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El PP se mueve
por Santiago Carrillo
El en apariencia piramidal y monolítico PP
da muestras, después
de la derrota dulce del 9 M, de nerviosismo, de haber perdido la férrea cohesión y obediencia al jefe de que siempre hizo gala. Aparte otros síntomas menores, lo que ha alcanzado notoriedad y es noticia diaria en los medios de comunicación, el curioso duelo entre Mariano Rajoy y Esperanza Aguirre, provoca múltiples especulaciones.
Tenemos, por un lado, la campaña electoral, en clave interna, que el político gallego está desarrollando con vistas a su reelección como líder en el Congreso de junio. Esta campaña peca ciertamente de gran confusión, puesto que en el terreno de las ideas no se dice nada nuevo, no hay la más mínima rectificación y su punto de partida es simple: transformar la derrota electoral en una victoria por el hecho de haber obtenido algunos escaños más en las elecciones; cambiar algunos colaboradores, bastante quemados, por otros. Con lo que, al final, no haber alcanzado la victoria es achacable no tanto a la política que siguió el PP, sino al error de haber promocionado a unas personas que no convenían.
Comentadores benévolos han deducido que con este recurso Rajoy se proponía hacer un viraje al centro, sin decirlo. Los políticos acuden a este método algunas veces pensando que así mantienen intacta su autoridad de líderes. Pero en este caso, hasta prueba en contrario, me permito dudar que Rajoy cambie efectivamente de estrategia, aunque ello sería elemental después de dos derrotas.
Por su parte, Esperanza Aguirre, en su duelo con Gallardón había dejado ya muy claro, hace tiempo, que su ambición visaba a la presidencia del partido, al puesto de Rajoy. No porque tenga divergencias ideológicas con él, éstas sólo son un pretexto, ya que su gestión en la presidencia de la región madrileña la muestra como una perfecta neocon, etiqueta perfectamente aplicable también a Rajoy. En el fondo, por mucho que lo niegue, lo que tiene la Sra. Aguirre es una gran ambición política, reforzada por sus éxitos electorales, que empezaron, por cierto con la corrupción de dos elegidos del PSOE que robaron la victoria a la izquierda en la Comunidad.
Mi impresión es que la ambición de Esperanza está siendo utilizada por la ultraderecha del PP no tanto para sustituir a Rajoy y elevarse a la presidencia del partido como para presionar a Rajoy y disuadirle de cualquier veleidad de moverse realmente hacia el centro. La estrategia de la COPE, apoyada por prensa amarilla, creo que lo que se propone es, sobre todo, eso, mantener al PP como lo que ha sido hasta ahora: el bloque pétreo de todas las derechas españolas.
Claro que cuando se abre un melón no se sabe bien lo que va a encontrarse. Y podría suceder que entre la afiliación surgieran, sorprendentemente, gentes que sí quieren cambios en la política del PP.• |