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Nº
732 -14 de abril de 2008 |
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| Hemeroteca | Esta semana |
De cómo Anson le dice a Rajoy que no siga sacrificándose por la patria Ese Rasputín de todas las salsas, que empezó a conspirar incluso antes de nacer, Luis María Anson, se ha dado de alta en las filas de la rebelión interna contra Mariano Rajoy. Ironiza Anson sobre “las niñas de Rajoy” y esparce encendidos elogios a Ana Pastor, Soraya Sáenz de Santamaría, como comienzo de su alegato, publicado el 4 de abril en El Mundo, el periódico de Pedro J. Ramírez, volcado como es público y notorio en el desgaste, el acoso y el derribo del presidente del Partido Popular, y en enaltecer de forma entusiasta a la única alternativa posible, a día de hoy, que encabeza Esperanza Aguirre, presidenta del Gobierno regional de Madrid. Así empieza don Luis María: “Tres eran tres las niñas de Rajoy: Ana Pastor, la indiscutible, la que todo el mundo quiere, la médica sabia de cuerpos y almas, la que mejor conecta con la opinión pública; Soraya Sáenz de Santamaría, inteligente, capaz, excelente dialéctica, carita adolescente de becaria de El País, torbellino de ideas y entusiasmos; y Cayetana Álvarez de Toledo que es la cultura, la firmeza, la claridad de ideas, la alarmante inteligencia, la periodista dorada y ágil de Pedro J.” ¡Cómo juega el periodista y académico a deslizar loas sin límites a modo de don Hilarión, el de La Verbena de la Paloma, dirigidas a “las niñas de Rajoy!” Hubiera podido añadir: “No diréis, hermosas mías, que no soy fino y galán”. Y también hubiera podido, como don Hilarión, enhebrar divertidas frases como éstas: “¡Soy un dandy!/Soy un bribón/ Nadie dirá/lo que yo soy”. Pero lo que escribió Anson además fue lo siguiente: “La niña de Rajoy no era una sino tres. El dirigente popular, a pesar de las ampollas levantadas y escocidas, ha acertado de lleno al robustecer con ese trío de damas la dirección de su grupo parlamentario. Rajoy fue un ministro diez, un formidable gestor, y lo acaba de demostrar una vez más”. El juego de Anson, no obstante, cambia de pronto de rumbo. Sus requiebros a las niñas y a Mariano se transforman en un severísimo ataque al político pontevedrés. Implacable condena ansoniana: “Es, sin embargo, un mediocre candidato. Lleva al hombro con fatiga el muerto de sus dos derrotas electorales. No será fácil, además, encontrar en el futuro un rival que acumule tantos errores como Zapatero en la pasada legislatura. Ni siquiera el propio Zapatero puede alcanzar semejantes cotas.” Catarata de diatribas con sarcasmo incluido: “Da la sensación de que Rajoy se está aferrando a su poltrona genovita, expeliendo a los críticos y encumbrando a los adictos. Está claro que quiere seguir sacrificándose por España”. Anson acelera sus reproches a Rajoy. Sus juegos florales carecen de piedad alguna: “Rajoy, en fin, ha acertado con la renovación recental del PP. Se equivoca, sin embargo, al quedarse. Puede ganar las elecciones del año 2012. Puede. Pero tendría más probabilidades una cara nueva, un dirigente joven con capacidad de comunicación y desembarazado de los fardos que oprimen la musculatura del líder derrotado”. Sin piedad y con acíbar: “Rajoy quiere permanecer en el poder de la oposición, haciendo gloriosa una derrota sin paliativos. Esta idea que desarrollé en su momento ha sido asumida por varios articulistas sagaces. Génova es un ministerio dotado de suculentos presupuestos sufragados sustancialmente por el Estado y, desde ese ministerio, se reparten cargos, prebendas, enchufes, mamandurrias y favores (…) ha acertado (…) en la renovación y rejuvenecimiento de su partido. Lo que ocurre es que la verdadera renovación pasa porque él se retire y dé paso a un hombre o a una mujer que pueda erectar nuevas ilusiones. No es imprescindible que Rajoy siga sacrificándose por la patria. Lo que le conviene a la España popular es que deje de hacer tamaño sacrificio y abra el camino en el próximo Congreso levantino, no a su reelección, sino al aire fresco de un líder capaz de hacer frente a Zapatero en el año 2012 (…)”. El cerco se estrecha. La ofensiva contra Rajoy crece. Se vienen escuchando estos días muchas más ofensas verbales contra el presidente del PP que contra el mismísimo Zapatero. Magnánimo, ZP hasta se permite el lujo de tender su mano mirando al escaño de Rajoy y ofreciéndole consenso y acuerdos de Estado. Paradójica situación la actual. A Rajoy en su partido lo zurran y le dicen con persistencia: “¡Váyase, señor Rajoy! Mientras, Zapatero lo arropa y lo tienta con descaro pretendiendo que ejerza una oposición sin crispaciones. ¡Qué tiempos, qué costumbres! Luis G. del Cañuelo |
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