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| Nº 785 - 28 de abril de 2008 |
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Y Fraga mandó callar
por Miguel Ángel Aguilar De pronto parecería que al ex presidente José María Aznar se lo hubiera tragado la tierra o que fuera víctima de una afonía porque, en medio del debate abierto en el seno del Partido Popular, nos falta su palabra. No se le ha oído piar cuando más falta nos hacía. Tan locuaz como se ha mostrado en tantas y tan inapropiadas ocasiones y ahora sólo nos obsequia con su desaparición de la escena pública. En su ausencia, los periodistas se han dirigido al otro presidente honorario y fundador del PP, Manuel Fraga Iribarne, quien, interrogado acerca de la actitud de Esperanza Aguirre, ha recuperado sus modales autoritarios para pedir "que se calle de una vez". Nuestro Manuel Fraga, apodado El Niño del Referéndum en el inolvidado perfil taurino que de él trazó Francisco Cerecedo (véase el volumen Figuras de la Fiesta Nacional, editado por la Asociación de Periodistas Europeos), es un torero bronco que a pesar de algunos intentos no ha sabido abandonar el viejo estilo totalitario que le hiciera famoso. Como señalaba Cerecedo es un fanático de las exclusivas y por eso se esforzó en cerrar el paso a todos los diestros que no formaran parte de la entonces todopoderosa empresa del Movimiento, S.A., concesionaria, entre otras, de las importantes plazas de El Pardo, las Cortes y Huertas 73. Por eso, defendía la fiesta nacional a la antigua usanza, acusaba a otro diestro, Adolfo Suárez, El Posturas de la Moncloa, de golpe de Estado y descalificaba a los piadosos novilleros democristianos tildándoles de "alta traición". Pero los tiempos han mudado y ya no caben invocaciones como aquella que le hizo famoso de "la calle es mía". Ahora ya no pintan bastos. Nadie va a callarse porque Fraga lo diga y desde luego Esperanza Aguirre no figura entre quienes le rinden acatamiento. El fundador debería saber que sólo se puede pedir que alguien se calle de una vez cuando se está seguro de ser obedecido porque en caso contrario sólo le queda comprobar cómo le han perdido el respeto. Entre tanto Esperanza Aguirre acreditó maneras en el programa de TVE cuando se encerró a solas con seis periodistas seis, de los que dio buena cuenta sin descomponer la figura. Supo revolverse en un palmo de terreno y salió indemne sin un solo enganchón en el traje de luces de la "ambigüedad calculada", tras refutar como inválidos términos como los de inamovible o inquebrantable. El espectáculo político está ya en deuda con Esperanza Aguirre y la limpia organización del Congreso en ciernes del PP convocado para el 20 de junio en Valencia exige que se abra a la presentación de candidatos alternativos y al debate de propuestas y resoluciones. Otra cosa es que convenga averiguar si se trata de una lucha de personalismos o si el contraste es entre ideas y programas. Por el momento, Mariano Rajoy avisa de su propósito de emprender una nueva etapa de autonomía fuera del seguidismo de Jota Pedro y Federico, a quienes estuvo entregado durante los últimos cuatro años. Es decir, quiere rectificar y por esa senda renovar. Esperanza Aguirre se ha buscado una genealogía liberal pero para ser creíble debería liquidar la escuela de sectarismo de Telemadrid y separarse de su escolta mediática. De lo contrario, su imagen será la de la exageración. • |
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