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Nº 784 - 21 de abril de 2008

Elecciones en Nepal

H ace algo menos de dos años Nepal ocupaba en los telediarios el espacio que ahora ocupa el Tíbet. Desde entonces este país ha vivido una sorprendente transición política, pasando de las manifestaciones populares contra un rey que había asumido todos los poderes, suprimido los partidos y cerrado el Parlamento, a una jornada electoral exitosa con una alta participación (60%).

Una misión de observación electoral del Parlamento Europeo que me cupo el honor de presidir, estuvo presente para acompañar y garantizar la limpieza democrática de un proceso que se realizó en condiciones ciertamente difíciles, bien poco homologables a las nuestras.

En efecto, después de que una serie de acuerdos políticos y de paz pusieron fin a una guerrilla maoísta que duraba 10 años, el jueves pasado Nepal eligió una Asamblea Constituyente para que redacte una Constitución republicana y federal para ese pequeño (27 millones, pocos en realidad para los estándares asiáticos) Reino del Himalaya.

Este es el primer resultado del inicio de un proceso político que sería más ejemplar que nuestra pacífica transición si acaba llegando a buen puerto. Para que las elecciones tuvieran lugar, 19.000 guerrilleros entregaban las armas, y el ejército una cantidad equivalente, que quedaban bajo custodia de la ONU. Pero la población civil pagó los platos rotos de la violencia indiscriminada y de las violaciones de los derechos humanos de ambos bandos (13.000 muertos y millones de desplazados) en este barril de pólvora que constituye un país de estructuras feudales y conmás de 100 etnias y lenguas diferentes. Eso explica la tensión y la violencia de la campaña electoral que ha contrastado con la sorprendente normalidad del día de las elecciones.

Pero a pesar de las intimidaciones de unos y de otros, los nepalíes se apresuraron a hacerlo. El cierre de las urnas fue saludado con un aplauso, en un ambiente que recordaba el de nuestras primeras elecciones 30 años atrás. Aunque la participación haya sido más baja que en otras elecciones, hay que tener en cuenta que los 10 años de guerrilla han producido 1,5 millones de emigrantes y millones de desplazamientos internos que afectan al voto en un país de difíciles comunicaciones y sin voto por correo. Ciertamente, los nepalíes han votado con todas sus fuerzas.

La segunda gran sorpresa ha sido que el partido maoísta en que se ha convertido la guerrilla escindida del Partido Comunista en 1996, parece haber ganado ampliamente las elecciones. Se pensaba que podrían superar el 15% pero ya han obtenido la mitad de los escaños adjudicados, doblando la suma de los otros dos partidos supuestamente mayoritarios. Los líderes de éstos, derrotados en sus circunscripciones, han dimitido, mientras el líder maoísta Prachandra ("el fiero") ha sido elegido ampliamente en la capital. Ciertamente, los nepalíes han votado claramente por un cambio político radical.

Si la tendencia se confirma, los maoístas serán la fuerza mayoritaria en la nueva Asamblea constituyente y el rey tendrá que marcharse en seguida. Pero es curioso escuchar el discurso de sus ideólogos: su prioridad es acabar con la monarquía y elfeudalismo y hablan poco de socialismo. La ironía de la historia es que la guerrilla maoísta pretende instalar el capitalismo dentro de un sistema multipartito competitivo. Puede ser una operación de charming para los interlocutores occidentales, o quizás no sea sino el reconocimiento de la más ortodoxa de las teorías: entre el feudalismo y el socialismo está el capitalismo y Nepal necesita pasar por esta fase intermedia.

Si los maoístas llegan al poder, el problema será la reacción de EE UU, que sigue catalogándolos como una organización terrorista, y la de los grandes vecinos China e India. Prachandra ya ha lanzado un mensaje a la comunidad internacional asegurando su compromiso con la democracia. Y se declara dispuesto a un Gobierno de coalición para estabilizar el país, construir la paz duradera, institucionalizar el cambio republicano y dinamizar la economía.

¿Bastará esta victoria electoral y estas declaradas intenciones para que EE UU y los inversores globales olviden su pasado de guerrillero maoísta y cooperen con él? Así debería ser, y en ello puede desempeñar un papel fundamental la UE, que en el pasado no los incluyó en su lista de organizaciones terroristas y está desarrollando un importante programa de cooperación al desarrollo con Nepal. No deberíamos repetir el error cometido en Palestina. Esperemos, pues, no hacer lo mismo en Nepal, donde habría muchas menos razones para hacerlo puesto que allí no hay un conflicto con otro Estado. •

José Borrell

*Presidente de la Comisión de Desarrollo del Parlamento Europeo

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