Nº 784 - 21 de abril de 2008
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El doblaje: prohibido y obligatorio

por Miguel Ángel Aguilar

Sucedía en Monfortinho (Portugal) donde se celebraba el VI Seminario Luso-Español de Periodistas dedicado a conversar sobre "Aproximaciones y distancias" entre los dos países vecinos. Intervenían para abordar la perspectiva cultural los escritores José María Guelbenzu y Antonio Tabuchi y los directores de cine Antonio Pedro Vasconcelos y Jaime Chávarri, bajo la moderación de José María Ridao. Había tratado Guelbenzu de las dificultades que encuentran los autores portugueses de ahora para su acogida en España a diferencia con lo sucedido, por ejemplo, con Pessoa. Después Tabuchi puso en contraste el Quijote, novela del antihéroe con la que España se identifica, y Os Lusiadas, el poema épico nacional portugués de Camoens.

Entonces Vasconcelos recordó que la llegada al poder de Salazar en 1928 coincidió con la aparición del sonoro en el cine y explicó que en Portugal el dictador prohibió el doblaje de las películas para evitar que la población con un alto grado de analfabetismo pudiera quedar impregnada de doctrinas malsanas. Las películas en otros idiomas quedaban así encerradas en el reino de lo incomprensible sin capacidad alguna de influencia. Enseguida vino el contrapunto de Chávarri, quien dio cuenta de cómo, por el contrario, en España Franco impuso la obligatoriedad del doblaje para garantizarse la unidad del idioma y eliminar las lenguas y los acentos regionales. De ahí derivó la inutilización de los acentos en las películas españolas, donde su aparición quedó asociada a tintes ridiculizadores y sólo provoca, aún hoy, la risa de los espectadores. Fue un buen ejemplo sobre las reacciones antagónicas ante un mismo fenómeno como el del cine sonoro, movidas por prioridades diferentes.

El encuentro, organizado por las secciones portuguesa y española de la Asociación de Periodistas Europeos, permitió también el análisis de las regiones fronterizas de las que se ocuparon Juan Carlos Rodríguez Ibarra, ex presidente de la Junta de Extremadura, y Joaquim Moráo, presidente de la Cámara de Castelo Branco, en una sesión moderada por Pedro Machado, presidente de la Agencia de Promoción Turística portuguesa. Ibarra trazó un esquema de las asimetrías que están en la base de los desencuentros con especial referencia a las decisiones contrarias que ambos países han tomado en cuestión tan significativa como la distribución territorial del poder.

Vinieron después las intervenciones de los secretarios de Estado para Asuntos Europeos; el de Portugal, Manuel Lobo Antunes, y el de España, Alberto Navarro, que junto a dos europarlamentarios, Enrique Barón y Carlos Coelho, se aplicaron a presentar la perspectiva de ambos países con sus convergencias de fondo matizadas por la coloración de intereses nacionales específicos. Antunes y Navarro repasaron las tareas cumplidas para concluir el Tratado de Lisboa y el trabajo al unísono de ambos países que esperan anhelantes la ratificación comprometida de los 27 países miembros.

En los dos últimos paneles participaron los directores de los diarios portugueses y españoles que se editan en ciudades próximas a la raya y trataron del futuro de la prensa regional y de la complementariedad y las diferencias entre ambos países. La clausura estuvo a cargo del ex presidente Mario Soares, que se remontó a sus tiempos de clandestinidad y enfocó los objetivos de futuro. Luego los periodistas María Fernanda Gabriel, presidenta de la Asociación de Periodistas Parlamentarios Europeos, y Diego Carcedo, presidente de la Asociación de Periodistas Europeos, convocaron para el próximo año el VIII Seminario de la serie luso- española. Entre tanto, sonaban los teléfonos móviles que iban dando cuenta de la lista del gobierno de Zapatero y la distancia introducía un sano relativismo. Continuará.•

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