F abián
Hemeroteca Esta semana
Nº 783

14/4/2008

Y habló de España

Por José Antonio Pérez Tapias*

Martin Luther King tenía un sueño. José Luis Rodríguez Zapatero tiene una idea de España –sin acentuar en exceso la segunda sílaba, pues hay distintos modos de pronunciar según se hable por la derecha o por la izquierda–. Ha dedicado el debate de su investidura como presidente a decirnos cuál es. Su interés en mostrar que se trataba de eso, además de la presentación de un programa de Gobierno, ha quedado bien explícito: la palabra "España" es la que ha estado más presente en su discurso –unas 55 veces–, encabezando la expresión "idea de España" cada parte del mismo.

Ahora bien, en tanta referencia a España –nada de rodeos por el "Estado español"–, ¿hay algo más que la argucia de arrebatar a Rajoy, líder en precario de la derecha, uno de sus recursos para la crítica al candidato del PSOE? Creo que sí, que no se trata sólo de un recurso para reciclar respuestas a la que ha sido recurrente acusación del PP diciendo que España se rompe. Zapatero, ante su segunda etapa de Gobierno, ha querido enmarcarla bajo un horizonte no circunscrito sólo a los próximos cuatro años. El acento del candidato socialista ha recaído en cómo la acción del Gobierno para el que ha pedido apoyo parlamentario, va a atender no sólo a los problemas inmediatos de la sociedad española –lo que no es poco, a la vista de la crisis económica, del pinchazo de la burbuja inmobiliaria, de la necesidad de infraestructuras, de la problemática de la educación, del desarrollo de las políticas sociales, etc.–, sino que además se va a inscribir en un proyecto de largo alcance relativo a la España del futuro. Así, expresa su voluntad reformista de transformación de cara al futuro, a la vez que indirectamente, como mensaje implícito, arroja luz sobre el pasado para defender su anterior etapa de Gobierno como parte de ese recorrido. Frente a las furibundas críticas de la derecha, las descalificaciones de ciertos medios de comunicación, las apreciaciones displicentes de algunos sectores académicos, las incomprensiones de los nacionalistas y las reservas de una parte muy recelosa de la ciudadanía, Zapatero ha venido a decir a dónde apunta con lo que ha hecho y, más aún, con lo que pretende seguir haciendo.

¿De qué España hablamos? ¿Qué encierra la idea de la misma que se nos comunica? Ha de ser una España puesta al día en sus estructuras productivas, dejando atrás un "capitalismo del ladrillo" tremendamente depredador, donde el crecimiento económico se traduzca en solidaridad social, a la vez que responde a los parámetros de un desarrollo sostenible. La España de las nuevas tecnologías, de las energías renovables, de la nueva cultura del agua es la que estará en condiciones de desplegar las políticas sociales de un Estado de bienestar modernizado, ampliado y extendido a toda la población. Si por ese lado encontramos una proyección al futuro de un planteamiento socialdemócrata remozado, por otro vemos lo que ha de aportar un republicanismo cívico que profundiza en las libertades y en la igualdad, empezando por la que debe existir entre varones y mujeres. Pero, además, ha de ser la España capaz de conjugar la diversidad cultural que hay en su seno, de integrar la inmigración, y de articular la pluralidad de sus territorios: España diversa y–como volvió a aparecer en respuesta a Llamazares– España plural. No se trajo a la escena parlamentaria la Alianza de civilizaciones –esperemos que no sea arrojada al cajón de los trastos viejos–, pero se habló de una España abierta, inserta en Europa, cuidando sus relaciones con Latinoamérica y trabajando por la buena relación de las dos orillas del Mediterráneo y por el más fecundo intercambio con los países subsaharianos. ¿Y la España laica? Este tema sólo fue traído a colación de soslayo, para afirmar por parte de Zapatero su compromiso con los principios de la laicidad. Sería más que una pena que la España del futuro quedara trabada en ese punto por haber topado de nuevo con la Iglesia.

Para esa idea, y comprometiendo al nuevo Gobierno que ha de impulsarla, muchas ofertas de diálogo. La España del futuro será de diálogo o no será. Falta por ver si todos los interlocutores están de verdad dispuestos a hablar en serio. El PSOE, desde la invocada autonomía de su proyecto, no debe olvidar que no es autárquico. La cuestión es cómo converger con otros desde esa autonomía para consolidar la nación cívica y el Estado plurinacional en los que pueda reconocerse una España solidaria. •

*Diputado del Grupo Parlamentario Socialista en el Congreso

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