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14/4/2008

Ese es su reto, señor presidente

Impactante titular de El País del 10 de abril: "España sufrirá el mayor frenazo entre las economías avanzadas. El Fondo Monetario Internacional pronostica más tasa de paro y una elevada inflación". No le falta razón a esta observación: "El FMI lanzó ayer el peor jarro de agua fría sobre la economía española y la desaceleración será brusca".

Cabe –frente a un panorama tan sombrío– refugiarse en el refrán: "Mal de muchos, consuelo de tontos". Porque se consuelen o no los tontos, lo cierto es que el futuro parece más bien escalofriante no ya para España, sino para todo el mundo. El FMI "asegura que la recesión en EE UU llevará a una desaceleración general en el planeta".

Una cosa debe quedar clara. El "mal" económico actual no es una peculiaridad de España ni es consecuencia de una deficiente gestión del Gobierno, aunque haya habido errores. Se trata de un temible huracán, dispuesto a que se tambalee la economía en un montón de países. ¿Alcanzará la gravedad de la crisis de 1929, iniciada también en EE UU y que castigó con dureza a Europa y, singularmente, a España? ¿Qué habría pasado si a la II República le hubiera tocado un tiempo de bonanza? Nunca lo sabremos.

Puede asimismo contemplarse el bajonazo económico que se nos ha venido encima desde una óptica más remota y, por cierto, bíblica. La economía es cíclica. Sube y baja como una inexorable noria. En el Egipto de más de dos mil años antes de Cristo, llegaban las plagas y lo arrasaban todo. Algunos faraones fueron derrotados por las siete plagas. José fue previsor como la hormiga, supo interpretar el sueño del faraón Amenofis III y no emuló a la cigarra. Ahorró en época de vacas gruesas y Egipto entonces soportó con mayor fortaleza los siguientes siete inacabables años de vacas flacas.

El veredicto del FMI sobre España no es halagüeño. En los cuatro años primeros de Rodríguez Zapatero en la Moncloa, los magníficos resultados económicos eran balsámicos ante tantos frentes abiertos: desde el matrimonio entre homosexuales al Estatuto de Cataluña, pasando por tormentas como las de la OPA a Endesa, la Ley de la Memoria Histórica, Educación para la Ciudadanía, la Alianza de Civilizaciones y, por encima de todo, el proceso de paz en relación a ETA y sus consecuencias tras la ruptura sangrienta del diálogo.

Pero ese veredicto señala, sin embargo, que el crecimiento de la economía española será mayor que el del resto de numerosos países desarrollados, incluyendo EE UU, Alemania, Francia, Italia, Reino Unido, Japón y Canadá. El retroceso lo sufrirán también países emergentes como Rusia, China, India, Brasil o México. Es decir, que el viento de la economía no será tan de popa como hasta ahora.

Zapatero aprobó holgadamente en las urnas del 9 de marzo casi todas sus asignaturas más difíciles. Ha de aprobar en esta legislatura, y a ser posible con nota, la economía. Las medidas anunciadas pueden funcionar o, como mínimo, amortiguar los daños colaterales de la crisis económica, más o menos explícita.

Le reprochan desde la oposición que insista en la necesidad de continuar impulsando medidas de carácter social. Pues eso es lo que ha de hacer precisamente un Gobierno socialista: proteger a los más desprotegidos. No es justo que los vaivenes económicos los paguen siempre los menos favorecidos por la fortuna. Es complicado, pero Zapatero debe intentar lo más difícil todavía: la cuadratura del círculo en términos económicos y sociales. Ese es su reto, señor presidente.•

 
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