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Nº 784
21/4/2008
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Italia, Berlusconi y la crisis de partidos

Por José María Benegas

Muchos comentaristas po líticos se han sorprendido por el resultado de las elecciones italianas que otorga una amplia victoria a Berlusconi en el Congreso y en el Senado. No se explican cómo la mayoría de los italianos pueden optar por tercera vez por el singular líder de Forza Italia. Pocos buscan el punto de partida de un liderazgo de estas características que, desde mi opinión, se sitúa en la enorme crisis de los grandes o tradicionales partidos de la democracia italiana, a saber, la Democracia Cristiana (DC) el Partido Comunista Italiano (PCI) y el Partido Socialista que durante una importante etapa dirigió Bettino Craxi. El desplome de la DC y el PSI fue fulminante. La operación Mani Pulite (Manos Limpias) y las querellas internas que se desatan con el descubrimiento de los primeros casos de corrupción acabaron con estos partidos que sin duda forman parte de la historia moderna de Italia. El poderoso PCI sufrió un proceso más lento que los anteriores, pero aquella enorme organización se destrozó igualmente.

Bien es sabido que cuando se produce una crisis del sistema de partidos aparece el caldo de cultivo necesario para que surjan liderazgos caudillistas o populistas. Es el caso de Berlusconi y se pueden ofrecer múltiples ejemplos recientes, sobre todo en Latinoamérica. Berlusconi, además de su dedicación a los medios de comunicación y el fútbol como presidente del Milán, vivió los entresijos de la política italiana muy de cerca a través de su amigo Bettino Craxi, a quien prestaba su avión privado para los desplazamientos no oficiales, y siguió muy de cercala operación Manos Limpias y el calvario político que posteriormente vivió Craxi. Por lo tanto, tenía un amplio conocimiento de la política italiana antes de su dedicación a la misma.

La segunda razón que puede explicar su victoria es que en Italia, desde la desaparición del PSI y PCI, la izquierda o las plataformas de progreso que se crean para las confrontaciones electorales están totalmente atomizadas en numerosos grupos y partidillos que después es muy difícil mantener unidos. Creo que los ciudadanos progresistas están cansados de una izquierda que se apuntilló así misma liquidando la alternativa Prodi con un golpe interno asestado con alevosía y nocturnidad. Aunque el alcalde de Roma tiene una buena imagen al frente de su consistorio, no ha tenido tiempo para consolidar una alternativa a Berlusconi que fuera sólida y generara seguridad entre los ciudadanos, por liderar un polo igualmente atomizado como el que impidió a Prodi terminar su mandato.

A finales de los años ochenta surgió en Italia la teoría del "partido parlamentario": sus partidarios defendían la tesis de que en las sociedades modernas los partidos estructurados a la antigua usanza con militantes, organizaciones locales, sedes, líderes orgánicos, etc., eran una rémora para el líder, muy caros para mantener, y fuente de todo tipo de corrupción. Así surgió la teoría del "partido parlamentario", que solamente requiere de un líder y de unos buenos candidatos en cada circunscripción, y el grupo parlamentario que surge de las elecciones se convierte en la única estructura del partido. Pues bien, éste es el modelo que viene aplicando Berlusconi y en el que se sustenta su liderazgo y desde el que pacta sus alianzas con la Liga del Norte de Bossi y la Alianza Nacional de Fini.

En política, casi todo tiene un explicación y las razones que anteceden constituyen elementos sólidos, no los únicos, para explicar por qué un personaje como Berlusconi gana elecciones en Italia y en esta ocasión con mayoría absoluta.

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EI pasado 10 de abril se cumplieron diez años de la firma de los Acuerdos de Stormont, en virtud de los cuales los ciudadanos del Ulster han vivido una década sin atentados terroristas, sin víctimas mortales y sin violencia. Cuando recuerdo el drama que percibí en un viaje que realicé a la zona en mayo de 1995, el odio entre comunidades, los muros de separación entre las mismas, la convulsión producida por miles de muertos, en definitiva, un conflicto sin horizontes de solución, pienso hoy que el logro de diez años sin violencia supone un verdadero milagro político. El proceso, como es conocido, no ha estado exento de serias dificultades, que tuvieron como consecuencia la suspensión de la autonomía en varias ocasiones, siempre al borde de la ruptura, pero lo cierto es que ahí están los resultados: diez años de paz. ¿No es sorprendente que en la actualidad dirijan un gobierno de amplia coalición juntos el ultra conservador lan Paisley y el antiguo miembro del IRA Martin McGuinness?. Era impensable tan sólo hace muy poco tiempo. •

*Diputado del Grupo Parlamentario Socialista en el Congreso.

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