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 Nº 784 - 21 de abril de 2008

La fragilidad de la economía de EE UU (II)

por Carlos Berzosa

Tras la recesión de principios de los noventa vino un periodo de auge que ha sido estudiado por Stiglitz en el libro Los felices noventa (Taurus, 2003). Según este autor esta década fue la más próspera de la historia en Estados Unidos, pero también sentó las bases de la crisis económica que se produjo. En estos años se siembra la semilla de la destrucción. Así que este periodo tuvo su final en el año 2000 con el derrumbe de los valores bursátiles de las tecnologías de la información y la comunicación y los escándalos empresariales, como el de Enron, entre otros.

Tras unos años de situación difícil tuvo lugar otro periodo de auge que acaba de finalizar con la desaceleración que se ha dado y la posible recesión que se anuncia. La crisis actual de la economía más desarrollada del planeta tiene sus orígenes en el sistema financiero y en el exceso de las hipotecas basura que se han dado para estimular la compra de viviendas.

Los problemas que la economía mundial está viviendo y que se agravarán en un futuro inmediato tienen su origen en la economía de Estados Unidos y en el exceso de endeudamiento tanto del sector privado como del público. De estas recesiones que se dan de cuando en cuando y de un modo periódico se pueden extraer enseñanzas que deben ser útiles de cara al futuro.

Dos autores, Bluestone y Harrison, señalan en su libro Prosperidad (Fondo de Cultura Económica, 2001) cómo desde el fin de la Segunda Guerra Mundial hasta comienzos de la década de los setenta, los Estados Unidos disfrutaron sus "días de gloria". Los días de gloria terminaron en 1973, y desde entonces se ha vivido un crecimiento lento en los setenta, ochenta y principios de los noventa, salpicado estos años, además, por las recesiones que hemos mencionado. Cuando a principios de los noventa, todo el mundo se encontraba resignado a aceptar como inevitable este crecimiento lento, sin embargo, la economía resurgió y el crecimiento se veía recompensado con una renovada prosperidad.

El origen de este progreso, plantean con acierto estos dos autores, fue una recuperación del aumento de la productividad, y por primera vez en dos décadas, el salario real promedio dejó de caer y en realidad subió ligeramente, incluso para los grupos más bajos de la escala. Consideran que estos felices noventa, en expresión feliz de Stiglitz, justifican que se tuviera una visión optimista del potencial del país. No obstante, ellos no se encuentran tan apasionados, y el libro se dedica a explicar el porqué. Así que este libro, el de Stiglitz y el de un autor más radical como Pollin (Los contornos del declive, Akal, 2003) sirven de referencia prácticamente obligada para entender la prosperidad de los noventa y el final de ese auge económico.

La primera lección que se extrae de todo ello es que, a pesar de los avances de la economía, tanto en productividad y mejoras tecnológicas, y de la propia ciencia económica las recesiones se siguen dando. Hasta la fecha no se han conseguido evitar, aunque se hayan dado logros importantes en el funcionamiento de la economía real y en el conocimiento cuantitativo.

La segunda lección es que las crisis se dan primordialmente, así es desde los ochenta, en el sistema financiero y en el bursátil y arrastran al sector real y productivo en el descenso. Lo que pone de manifiesto que para crecer en este sistema hay que alimentarlo con el endeudamiento, y ese proceso tiene sus límites, que estallan en momentos concretos desencadenando la crisis. También la obtención de beneficios espectaculares en los mercados bursátiles, sustentados en especulaciones que tienen a su vez sus limitaciones, estalla cuando se distancian los valores en Bolsa de los reales de las empresas.

La tercera lección es que el capitalismo norteamericano es el más liberalizado y desregulado, y no sólo no se encuentra inmunizado antes las crisis, sino que además es quien las ge nera, en casi todos los casos, a nivel
global.

Por lo que se deduce que las recetas frente a las crisis no pueden ser las de conseguir una mayor liberalización y desregulación, y que un sistema capaz de innovar es frágil en la medida en que se basa en la desigualdad y en la falta de unas buenas actuaciones de las políticas públicas. •

*Rector de la Universidad Complutense de Madrid.

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