipático”, según denomina al ultraliberalismo o al liberalismo neocon de Bush y de su corte de reaccionarios, del liberalismo con rostro humano o con sensibilidad social. Para ello se acoge, como hemos visto, al programa del PP, que repite lugares comunes, como el centrismo, tan jaleado por sus dirigentes como negado y burlado en el día a día de la mayoría de los jefes populares. Incorpora Lassalle otros razonamientos de similar corte: “Reclamamos el ‘protagonismo de la sociedad civil a la hora de liderar los cambios que demanda nuestro país’(…) y abogamos por el ‘reformismo como garantía de progreso y bienestar y de la igualdad de todos los españoles dentro de una economía libre’(…). Por último, se afirma que ‘la política debe ejercerse desde la moderación y el respeto a las opiniones de los demás’, apostando por el ‘consenso y el desarrollo de políticas incluyentes, especialmente cuando éstas interesan a los fundamentos de nuestra convivencia”.

Se pregunta claramente Lassalle “si no estaremos apelando a dos tipos diferentes de liberalismo, pues, si ella [Aguirre] cree que los liberales que estamos cómodos con el discurso de Rajoy no lo somos del todo –o, incluso, somos a sus ojos unos socialdemócratas encubiertos–, entonces, una de dos: o el discurso neocon  ha cobrado cuerpo con Aguirre y empiezan a deslizarse los reproches que fueron tan del gusto de los Wolfowitz, Perle, Kristol y compañía hacia quienes no les secundaban entre las filas republicanas, o las ideas del neoliberalismo de los 80 han vuelto inoportunamente a la carga cuando una profunda crisis económica está al acecho”.

En un gesto deliberado de no querer echar más leña al fuego, Lassalle excluye explícitamente a Aguirre de “los postulados neocon”. Ello no le impide acogerse sutilmente a otros factores para sembrar la sospecha de que la presidenta de la Comunidad de Madrid y aspirante a ser la sucesora de Rajoy navega sin disgusto perceptible por las procelosas aguas del neoconservadurismo americano: “Sé que Aguirre está lejos de defender los postulados neocon, pero tengo serias dudas  acerca de alguno de sus colaboradores. En cualquier caso sus continuas apelaciones al liberalismo a través de autores como Friedman o Hayek producen cierta inquietud, ya que dejan en el ambiente los ecos neoliberales de la melodía de la revolución conservadora que protagonizaron Reagan y Thatcher”.

¿Es posible aún que el PP rompa con el sueño neocon al que lo llevó este Aznar, ahora vestido de pajarita que triunfa en las cenas de Washington, en las que el Consejo Atlántico reparte premios, acompañado de Tony Blair y de Colin Power, todos aplaudiendo al magnate Rupert Murdoch, galardonado por su infinito amor a la libertad no tanto de expresión como, por supuesto, de mercado? No parece probable. Y si finalmente el PP rompe con sus vínculos neocon no será difícil que el partido se quiebre, aunque sea de forma parcial. ¿Aceptarán Aznar y sus amigos ser desautorizados por Rajoy y este ideólogo de la cordura que se llama Lassalle, nada menos que casado con una diputada socialista, orgullosa del catalanismo, la cual ha escrito justamente estos días en una revista de debate político, ubicada en la órbita del PSC, cosas muy distintas a las que sostiene no ya Aguirre, sino Rajoy, respecto a los distintos territorios que configuran España?

Luis G. del Cañuelo

Hemeroteca Esta semana
© El Punto Prensa, S.A. c/ Ferrocarril, 37 duplicado - 28045 Madrid.
Tfno: 34 91 516 08 14/15/08        E-mail: siglo@elsiglo-eu.com