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Nº 783 - 14 de abril de 2008

Elecciones en la cima del mundo

Camino de Nepal donde encabezo la misión parlamentaria de observación electoral, me cruzo con las manifestaciones en protesta por la represión china en Tíbet al paso de la llama olímpica por Londres, París y San Francisco.

Hace dos años Nepal ocupaba en los telediarios el espacio que ahora ocupa el Tíbet. Desde entonces lo hemos olvidado, pero el país en cuyo territorio está el Everest, la cima del mundo, ha vivido una sorprendente transición política. Así, gracias a una serie de acuerdos políticos y de paz que han puesto fin a una guerrilla maoísta que duraba 10 años, el jueves pasado se elegía una Asamblea Constituyente para que redacte una Constitución republicana y federal para ese pequeño (27 millones, pocos para los estándares asiáticos) reino.

La comunidad internacional, representada entre otras organizaciones por la UE y la misión de observación electoral del Parlamento Europeo, que me honro en presidir, acompañará y garantizará la limpieza democrática de un proceso que se va a realizar en condiciones ciertamente difíciles, bien poco homologables a las nuestras.

Como la memoria es corta, conviene recordar que, en abril del 2006, Nepal era noticia por los combates entre la guerrilla maoísta y el ejército y por la violenta represión de las manifestaciones populares contra el Rey que un año antes había asumido todos los poderes, suprimido los partidos y cerrado el Parlamento.

No era la primera vez que eso ocurría en su corta historia democrática. En 1990, las huelgas y manifestaciones de una especie de intifada asiática, aquí llamada Jan andolan, acabaron con la monarquía absolutista establecida por otro "golpe real" 31 años antes.

Pero desde entonces el país se deslizó por una pendiente fatal de inestabilidad política, desgobierno y corrupción que lo empobrecieron todavía más. En 1996 una fracción disidente del Partido Comunista inició una guerrilla maoísta que se extendió por el país y fue ganando fuerza a pesar de, o quizás gracias a, la represión violenta del ejército y la policía. Con 13.000 muertos, la población civil pagó los platos rotos de la violencia indiscriminada y de las violaciones de los derechos humanos de ambos bandos.

Sobre la estructuras feudales, el sistema de castas y la extrema pobreza de Nepal, la guerrilla maoísta despertó el papel de la mujer, el 40% de sus combatientes, que empezó a tomar el liderazgo social en las zonas rurales a costa de exponerse más a la des-agregación familiar, el desplazamiento y la violencia sexual utilizada como arma de guerra.

Curiosamente, EE UU y China coincidieron en su oposición a esa guerrilla. No es de extrañar que EE UU la incluyera en su lista de organizaciones terroristas, cosa que la UE nunca hizo. Pero China también la combatió y contribuyó incluso a armar el ejér- – cito real porque bastantes problemas tiene con el Tíbet y no desea crear un nuevo foco de inestabilidad en un país encajonado entre ella y la India.

La monarquía contribuyó también a la descomposición política del país. Aunque la mayoría de nepalíes consideraba a la familia real como dioses vivientes, ésta parece haberse comportado como su peor enemigo, con acontecimientos dignos de una novela. El más extraordinario ocurrió en junio del 2001, durante una ceremonia en el Palacio Real, cuando el príncipe heredero Dipendra mató a los Reyes, sus padres, y a otros 6 miembros de la familia antes de suicidarse.

Siete años después la única explicación para ese drama palaciego es que el Príncipe estaba enfadado por que no le dejaban casarse con la mujer de sus sueños...

La matanza llevó al trono al hermano del rey asesinado, Gyanendra bajo cuyo mandato fracasaron los intentos de alto el fuego con la guerrilla y la inestabilidad política aumentó hasta que en el 2005 asumió todo el poder y en el 2006 lo perdía ante la presión de la segunda Jan andolan a la que habían apoyado todos los partidos políticos.

Después de un año de negociaciones, un acuerdo de paz ponía fin a la guerrilla, 19.000 de sus combatientes entregaban las armas, y el ejército una cantidad equivalente, que quedaban bajo custodia de la ONU. La amplia voluntad de elaborar una nueva Constitución que acabe con la monarquía y se enfrente a los problemas de retraso y exclusión social es la base de un proceso político que sería más ejemplar que nuestra pacífica transición si acaba llegando a buen puerto.

Pero las dificultades son muchas todavía. La violencia no ha cesado del todo y los interrogantes son también muchos. ¿Aceptarán los maoístas los resultados si no les son favorables? ¿El Rey, todavía en su palacio, se irá tranquilamente? ¿No se producirá un estallido de violencia como en Kenia, o como puede ocurrir en Zimbabue?

La Historia de las elecciones en la cima del mundo se han comenzado a escribir. Las dificultades de comunicación retrasarán tres semanas los resultados definitivos, pero el progreso conseguido es milagroso y supone una razón para la esperanza en este lejano y convulso rincón del mundo, vistos desde el cual nuestros problemas parecen bien relativos. •

José Borrell

*Presidente de la Comisión de Desarrollo del Parlamento Europeo

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